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Brando: la biografía más escandalosa

Devela el vínculo con el actor Wally Cox

Miércoles 22 de febrero de 2006

MILAN.- Marlon Brando cena en soledad, a la luz de las velas. Frente a él está la urna con las cenizas del hombre al que más amó. Marlon Brando habla solo, haciéndose preguntas y respondiéndose a sí mismo con la voz del compañero muerto. Marlon Brando se sienta delante del espejo en su habitación, se desviste, se maquilla trabajosamente y vuelve a vestirse, ahora con la ropa de su madre Dorothy, zapatos de taco incluidos. Marlon Brando irrumpe en el cuarto de una pensión de poca categoría donde su madre alcoholizada -que alguna vez fue amante de Henry Fonda- se somete desde hace horas a los abusos de un grupo de jóvenes marineros que ella había recolectado en un bar de la zona portuaria de Manhattan.

Marlon Brando es abordado por una joven prostituta, le entrega 15 dólares y la lleva a su departamento. La muchacha se hará famosa con el nombre de Marilyn Monroe y los dos conservarán la amistad hasta la muerte de ella, con ocasionales encuentros sexuales en el automóvil del actor, expuestos los dos al riesgo de incidentes de todo tipo en medio del tráfico caótico de Los Angeles. Marlon Brando, instalado en París, trata de avanzar sobre Brigitte Bardot, pero es rechazado por ella; entonces, se consuela con Edith Piaf. Marlon Brando se zambulle en el escote del camisón semiabierto de su madre y después, con más de treinta años cumplidos, se acuesta en la cama con ella. Marlon Brando se presta alegremente a que un amigo lo retrate en primerísimo plano mientras practica sexo oral a su novio histórico, el flaquísimo y miope actor cómico Wally Cox. Esa fotografía, con el tiempo, se convierte en un secreto objeto de culto en las fiestas gay de Manhattan y Beverly Hills. Todo esto y mucho más -incluso el relato de noches edípicas compartidas con su madre- es narrado con gran riqueza de detalles en la flamante biografía del actor fallecido el 1° de julio de 2004 que, con el título de "Brando Unzipped", fue escrita por Darwin Porter y acaba de ser publicada en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Los anticipos aparecidos en el diario londinense The Sunday Times hacen suponer que estamos ante una biografía que muestra al actor de la cintura para abajo. A través de páginas y páginas con detalles inéditos que el autor garantiza como rigurosamente documentados, el libro reelabora tesis más o menos conocidas, como la bisexualidad que Brando llevó adelante sin complejos de culpa o el carácter marcadamente excéntrico de su madre Dorothy.

Un amante incontenible

Ya se había especulado en otros tiempos con el hecho de que bajo la musculosa transpirada del inolvidable Stanley Kowalski -el gran personaje de Brando en "Un tranvía llamado deseo"- latía un corazón pansexual, aunque con mucha más discreción. Con el típico estilo de "Hollywood Babilonia", que le sirvió en el pasado para derrumbar el mito de Humphrey Bogart en otra biografía escandalosa, Porter narra un show unipersonal que se extiende a lo largo de varias décadas, el de Brando como amante de hombres y mujeres (incluyendo a su propia madre), más un bonus track de odio filial hacia un padre indiferente, vendedor de insecticidas y play boy de provincia con las camisas manchadas de lápiz labial de sus ocasionales amantes.

El catálogo de los amoríos de Brando que presenta Porter es impresionante y digno de un Oscar. Incluye a divos de Hollywood como Burt Lancaster, Tyrone Power, Montgomery Clift (dice que una vez los dos jugaron una apuesta, se desnudaron en pleno Wall Street y atravesaron corriendo la calle que está frente a la Bolsa de Nueva York), James Dean y Rock Hudson; a genios del teatro inglés como Laurence Olivier, John Gielgud y el comediógrafo Noel Coward; a músicos como Leonard Bernstein, mayúsculo director de orquesta, compositor de "West Side Story" y figura de probada fe bisexual.

Y también están las mujeres, entre las cuales aparece, junto a las ya mencionadas Marilyn y Edith Piaf, una larguísima lista multinacional: Marlene Dietrich, Ava Gardner, Grace Kelly, Rita Hayworth, Shelley Winters, Gloria Vanderbilt, Hedy Lamarr, Anna Magnani, Tallulah Bankhead y Ingrid Bergman.

En medio de este vertiginoso tourbillon, tan intenso que parece más propio de un astro de películas pornográficas que de una estrella a la altura del Oscar, aparece -si bien con rasgos más fatigosos que de costumbre- una figura recurrente, la de un amigo de la infancia que también siguió la carrera de actor: Wally Cox.

Más allá de un forzado distanciamiento durante los años de la adolescencia y de los muchos matrimonios e hijos que Brando tuvo a lo largo de su carrera (al menos once reconocidos oficialmente por el actor, junto a unos cuantos más cuya paternidad todavía está pendiente de confirmación), Marlon y Wally jamás se separaron del todo y mantuvieron el vínculo hasta la muerte de Cox, en 1973, cuando apenas tenía 48 años, a raíz de un ataque cardíaco.

Fue una extraña pareja. De un lado, el divo que capturaba a hombres y mujeres con una poderosa atracción casi animal; del otro, el diminuto comediante de televisión que con sus anteojos redondos se hizo famoso gracias al remilgado profesor que aparecía en la serie "Mr. Peepers", muy popular en la década de 1950. Aunque, en verdad, en algún sentido la pareja jamás logró separarse si consideramos, tal como sostiene Porter, que Brando se valió de una estratagema (le dijo a su viuda que iba a esparcir sus cenizas en el desierto) para apoderarse de la urna con las cenizas de Cox y conservarla hasta el final.

Cuando Brando murió, en julio de 2004, sus hijos esparcieron en un cañón del Valle de la Muerte, en California, las cenizas de Marlon y las de Wally Cox, el Salvaje y el tímido profesor, juntos para siempre.

Por Matteo Persivale De Corriere della Sera

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