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Entrevista

Daniel Hendler: en la era de la adultez

LA NACION revista

Se hizo conocido por una campaña publicitaria y terminó siendo una suerte de álter ego del cineasta Daniel Burman. A los 30, y luego de haber ganado en 2004 el Oso de Oro, en Berlín, por El abrazo partido, se prepara para el estreno de Derecho de familia. Retrato de un actor uruguayo que aprendió a bucear en su interior

Por   | LA NACION

Cada balbuceo, cada vacilación y tartamudeo hacen a ese antihéroe dubitativo que Daniel Hendler impuso en el cine como un sello del que no reniega. "Yo no creo en el actor camaleónico -dice este uruguayo de 30 años que en la Argentina se hizo conocido como Walter, el muchacho de la publicidad de Telefónica-. Sé que no puedo cambiar mi cuerpo y reconozco en mí ciertos vicios, pero nunca me planteé llenar un catálogo de personajes. Me gustan los matices, las construcciones leves que te empujan a cierta profundidad."

Habla en el tono de un narrador, como si lo que contara se estuviera proyectando en una pantalla. Y él no balbucea ni vacila, sino que habla con precisión y claridad como cuando dice que es un confeso admirador de Jean-Pierre Léaud, el actor francés que conformó una intensa dupla con el director François Truffaut. Lo dice, tal vez, porque aquella relación director-actor es comparable a la que Hendler mantiene con Daniel Burman, el realizador que descubrió en el uruguayo a su perfecto álter ego, vocero de su propia vida. Lo bautizó con el nombre de Ariel, el chico judío en busca de su identidad que, a través de diferentes personajes y de un mismo hilo conductor, encarna en Esperando al Mesías, El abrazo partido y Derecho de familia, la película que se estrena el jueves próximo y que encuentra a este otro Ariel en una etapa de resignación: ser adulto, con todo lo que ello implica.

-¿Qué es ser adulto?

-En realidad, se trata de una búsqueda permanente, por cierto. Se trata de descubrir tu identidad, de saber realmente quién sos.

-¿Y sabés quién sos?

-(Risas) ¿Alguien lo sabe de verdad? En lo que respecta a mi personalidad hace un tiempito que ya se forjó. Ya pasé por la etapa en la que hacía el esfuerzo por parecerme a alguien hasta que un día me di cuenta de que éste era yo, aunque no me gustara mucho.

-¿No estás satisfecho con la persona que sos?

-Ahora que ya pasé por esa etapa de incertidumbres, sí, me siento contento con lo que me tocó y con lo que conseguí. Pero también tuve que renunciar a muchas otras cosas para ser lo que soy, a los 30.

En el camino hacia la adultez se hacen presentes el abandono, la renuncia a ciertos modelos que parecen inalcanzables y que sirvieron de referente a seguir por un largo tiempo. "Son esos momentos en los que descubrís que no vas a ser jugador de fútbol y que tampoco te vas a parecer a tu ídolo, por más que te peines igual", sentencia.

-¿Cuál fue tu mayor renuncia?

-Renuncié a ser músico, aunque creo que en cualquier momento vuelvo a hacer algo. No voy a sacar un disco, pero sí quiero volver a tocar. El otro día rescaté un casete con mis canciones de adolescente. Fue muy raro.

-¿Hacías grabaciones caseras?

-Siempre. Grababa todo. Fue muy intenso reencontrarme con aquella cinta. Esa fue mi gran renuncia: no ser músico; ésa era mi fantasía.

Nunca tuvo disciplina, lo dice con cierto arrepentimiento. Aprendió a tocar la guitarra a los 7 años y después fue adquiriendo distintos instrumentos. El asegura que no toca muy bien ninguno. "Me obsesionaba con uno, lo compraba, lo tocaba un tiempo y lo dejaba, como el saxo, que sigue casi intacto."

Otra de las renuncias, quizá la que más se cuestiona aún hoy, es la de haber dejado de lado una vida más punk.

"No lo digo con un sentido de rebeldía, pero me hubiera gustado llegar a esta edad más cerca del rock & roll y de una vida más juvenil. En realidad, soy más familiero y casero de lo que me imaginaba. Pero está todo bien. Me parece que soy bastante temeroso como para llevar una vida punk. Sí, me parece que por eso la descarté."

