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Domingo 19 de marzo de 2006 | Publicado en edición impresa

Con más luces que sombras

El balance es auspicioso

 
 
 

MAR DEL PLATA.- Se extendió por diez días. Se prometieron 200 películas, que se proyectaron, casi sin excepciones. La programación fue respetable y variada, dentro de las alternativas posibles para un festival de este tipo y en esta fecha. El catálogo, tan voluminoso como completo, estuvo y en fecha, con una gráfica acorde al sentido que se imprimió al festival desde su lanzamiento.

Se detectaron algunos problemas de organización (puertas adentro), producto de contar con menos salas que en entregas anteriores, y en consecuencia menos entradas para los acreditados de uno y otro tipo, pero es solucionable.

Vinieron todos los jurados y los invitados especiales anunciados. Las clases magistrales, fueron, casi todas, magistrales. Hubo premios (ver Pág. 16), como siempre, más o menos discutibles, depende de cómo se los mire.

Todo lo que empieza termina. La 21° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata llegó a su fin y, con la última función de ayer, antes de medianoche (la de "Viter Krause", en Ventana Documental), también la necesidad de un balance -de bueno a malo- en cuanto a contenidos, que reflejan qué es lo que está pasando hoy en el mundo del cine.

"La Feliz" es una ciudad contradictoria. Se llena de turistas preferentemente argentinos, de todo el país, y también extranjeros, y tiene en su calendario de actividades, un festival de cine, clasificado como los de primera categoría por la Fiapf, entidad que nuclea a los productores de films, valga la redundancia, de todo el mundo.

En 1970, el festival de Mar del Plata fue abandonado y, al filo de pasar al olvido, recuperado. Hace diez años volvía después de un largo paréntesis y recién ahora discurre más o menos con normalidad, todavía con cosas por pulir, pero lo que es más importante, con empeño.

Las fortalezas comienzan ahora a superar las debilidades. La competencia oficial mostró un término medio aceptable, con algunos ejemplos más meritorios, una decisión que permitió convocar tanto a público común amante del cine, como a aquel cinéfilo, más exigente. Esa premisa marcó a fuego cada uno de los bloques temáticos y cada muestra. Eso también es positivo.

Mucho por crecer

Hubo nombres importantes que pueden darse el lujo de filmar lo que realmente quieren filmar, como Werner Herzog y Terrence Malick, Marcelo Piñeyro y Daniel Burman, nombres de debutantes que prometen más y mejor cine, como Gianfranco Quattrini, o el español Roger Gual, a pesar de la verborragia de sus criaturas. Cine canadiense, iraní, brasileño, mexicano -como la finalmente premiada "Noticias lejanas"- y portugués, estadounidense pero fuera de circuito, como el de Stuart Gordon. Incluso una atractiva compilación de cortos de países de la ex Unión Soviética.

Si se observan con ojo agudo, Punto de Vista y América Latina XXI, fueron más flojas que en 2005. Con altibajos Vitrina Argentina. Por suerte La Mujer y el Cine sigue pujante, con una autonomía que es importante destacar. Se rescataron obras valiosas del viejo cine documental local, presentadas por la Cinemateca Argentina y Aprocinain, y la corta pero imprescindible filmografía de José Martínez Suárez.

Los que buscaban estrellas, las tuvieron, porque tanto Susan Sarandon como Tim Robbins lo son. No vinieron para mostrar cine, pero hablaron -y mucho- de cine con compromiso, para respeto de uno y otro tipo de público. También vino otro tipo de personajes de distinto rango. Desde Abel Ferrara y Michael Winterbottom hasta Charles McDougall y Scott Gordon con su perfil menos público, cineastas de Europa y de Africa.

En cuanto a la importancia que este festival tiene para la industria del cine y la cultura nacional, la TV, la oficial y la privada -una vez más- se quedaron cortas.

Durante estos diez días hubo muchas luces y unas pocas sombras. Quizás a Mar del Plata -como centro turístico, se entiende- le falten muchas cosas todavía, pero ahora tiene un festival que camina. Sólo falta que esos gigantescos edificios-símbolo frente al mar (que albergan la sala principal del festival), obras majestuosas si las hay del arquitecto Alejandro Bustillo, vuelvan a ser lo que fueron hace más de medio siglo. Que la fiesta de cierre haya sido en la sala principal de lo que queda del Hotel Provincial de esa misma construcción, debe interpretarse como un mensaje.

El festival pudo contra el tiempo, el olvido, las controversias y la desidia, y superó una primera gran meta. A estas alturas, la muestra marplatense puede ser citada como un ejemplo por seguir. Un festival, en todo caso, al que hay que alentar porque todavía tiene mucho por crecer. Y así debe ser, porque ya es mayor de edad. .

Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION
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