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El mundo: civilizaciones de choque

La mayoría de los conflictos armados tienen lugar entre grupos étnicos de una misma civilización y no entre civilizaciones en pugna, sostiene el autor al cuestionar la teoría de Huntington. En ciertas culturas políticas, señala, hay propensión a resolver las disputas por medio de la violencia

Domingo 05 de marzo de 2006

BOSTON.- Hace ya casi 13 años que mi colega y vecino, Samuel Huntington, publicó en Foreign Affairs el original ensayo ¿El choque de las civilizaciones? En cuanto a profecía académica, ha sido un verdadero triunfo, tanto como el ensayo de George Kennan que hizo época en 1947, Las Fuentes del comportamiento soviético, sobre la contención de la Unión Soviética.

"En este nuevo mundo", escribió Huntington, "los principales conflictos de la política global ocurrirán entre naciones y grupos de diferentes civilizaciones. Las actitudes erróneas entre civilizaciones serán la línea de batalla del futuro".

Otra gran obra del pensamiento de la posguerra fría, El fin de la historia, de Francis Fukuyama -publicada en el verano de 1989, antes de la caída del Muro de Berlín-, iba de lo que aparentemente sucedería a un aparente hiperoptimismo para dentro de unos pocos años. La sangrienta guerra en Bosnia mostró en particular cómo la historia podía realmente continuar como venganza en algunas sociedades poscomunistas.

La visión de Huntington, de un mundo dividido por viejos errores culturales del pasado, por el contrario, parece haber pasado mucho mejor la prueba del tiempo. En verdad, la guerra de Bosnia fue un buen ejemplo de lo que Huntington pensaba ya que fue un conflicto localizado precisamente en problemas entre la cristiandad occidental, la ortodoxia y el islam.

Los musulmanes fueron los perdedores en Bosnia, a pesar de que la tardía intervención internacional evitó su completa expulsión del país.

Sin embargo, el punto de vista de Huntington era que el islam era una civilización en ascenso, debido entre otras cosas a las extraordinariamente altas tasas de nacimientos de la mayoría de las sociedades musulmanas. Los ataques terroristas de septiembre de 2001 fueron interpretados por muchos norteamericanos en los términos de Huntington; éste era un ataque a la civilización judeo-cristiana perpetrado por los fanáticos seguidores de un profeta rechazado tanto por judíos como cristianos.

También en ascenso, sostuvo Huntington, está el confucionismo, la civilización de China. Este pronóstico ha sido también confirmado por el aparentemente imparable crecimiento de la economía china. ¿Cómo pueden los chinos tener lo que parece ser una economía de mercado dinámica sin las instituciones al estilo occidental, como el imperio de la ley y el gobierno representativo? La respuesta más convincente es que el confucionismo permite la coexistencia de la economía liberal y la política patriarcal.

El modelo de Huntington permite comprender una impresionante cantidad de noticias. Cuando un tumulto de jóvenes musulmanes protesta contra las caricaturas danesas de Mahoma, parece otro caso de choque de civilizaciones. No sorprende por lo tanto que tantos congresistas estén desconcertados por el deseo de la administración Bush de permitir que una compañía con base en Dubai se haga cargo de las operaciones terminales de seis puertos norteamericanos: perdón, civilización equivocada. Y cuando el comisionado de comercio europeo, Peter Mandelson, anuncia medidas proteccionistas contra las importaciones de calzado chino, también él está jugando un papel en la gran guerra de culturas. Esas zapatillas confucionistas son demasiado baratas.

¿Luchas entre musulmanes y cristianos nigerianos? Anótele otro punto a Huntington. ¿Problemas en el Cáucaso? Anote dos. ¿Darfur? Tres, y siga agregando. Todo suma para llegar a una conclusión mucho menos tranquilizadora que la de Fukuyama. Lejos de triunfar en 1989, Occidente parece predestinado a retroceder ante el doble desafío, no ya de una, sino de dos civilizaciones orientales.

Y sin embargo, por toda su seductora simplicidad, nunca compré enteramente la teoría de que el futuro estará dominado por el choque de civilizaciones. Para empezar, el término "civilización" siempre me impresionó como demasiado confuso. Sé lo que es una religión. Sé lo que es un imperio. Pero, como hubiera afirmado Henry Kissinger, ¿con quién debo hablar cuando quiero hacerlo con la civilización occidental? Cualquiera que cruce el Atlántico tan a menudo como lo hago yo pronto sabrá lo vacua en que se ha convertido esa frase.

