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El "carnicero de los Balcanes"

Su ambición de una gran Serbia provocó muerte y destrucción

Domingo 12 de marzo de 2006

PARIS (AFP).- El ex líder serbio Slobodan Milosevic protagonizó en los 90 tres guerras que acabaron con la Yugoslavia construida por Tito.

Esos conflictos dejaron 250.000 muertos y más de dos millones de desplazados, cientos de ciudades destruidas y un rastro atroz de violaciones, torturas y desapariciones.

El líder de Yugoslavia entre 1987 y 2000 era un político cuya silenciosa pero desmedida ambición lo hizo llegar a ser interlocutor de la comunidad internacional al mismo tiempo que provocaba la desintegración de Yugoslavia.

Movido por un nacionalismo exacerbado y el sueño de crear una gran Serbia, el llamado "carnicero de los Balcanes" no dejó en sus trece años de liderazgo político de enfrentarse a las potencias occidentales.

Las guerras de Croacia (1991-95), Bosnia (1992-95) y Kosovo (1998-99), 77 días de bombardeos de la OTAN contra su país en 1999 y las sanciones internacionales no apaciguaron la ambición y arrogancia de Milosevic.

Nacido en Pozarevac (Serbia) en 1941, de padre teólogo ortodoxo y madre comunista, que se suicidaron, Milosevic, apodado "Slobo", tenía 43 años cuando entró en política en 1987.

La ascensión de este hombre introvertido, pésimo orador y carente de carisma fue fulgurante. Milosevic aparece como el hombre que los serbios esperaban: neutraliza a los adversarios y se hace con la presidencia de Serbia.

En 1989 anula la autonomía de Kosovo. En Serbia se impone el culto a su persona. Ciego de ambición e impresionado por su triunfo, impulsa la secesión de los serbios de Croacia y Bosnia.

Los episodios sangrientos no se harán esperar. El ejército yugoslavo convierte en ruinas la ciudad croata de Vukovar, símbolo de la resistencia. La ofensiva serbia contra Sarajevo, de 1992 a 1995, provocará miles de muertes, y la masacre en Srebrenica, en Bosnia, donde murieron 7000 musulmanes, será la peor matanza desde la Segunda Guerra Mundial.

Inexplicablemente, Milosevic siguió siendo un interlocutor válido en el exterior y consigue firmar en 1995 los acuerdos de Dayton, en Estados Unidos, que ponen fin a la guerra de Bosnia.

Pero sus ansias bélicas rebrotan en Kosovo en 1998. Para evitar la limpieza étnica, miles de albaneses huyen, la OTAN interviene en 1999, bombardea durante 11 semanas Serbia y consigue el retiro de las tropas de Belgrado.

En 2000, el mismo pueblo que lo había ensalzado es el que provoca su caída.

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