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La peor tragedia aeronáutica argentina

Imágenes del espanto en Nuevo Berlín

Información general

NUEVO BERLIN, Uruguay.- Sólo quedó la nada. Ninguna señal de vida. Sólo un profundo cráter y restos de un avión estrellado con 73 personas que partieron desde Posadas y nunca llegaron a Buenos Aires.

Ayer por la mañana, el panorama en la estancia Magallanes, situada en Rincón del Gurú, a la altura del kilómetro 31 de la Ruta 20, era verdaderamente desolador. Cuando se puso el sol, la situación seguía inmodificable.

Decenas de uniformados uruguayos y argentinos buscaban -hasta anoche sin éxito-, en un hueco de 15 metros de diámetro y 6 de profundidad, la caja negra del DC-9 que cayó a tierra en medio de una fuerte tormenta.

Camiones y helicópteros iban y venían. Algunos autos, si conseguían atravesar los pantanos de la zona, llegaban a lo que ayer parecía el fin del mundo. Una ciudad después de un terremoto. Un lugar después de una explosión.

Algunos árboles quemados en sus copas, pequeñísimas piezas de la nave, restos óseos pulverizados, pedacitos de piel carbonizada. Cenizas. Eso era todo. Ninguna esperanza de sobrevivientes y casi ninguna de recuperar los cadáveres de las víctimas.

Las caras largas de los uniformados sólo cambiaban cuando alguno descubría una pieza que podía ser útil para la pericia que la Gendarmería uruguaya realizará en los próximos días con el objeto de determinar las causas del terrible accidente.

Recuerdos del horror

"Encontré el carnet del piloto". "Atrás de ese árbol estaba el documento de un bebe, nació el 28 de mayo de 1996". "Allá hay un asiento con restos de piel". "También encontramos una corbata y un llavero de Citroen", comentaban los integrantes de las patrullas de rescate y de defensa civil.

El ánimo de los que trabajan sumergidos en el cráter mejoró pasado el mediodía. "Ubicamos el lugar de la cola del avión. Creemos que ahí tiene que estar la caja negra. Las turbinas todavía no aparecieron", dijo a La Nación el teniente coronel Walter García, titular de la Dirección de Aviación Civil uruguaya.

Consultado sobre las causas de la catástrofe, García, a cargo de la comisión investigadora del accidente, dijo: "Como hay algunas partes importantes de la nave bastante alejadas del lugar de mayor impacto, no se puede descartar que el avión se haya desintegrado, en parte, en el aire. Quizá por un rayo".

Se encontraron algunos pedazos del avión dispersos en 800 metros a la redonda del hoyo, pero los investigadores creen que descubrirán otras partes en zonas más alejadas.

Nada para rescatar

Pasadas las 11, cinco horas después de haber llegado al lugar de la tragedia, el coordinador de rescate de la Fuerza Aérea argentina, vicecomodoro Ureta, regresó al aeródromo de Gualeguaychú.

Allí habían estado un rato antes los 44 familiares de las víctimas reunidas con el juez de instrucción García Jurado, que explicó que no había cadáveres para identificar y dijo que lo mejor para todos era que regresaran a sus hogares sin visitar el lugar del hecho. Antes de partir, Ureta se sinceró con La Nación : "Acá no hay nada que hacer. Teníamos 4 helicópteros y 2 aviones C-130 para trabajar, pero no hay nada que buscar. Está todo deshecho. El 80 por ciento de los restos humanos son ínfimos pedacitos de tejido".

Sobre la forma en la que se estrelló el avión, Ureta opinó: "Es apresurado hacer afirmaciones, eso lleva su tiempo. Para eso trabajan las fuerzas uruguayas y personal de Austral y la empresa Douglas, que fabricó el avión. Si me pregunta a mí, hoy creo que la nave cayó de punta. Una caída así pudo haber superado la velocidad del sonido, es posible que haya caído a unos 300 metros por segundo".

Por su parte, el cónsul argentino en Uruguay, Guillermo Camarotta, llegó al mediodía a la estancia Magallanes.