La teoría y sus problemas

Como afirma Robert Kagan en otro gran ensayo norteamericano, Los norteamericanos son de Marte, los europeos son de Venus, al menos cuando se trata de la legitimidad de utilizar la fuerza militar. En una amplia gama de formas, desde la manera de rezar hasta cómo trabajan, los norteamericanos y los europeos están separados mucho más que por un océano. En cuanto a la civilización "judeo-cristiana" (expresión popularizada por Bernard Lewis, otro profeta del gran choque), no recuerdo que ésa haya sido una entidad terriblemente armoniosa en la década del 40.

El verdadero gran problema con la teoría, sin embargo, está justo delante de nuestras narices. Pregunta: ¿Quién mató más musulmanes en los pasados doce meses? La respuesta es, por supuesto, otros musulmanes.

He estado prediciendo durante algún tiempo que Irak podría terminar siendo como el Líbano o peor si la guerra civil que ya está en camino llegara a estallar. El ataque días atrás contra el santuario de Samarra puede bien ser el disparador, precisamente, de ese estallido. Cientos de personas murieron en los últimos días en matanzas por ajustes de cuentas, con agitadores como Moqtada al-Sadr, que atizó las llamas del odio. El tema es que la guerra civil en Irak no es entre civilizaciones sino dentro de la civilización musulmana, entre la minoría sunnita del país y la mayoría chiita.

Pero Huntington es un hombre demasiado inteligente como para no atenuar su apuesta. "Este artículo no discute -escribió en 1993- que grupos dentro de una misma civilización no puedan tener conflictos y hasta pelear entre ellos". Pero continuó asegurando que "los conflictos entre grupos de diferentes civilizaciones serán más frecuentes, más sostenidos y más violentos que los que se den entre grupos de una misma civilización".

Lo lamento, equivocado.

Es bien sabido que la gran mayoría de los conflictos que se desarrollaron desde el fin de la Guerra Fría han sido guerras civiles. Lo interesante es que sólo una minoría se ha ajustado al modelo de Huntington de guerras entre civilizaciones. La mayor parte de las guerras del Nuevo Desorden Mundial ha sido entre grupos étnicos dentro de una misma civilización.

Para ser más exactos: de treinta grandes conflictos armados que aún se llevan a cabo o que han finalizado recientemente, sólo 10 u 11 pueden ser considerados en algún sentido entre civilizaciones, en el sentido de que un lado era predominantemente musulmán y el otro no musulmán. Pero 14 fueron esencialmente conflictos étnicos, siendo los peores los que todavía continúan castigando a Africa Central. Más aún, muchos de esos conflictos que tienen una dimensión religiosa son también étnicos; la filiación religiosa tiene más que ver con el éxito local de los misioneros en el pasado que con una larga pertenencia a una civilización cristiana o musulmana.

En mi libro Colossus sostengo que los problemas de Medio Oriente no tienen nada que ver con el choque de civilizaciones y sí mucho que ver con el mundo árabe y su "civilización de choques", la propensión de su cultura política a resolver las disputas por medio de la violencia más que con negociaciones. Lo mismo se aplica, y con más razón, al Africa subsahariana.

Esto no quiere sugerir que Occidente no tenga también sus fisuras internas. El antagonismo entre los conservadores ultraprotestantes y los liberales seculares es hoy la división más importante dentro de la sociedad norteamericana.

China también está lejos de ser una civilización monolítica; allí, la división más importante de nuestro tiempo es la brecha exponencialmente creciente entre los ricos jerarcas comunistas y los pobres rurales. Sin embargo, en ningún caso parece posible que los conflictos puedan derivar en una guerra civil.

Por lo tanto, parece que es más factible que el futuro traiga múltiples guerras locales, la mayoría conflictos étnicos, en Africa, el sur de Asia y Medio Oriente, que una colisión mundial de sistemas de valores.

Mi predicción sería en verdad que precisamente estas tendencias centrífugas, que hoy aparecen más claramente en Irak, quebrarán cada vez más las mismas civilizaciones de las que habla Huntington.

Resumiendo, en lugar de "el choque de civilizaciones", lean "las civilizaciones de choque".

Por Niall Ferguson

El autor es profesor y titular de la cátedra de historia Laurence A. Tisch, de la Universidad de Harvard.

Traducción: María Elena Rey

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