Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Los Rolling, ansiosos por actuar en el país

Jagger y Richards dijeron a LA NACION que el público argentino los inspirará

Sábado 18 de febrero de 2006
SEGUIR
LA NACION

La gran maquinaria stone está en movimiento y acercándose a estas tierras. Esta noche, en Río de Janeiro, una concurrencia estimada en más de un millón de personas podrá verlos, en un show gratuito, en la playa de Copacabana. Mañana llegarán a la Argentina para presentarse el martes y el jueves, en River, en su tercera visita a Buenos Aires.

Decir Rolling Stones es sinónimo de más de cuarenta años de rock. Al frente, Mick Jagger y Keith Richards, los líderes de la banda más longeva y exitosa de la historia del rock.

Tanta es la historia que son miles las preguntas que aparecen en la mente para hacerles a estos dos músicos de 62 años, curtidos en rock. Las cavilaciones son interrumpidas por el teléfono que suena. "¿Todo listo? –pregunta a LA NACION una voz en el teléfono– Mick Jagger está aquí," Se escucha entonces, antes del hello de su inconfundible voz, un también inconfundible tarareo que se acerca al teléfono, parece como si Jagger estuviera preparándose para el gran show de hoy, el que promete convertirse en el más concurrido de la carrera de los Stones.

Debe ser así, porque lo primero que dice es que en ese mismo momento está viendo, desde la ventana del hotel, la playa de Copacabana. "Hay una banda tocando en el escenario, practicando, y están haciendo bastante ruido. Va a ser un gran show parece; primero se decía que vendrían unas trescientas mil personas; luego se habló de un millón, y ahora piensan en más. Es impresionante. Aunque Keith anoche se quejaba un poco de que no vamos a ver a la gente porque es tan larga la playa que sólo veremos a los primeros veinte mil y luego, nada."

Este comentario –que un rato más tarde también hará Richards y que tuvo lugar la noche anterior, durante el vuelo que los llevó a Río– demuestra que los Rolling Stones aún disfrutan de esta suerte de maratones que los llevan, durante un par de años, de ciudad en ciudad, como aquel circo que soñaron en los años sesenta. En esta gira, en la que presentan su último álbum, "A Bigger Bang", ya llevan realizados más de cincuenta conciertos, en los Estados Unidos y Canadá. Y uno se pregunta, y le pregunta a Jagger, cuál es el secreto para mantener el interés show tras show.

"Es una pregunta que me hago cada noche antes de salir a escena. Y la respuesta está allí afuera, en el público, que es el que en verdad me motiva. Si están interesados, yo estoy interesado; si están un poco aplastados, yo también me aplasto. Pero ahora no estoy preocupado, porque sé que el público argentino es muy entusiasta, tienen una tradición en eso. Estoy seguro de que me voy a sentir inspirado", asegura.

–Aviones, hoteles, viajes. ¿Es ésta la clase de vida que imaginabas tener hace cuarenta años, en los comienzos de la banda?

–Más o menos algo así. En el fondo es lo mismo, sólo que ahora las giras son más largas y más confortables, pero sigue siendo lo mismo. Es todo un poco loco. Vengo de un pequeño país, en América Central, donde casi andaba en burro, en pequeños autos, en pequeños aviones, y luego tomé uno más grande. Y en unas horas estoy aquí, en esta gran ciudad.

Este largo viaje por clubes, teatros y estadios comenzó en 1962, cuando se presentaron como Mick Jagger y los Rolling Stones. "Pero ya tocaba en otras bandas antes, a partir de los 16 años. Y luego recuerdo tocar con los Rolling Stones en esos pequeños, minúsculos, clubes. Tengo muy buenos recuerdos de esos tiempos."

Eran tiempos en los que los Rolling Stones rápidamente se hicieron fama de ser los chicos rudos del rock, una suerte de contracara de los más prolijos Beatles, aunque todo eso fuera más estrategia que realidad. Sin embargo, la rebeldía stone parece no apaciguarse con los años, porque a principios de este mes la banda actuó en el Super Bowl norteamericano y, de las tres canciones que hicieron, dos recibieron el famoso "beep" de la censura en la transmisión televisiva.