El cónsul y las víctimas

Según explicó el funcionario, él se acercó al lugar con el objeto de recibir y dar apoyo a los familiares de las víctimas. Sin embargo, luego se enteró que ellos habían regresado a Buenos Aires en el mismo avión que los trajo, sólo una hora después de haber llegado a Gualeguaychú.

Camarotta dijo que él se encargaría de la parte legal y del seguimiento de la investigación judicial, que por una cuestión de competencia territorial estará a cargo de un juez uruguayo.

El diplomático dialogó con los pocos damnificados que sí llegaron al lugar del cráter y criticó con dureza el tratamiento y la escasa información que recibieron las víctimas por parte de Austral y de los funcionarios del aeroparque metropolitano.

"Yo nunca había visto algo así. Parece una zona después de un bombardeo, pero en estos casos lo que hay que hacer es decir a las víctimas toda la verdad. Por más cruda que ella sea", opinó Camarotta.

"Vamos a enterrar a un fantasma"

Familiares de las víctimas llegaron al lugar del accidente y sólo encontraron restos carbonizados dispersos en un campo

NUEVO BERLIN, Uruguay (De una enviada especial).- "Todavía no caigo. Sigo con la idea de que todo esto es un película de mal gusto. Tenemos que enterrar a un fantasma. Mí papá se deshizo en el aire".

Las palabras de José Luis, el mayor de los tres hijos de Aldo Fuentes, una de las 73 víctimas de la tragedia aérea más grande de la historia argentina, reflejan la amarga sensación que sintió un damnificado cuando -más de doce horas después del accidente-, llegó por fin al lugar donde se estrelló el avión.

"Necesitaba ver algo, aunque sea este desastre. Saber que era cierto que todo se había desintegrado", dijo a La Nación José Luis Fuentes mientras caminaba alrededor del cráter, entre fierros e ínfimos restos humanos.

Su padre tenía 59 años y, por trabajo, viajaba todos los meses a Posadas. Siempre llevaba con él un maletín negro y una notebook que, sin reconocerlo, sus hijos esperaban encontrar ayer. El lunes 6 del actual Aldo Fuentes subió a un avión de Austral. Cuatro días después, embarcó en el vuelo 2553 y nunca más apareció.

"Ni siquiera me despedí... Como estudio Ingeniería en el centro y nosotros vivimos lejos, los domingos yo no duermo en mi casa. Mis papás estaban cenando. Yo perdía el tren y sólo los saludé con la mano desde la puerta", se lamentó Juan Manuel, otro de los hijos del empresario fallecido.

Un duelo sin cuerpo

Sin poder explicarse lo que sus ojos veían, los hermanos pensaban de qué manera le dirían a su madre que nunca tendría un cadáver para llorar.

Ensayaban cómo enfrentarían a su abuela, que en ese momento viajaba desde Mar del Plata a Buenos Aires para visitar a su hijo que ya no está, y sospechaban que su hermano Carlos nunca les creería que nada había quedado de su padre.

"No se puede pensar en lo que podría haber pasado, pero mi viejo no se fue la semana última porque el 3 del actual cumplió años mi mamá. Ella también iba a viajar el lunes último y al final decidió quedarse", comentaron.

Los hermanos Fuentes contuvieron su desconsuelo. "No puedo llorar. No me doy cuenta de lo que pasó. Entre estos escombros están mi papá y otras 70 personas. Pero no quedó nada. Del avión tampoco hay nada. Si juntás las partecitas, no tenés ni el 20 por ciento de la nave", razonó José Luis.

Juan Ignacio recordó a los demás familiares de las víctimas, que anteanoche lloraban en el aeroparque metropolitano mientras esperaban novedades del vuelo que había perdido contacto con el control.

Sólo una decena de damnificados llegó hasta el lugar del horrendo accidente. "Por lo menos nosotros vinimos hasta acá y vimos lo que hay. Austral, cuando se nos acabó la paciencia y nos hartamos de que nos mintieran, dispuso un avión que trasladó a 44 personas hasta el aeródromo de Gualeguaychú. El vino en avión y yo en auto con mi tío", explicó Juan Ignacio.

