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Espera la UIA que el Gobierno calme los reclamos salariales

En la CGT descartan que los acuerdos de precios impidan que se aumenten los sueldos

Miércoles 22 de febrero de 2006
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LA NACION

En la reunión de la Junta Directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA) de ayer, el vocal de la entidad y experto en asuntos laborales, Daniel Funes de Rioja, planteó tres problemas que las empresas enfrentan en su área: el mes próximo vencen numerosos convenios colectivos de trabajo, todavía no se conoce el proyecto de reforma de la ley de riesgos de trabajo y se espera una solución al nuevo fallo judicial que determina que los empleados de servicios tercerizados pueden demandar a las empresas contratantes.

El primero de esos tres temas despierta divergencias en la UIA sobre el modo de enfrentarlo: dos de los miembros de su comité ejecutivo comentaron que la entidad debe mantenerse tranquila mientras espera que el presidente Néstor Kirchner cumpla con su promesa de contener los salarios, siempre y cuando no aumenten los precios; otro de ellos, en cambio, planteó que la entidad debe proponer que los sueldos sean congelados, si los precios permanecen sin cambios, y que sólo a fines de año se actualicen las remuneraciones según la variación que haya tenido la inflación a lo largo de 2006.

"No hay que hacer olas", comentó uno de los partidarios de la primera opción. "El Gobierno está concentrado en desacelerar la inflación en enero y febrero. Sólo después, a partir de esos datos, verá si es necesario o conveniente que suban los salarios", agregó el industrial.

En la misma línea, otro empresario fabril augura que "el Gobierno ponga freno a la presión salarial; es el que tiene que poner cordura". Se manifestó en contra del "congelamiento de salarios, así como del congelamiento de precios", aunque apoyó un acuerdo general entre la UIA, la CGT y el Ejecutivo, como el que proponía la entidad fabril a principios del año pasado, hasta que el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, lo desestimó por "inflacionista". Aquel convenio iba a establecer aumentos salariales según los niveles de crecimiento e inflación de la economía.

Los acuerdos de precios firmados este año entre el propio Kirchner y sectores como los de alimentos, bebidas, productos de higiene, útiles escolares, calzado, indumentaria y medicamentos establecen que los productos mantendrán sus valores por 12 meses si no suben sus costos. Por esto se creó un mecanismo de revisión bimestral de los convenios.

A partir de los pactos, un tercer miembro del comité ejecutivo se reconoció "expectante" sobre la evolución salarial. "Kirchner le pidió moderación a [Hugo] Moyano [secretario general de la CGT]. Esperamos que no se toque el salario mínimo, vital y móvil, porque eso dispararía todas las escalas [de sueldos]. En 2005 ya se recuperaron todos los salarios por encima de la inflación. Por eso, como se piden acuerdos de precios, congelemos todo. A fines de 2006, veamos cuánto aumentó la inflación y sólo entonces actualicemos los salarios", explicó este empresario, que dice contar con el apoyo de otros de sus colegas.

Una visión oficialista

El diputado oficialista y asesor de la CGT, Héctor Recalde, rechazó la propuesta de congelamiento de algunos empresarios: "¿Quieren que los trabajadores los financien? Las negociaciones empiezan ahora y, en general, se va a discutir con razonabilidad, pero también debe haber responsabilidad social empresaria". Recalde opinó, en contraposición a los hombres de negocios, que los debates salariales del año pasado se desarrollaron en términos razonables: "Hubo 572 acuerdos firmados y unos pocos conflictos, como los del Garrahan y Aerolíneas".

El primer acuerdo por discutirse este año, que servirá como modelo para otros, será el del Sindicato de Camioneros, del que proviene Moyano. Anteanoche, a las 23.45, ese gremio, con la participación del propio líder de la CGT, terminó de definir la propuesta de aumento salarial que presentará mañana. Después se sucederán las discusiones de los sectores de la alimentación, de las bebidas y aceitero.

Recalde considera que el nivel de subas salariales dependerá de cada industria, de su rentabilidad y su nivel de empleo. "Algunos de los que firmaron acuerdos de precios tienen una rentabilidad monstruosa, como las aceiteras. No puede ser que la no suba de precios sea pagada por los trabajadores", dice Recalde, en sintonía con algunos funcionarios.

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