"La televisión norteamericana está muy preocupada acerca de todo, y entraron más en pánico porque el Congreso les hace pasar un mal rato cuando hay algo que puede andar mal. Después del incidente con Janet Jackson [en un Super Bowl anterior el vestido de la cantante dejó ver, en un mal movimiento, parte de sus pechos] en el Congreso están más preocupados y presionan sobre el organismo que controla los medios, y éste a su vez presiona a la señal de TV, o sea que es una gran cadena de gente preocupándose. En ese país tienen mucho respeto por los valores familiares y luego de lo de Jackson quieren estar seguros de que estos grandes eventos norteamericanos sean bien prolijos", asegura, y no parece haber, en el tono de su voz, ningún orgullo de rebelde eterno, pero sí el pensamiento de un hombre que mira el mundo y reflexiona sobre él. Un hombre aficionado a leer libros sobre historia y que, luego de las largas giras, cambia de sintonía. "Me vuelvo alguien muy tranquilo, escribo, leo y, sobre todo, les dedico más tiempo a mis hijos", comenta.

El tiempo de la entrevista se acaba, anuncia Jagger. Pero antes de cortar juega de nuevo el juego del eterno seductor cuando a la pregunta sobre qué planes tiene la banda en Buenos Aires responde rápidamente con un "la primera noche la tengo libre". Tras las risas, sólo queda un "estoy ansioso por estar allí. Adiós".

Richards, el Pirata

También Keith Richards ve por la ventana de su hotel la playa en la que esta noche tocarán el que puede ser el show más grande de sus vidas y, como ya había contado Jagger, está preocupado. "Es raro cuando los shows son de este tamaño porque no podés ver a toda la gente. Estoy sentado en el hotel y veo la playa y el escenario mientras hablo con vos. Es excitante, te aseguro, y pienso que va a ser un show fantástico."

Suena extraño, otra vez, sentir el entusiasmo y la excitación de estos veteranos músicos que, esta noche, y la semana próxima en River, así como en los muchos otros shows que ya han hecho en esta gira, tocarán algunos temas de su nuevo disco, algunas perlas de su extenso repertorio, pero, sobre todo, las viejas y buenas canciones de siempre, esas que todos, ellos lo saben, quieren escuchar. Canciones que, a lo largo de los años, han tocado una y otra vez. Y que, asegura, no lo aburren. "Me gusta tocar las canciones muchas veces. Me pasa que cuando las hago en vivo a veces desearía que no estuvieran grabadas. Cuanto más las tocás, más cosas encontrás para hacerles y, en verdad, cuando las grabás, las escribís un lunes, el miércoles están grabadas y luego te das cuenta de que a ese bebe todavía le faltaba para nacer. Puedo hacer «Jumpin’ Jack Flash» todas las noches, ésa es bárbara para tocar."

Esta magia está básicamente asentada en las canciones escritas por ese dúo compositivo que son Keith Richards y Mick Jagger, dos personajes casi opuestos, pero que de alguna extraña manera se complementan. "Mick y yo llevamos juntos muchos años, y sí, como hermanos que casi somos, a veces tuvimos algunas peleas. Y la gente se entera más de eso que de otras cosas. Pero somos muy buenos amigos. Y en esta gira trabajamos muy bien, así que creo que tendré que darle un regalo", dice riendo, tan juguetón como cuando comenta que parece que, ahora sí, está casi confirmado que tendrá una participación en la saga de "La maldición del Perla Negra". "Creo que será en septiembre; me divierte la idea de hacer de pirata y me gusta Johnny [Depp], es un gran tipo", dice.

Suplemento especial

Para no perder detalle de la rollingmanía en Buenos Aires, LA NACION editará el próximo jueves un suplemento especial dedicado a los Rolling Stones. La edición, que será de 12 páginas a todo color, y que se distribuirá en todo el país, contará con un material ideal para los fanáticos: análisis de los recitales en Río, la primera experiencia en Buenos Aires, historias y anécdotas, con una amplia cobertura fotográfica.

Te puede interesar