Visiblemente indignado, su hermano mayor agregó: "En la compañía nos dijeron que viajábamos para acá para identificar los cuerpos, pero ellos sabían perfectamente que no había nada. Nos trataron como a estúpidos".

El cielo se tiñó de rojo

NUEVO BERLIN, Uruguay (De una enviada especial).- Eva Skorulski, una ama de casa uruguaya de 47 años, nunca se olvidará de lo que vio anteanoche en el cielo.

Según dijo a La Nación el embajador de Uruguay en la Argentina, Juan Raúl Ferreira, su testimonio fue fundamental para localizar la nave en medio de montes y pantanos.

Un vecino suyo, de la localidad de Young, situada a 30 kilómetros del lugar donde cayó el avión, llamó en su lugar a la policía de Fray Bentos, anteayer, pasadas las 22.30 y allí le informaron que desde Buenos Aires habían dado un alerta porque "un avión estaba perdido".

Sin demoras, los efectivos de la Fuerza Aérea Uruguaya y personal de la Aviación Civil del vecino país emprendieron la búsqueda hacia la zona donde señalaron los testigos.

"Yo estaba en la vereda, enfrente de mi casa, en lo de un vecino. Estaba mirando la tormenta. Había relámpagos. El cielo estaba negro, pero no llovía. De repente escuché un ruido sordo y vi una bola de fuego en el aire. Una especie de hongo rojo que se prendió y apagó muy rápido", contó a La Nación Skorulski, todavía estremecida, junto al inmenso cráter que formó el avión al estrellarse.

La testigo relató que se quedó sin habla. Y sólo luego de algunos instantes, le preguntó a su vecino si él había visto lo mismo. Mientras el hombre asentía, empezó a soplar un viento muy fuerte y luego comenzó a llover. Ella no dejó de pensar qué podía haber sido aquella imagen roja.

Para ella, es un rayo que cayó sobre el DC-9 de Austral. Fuentes militares admitieron la posibilidad de que un rayo hubiera impactado en la aeronave en pleno vuelo.

Teléfonos

La Cancillería puso en marcha ayer un dispositivo de emergencia para asistir a los familiares de las 73 personas que murieron al caer el avión de Austral en territorio uruguayo.

Además, se habilitaron dos líneas telefónicas que funcionarán todos los días de 9 a 19, a los cuales pueden comunicarse los familiares de las víctimas. Los números son: 311-5730 y 312-3194.

Especialista

POSADAS.- Jorge Cécere era un experimentado piloto que, como todos sus colegas, debía someterse cada seis meses a exigentes pruebas con simuladores de vuelo en los Estados Unidos, para seguir en carrera.

Según se supo, el piloto había sido elegido para realizar anteayer los trayectos Buenos Aires-Posadas y viceversa porque era considerado un experto en vuelos bajo tormenta y lluvia.

Antecedentes

  • 14/3/76: un avión de YPF se estrelló en cercanías de Plaza Huincul, 37 muertos.
  • 21/11/77: un aeroplano Bac One Eleven de la empresa Austral se estrelló a 30 kilómetros de San Carlos de Bariloche con 79 pasajeros a bordo, 34 muertos.
  • 7/5/81: un Bac-500 de Austral, proveniente de San Miguel de Tucumán, se precipitó en el Río de la Plata cuando fue desviado hacia una pista de Quilmes por las turbulencias que había en el Aeroparque Jorge Newbery, 30 muertos.
  • 11/10/83: un Guaraní de la Fuerza Aérea cayó a cuatro kilómetros de la pista de la Escuela de Aviación Militar, 12 muertos.
  • 12/6/88: un Douglas DC 9 de Austral cayó a cinco kilómetros del aeropuerto de la ciudad de Posadas, en Misiones, 22 muertos.
  • 8/11/95: un Fokker de la Fuerza Aérea Argentina se precipitó a tierra a 20 kilómetros de la ciudad de Villa Dolores, en Córdoba, 53 muertos .
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