
Messi: corazón valiente
Por Claudio Mauri | LA NACION
No hay cita que le quede grande, que lo haga dudar de sus condiciones y posibilidades. A Lionel Messi le dan un lugar en el partido de clubes más esperado en el mundo y él responde con grandeza. No importa que enfrente esté Chelsea con su fama de equipo rocoso, que el escenario se trate del intimidante Stamford Brigde, que el terreno sea un picadero que atenta contra los habilidosos, que los marcadores le entren con saña a su humanidad. A los 18 años, Messi es capaz de responder a todo eso.
En la valentía y el arrojo del juvenil argentino se resumen las virtudes de la importantísima victoria como visitante de Barcelona por 2 a 1, por la ida de los octavos de final de la Liga de Campeones. Resultado que cortó la serie invicta de 49 partidos que ostentaba José Mourinho, elevado a los altares de los directores técnicos, en el estadio londinense.
Reflejado en el empuje y la determinación de Messi, Barcelona redondeó una gran reacción para alcanzar el triunfo. El partido, que tuvo un primer tiempo muy friccionado y con muchas asperezas, se abrió de par en par a las emociones con el primer gol.
Antes de la apertura del marcador por parte de Chelsea -tanto en contra de Motta-, las intervenciones de Messi ya habían propiciado lo que luego fue la recuperación de Barcelona. Desde el comienzo, el lateral español Del Horno trató de anular al rosarino con patadas y agresiones. Recurrió a los golpes para frenarlo y el árbitro Terje Hauge consintió que le diera un alevoso planchazo sobre el muslo. Messi no se amedrentó. Gambeteaba, tiraba diagonales, probaba al arco (Cech le tapó un remate bajo) y daba algunas asistencias.
Del otro lado, Hernán Crespo no la pasaba mucho mejor. Una fuerte entrada desde atrás de Puyol, a la altura de la cintura, lo dejó dolorido, por lo cual fue reemplazado por Drogba en el segundo tiempo.
Una acción que sería determinante en el desarrollo del cotejo tuvo por protagonista a Messi. Luego de que Del Horno le tocara los tobillos sin poder voltearlo, el argentino, a pura guapeza, le ganó la posición a Robben en la carrera y, tras eludirlo, se volvió a encontrar con su verdugo Del Horno, que lo embistió premeditadamente. El árbitro le mostró la tarjeta roja directa al vasco, sanción que pudo parecer exagerada, pero que se justificaba por todos los excesos que venía cometiendo.
Luego del partido, Mourinho, en declaraciones registradas por la agencia EFE, acusó a Messi de "hacer teatro", y fiel a su estilo arrogante le inquirió a los periodistas: "Cataluña es una tierra de cultura y ustedes saben lo que es el teatro. ¿Vamos a suspender a Messi?"
El argentino, que se defiente mejor en la cancha que ante los micrófonos, se ajustó a la realidad: "Me dio una buena plancha y en la segunda entrada vino muy fuerte y con mala intención, pero salté y lo esquivé".
A su nuevo marcador, el portugués Ferreira, Messi también lo tuvo a maltraer. En inferioridad numérica, Chelsea se puso en ventaja con una de sus jugadas favorita: el tiro libre en forma de centro de Lampard, en este caso favorecido por el desentendimiento entre Motta y el arquero Valdés.
Con el ingreso de un delantero (Larsson) por un volante (Motta), Barcelona desplegó cuatro atacantes y fue incontenible. Creció Ronaldinho, Eto´o se desmarcó y Messi seguía percutiendo desde la derecha. El travesaño le devolvió un hermoso tiro combado y en un par de llegadas al fondo sembró zozobra en el área local. Siguió aguantando golpes, de Terry y Geremi, y Cech le tapó un gol. Barcelona revirtió la historia con el tanto en contra de Terry y el cabezazo de Eto´o. Quedó en una posición muy favorable para el desquite del 7 de marzo, en el Camp Nou. A todo esto, José Pekerman, presente en Stamford Bridge, seguramente salió más ilusionado con el Mundial tras comprobar que contará con un jugador tan valiente como Messi. .