Creció en distintos barrios de Montevideo, Uruguay, el país que lo vio nacer el 3 de enero de 1976, en el seno de una familia judía. Hijo de padre comerciante y madre aficionada al teatro, Daniel Hendler repartió su tiempo entre campamentos y partidos de basquet en la Hebraica y algún que otro picadito de fútbol en los potreros montevideanos. Estudió en una escuela religiosa, Colegio Integral, y realizó dos veces la ceremonia del Bar Mitzvá. ¿La razón? Padres separados y como resultado, un Bar Mitzvá en Israel con su madre y otro en Montevideo, con su padre.

"Debo de ser uno de los pocos judíos que hizo dos Bar Mitzvá", bromea, se ríe y mira en busca de complicidad.

Herencias

En las películas de Daniel Burman la paternidad es un tema recurrente y en Derecho de familia vuelve a estar presente. La relación familiar ahora es mostrada desde la mirada de un hijo que también es padre y cuyo desafío es construir su identidad, a pesar de su propio padre.

"En mi vida, las situaciones fueron más radicales -cuenta Hendler-. Creo que se da en el caso de los hijos de padres divorciados (sus padres se separaron cuanto tenía cinco años), porque uno necesita reubicar esas figuras que por momentos jugaron roles de buenos y de malos. Son etapas de mucha turbulencia. Después uno cree que lo tiene todo resuelto, pero no es así. Pasás por esos tiempos en los que necesitás derrumbar figuras, te alejás de lo que no te gusta para después volver a rescatarlo."

-En la actualidad, ¿en qué etapa está la relación con tus padres?

-En la de la recuperación: fueron muchas las cosas que se perdieron en el momento de la independencia, en el paso previo a la adultez, por llamarlo de alguna manera.

Bien sabe que la identidad se construye, en un punto, más allá de las influencias de los padres, pero que es inevitable no hablar de herencias. "El legado está, por supuesto. Mi padre es como un actor no asumido, aunque su vida nada tenga que ver con el teatro ni con el cine. Siempre fue un espectador. De él mamé su espíritu aventurero. Ha tenido tantas vidas y recorridos que, de alguna manera, he descubierto distintas facetas de mi papá a lo largo de mi propia historia. En cambio, mi padrastro, el esposo de mi madre, es un amante del teatro, además de ser arquitecto de teatros. El y mi madre tuvieron una fuerte influencia en mi formación, en la arquitectura (abandonó en quinto año) y en la actuación.

Su elección fue acertada. Formado en el ámbito teatral -dirigió el grupo independiente Acapara el 522, en honor a una línea de colectivos uruguaya-, Daniel Hendler encontró en el cine su lugar de mayor reconocimiento.

En 2004 fue galardonado con el Oso de Plata como mejor actor por El abrazo partido, en el Festival de Berlín, un premio que, según su teoría, dice haber merecido por ser "peludo como un oso".

-En Derecho de familia hay un guiño con respecto a tus pelos en el cuerpo.

-Mi problema con los pelos se remite a Esperando al Mesías. Para esa película Burman hizo que me depilaran la espalda. Yo tenía 23 años y no le cerraba la idea de que un chico tan joven tuviera tantos pelos. Estoy seguro de que después de aquella depilación, de técnica holandesa supuestamente no dolorosa, comenzaron a crecer más y más irregularmente. Desde aquel momento me volví bastante fóbico con todo lo que se refiere a los cortes de pelo, a tal punto que si una maquilladora quiere sacarme un pelo de la nariz lucho hasta último momento. Burman es un poco culpable del desarrollo de esta selva en mi cuerpo.

Para las fotos, no hubo dudas de que era mejor mostrarlo con la barba de un par de días que traía. Ante semejante confesión, ¿quién se iba a animar a pedirle que se afeitara?

Para saber más
www.cinenacional.com
es.movies.yahoo.com/db/p/2/1/212667.html

Perfil

Cruzar el charco

  • Nació el 3 de enero de 1976 en Uruguay. Y creció en distintos barrios de Montevideo.
  • Está convencido de que el agua para el mate no se le niega a nadie. "Es un bien básico." En su valija siempre lleva su equipo de mate.
  • En la Argentina, se hizo conocido masivamente como Walter, en la campaña publicitaria de Telefónica.
  • En pareja con la directora, actriz y autora argentina Ana Katz (El juego de la silla), Hendler divide sus semanas entre el barrio porteño de Parque Centenario y Montevideo.
  • Su filmografía incluye: 25 watts, de los uruguayos Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll; Sábado, de Juan Villegas; Ns Nc, de I. Klajman y Fernando Musa; El fondo del mar, de Damián Szifrón; Esperando al Mesías, Todas las azafatas van al cielo, El abrazo partido y Derecho de familia, de Daniel Burman.
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