YOUNG.- "Fue un exceso de amor, quisieron dar tanto que lo dieron todo", dijo con un nudo en la garganta Fernando Ligurina, el sacerdote católico que inició ayer una misa celebrada por pastores de todas las iglesias en el sepelio conjunto de las víctima de la tragedia de anteayer, cuando en la grabación de un programa de televisión murieron siete personas y varias resultaron heridas, una de ellas muy gravemente.
El programa "Desafío al corazón" del canal 10 de Montevideo, en cuyo transcurso ocurrió la tragedia, consiste en recoger fondos cada semana para una entidad pública o privada que plantea una meta concreta, para lo cual los beneficiarios cumplen con varias pruebas. En este caso, la comisión de apoyo al hospital estatal de Young buscaba obtener recursos para adquirir un nuevo sistema de calefacción, ya que la caldera del centro de salud ya no tiene arreglo.
El director del hospital, Juan Pablo Appolonia, licenciado en enfermería, estaba al frente de la jornada, que contó con el apoyo de toda la sociedad. "No sólo íbamos a conseguir dinero para la calefacción, viendo cómo venía el respaldo, ya veíamos que duplicábamos la meta de 30.000 dólares", dijo a LA NACION una de las organizadoras.
La prueba consistía en mover una locomotora con dos vagones, para lo cual profesores de educación física habían entrenado a los voluntarios para esa tarea. Carteles en los que se convocaba a esa fiesta aún están en todo el pueblo. Desde temprano, los organizadores percibieron que el ánimo solidario crecía con enorme entusiasmo. Por ejemplo, una panadería ofreció donar la venta de bizcochos dentro del horario de la prueba, y no dio abasto para atender la clientela.
Lo que no imaginaban era que 10 minutos antes de la prueba algunos espectadores decidieran participar del tiro de cuerdas y lo hicieran con fuerza tal como para arrastrar la locomotora sin que estuviera encendida, lo que activaba el sistema de frenos. Arrollados por la locomotora o caídos en medio de la multitud, algunos murieron y otros fueron trasladados heridos al hospital. Eliseo Silva, que estaba entre los asistentes y llevaba un marcapasos, vio cómo su esposa, María Elisa Minetto, quedaba bajo la locomotora y luego murió de un infarto. "Como vivieron, murieron, siempre juntos", decía una amiga de ellos durante el velatorio.
Jonathan Jesús Muñoz, de 14 años, no le hizo caso a su padre, que le pedía que despejara el lugar, mientras el adolescente reclamaba un puesto para tirar de la cuerda. Su cuerpo fue velado en un ataúd destapado, con una camiseta del club Peñarol colocada encima y en medio de un llanto de incomprensión por la tragedia.
"Hay que seguir adelante"La fiesta que se vivía el viernes se transformó en un luto generalizado. El pueblo de Young estuvo presente en su totalidad, tanto en la fiesta como en el accidente, como en el recorrido por los velatorios y en el emotivo sepelio conjunto. En el cementerio, el director del hospital pidió que a las víctimas se las recordara como "mártires de la solidaridad". No hubo reproches, sino la expresión de un sentimiento con la necesidad de recuperarse del dolor de ayer.
"Hay que seguir para adelante, con el empuje de todos", decía ayer desde la cama del hospital de esta ciudad Alba Lemes, una de las heridas, sin saber aún la dimensión de la tragedia. "Claro que sí, vamos a meter y vamos a salir", dijo a LA NACION Yolanda Faccio, que perdió el brazo izquierdo en el accidente, pero salvó su vida de milagro, y desde la cama respondió con una sonrisa.
El pastor luterano Gustavo Muñiz, de quien se informó que era de nacionalidad argentina, fue trasladado a la ciudad de Nueva Helvecia, 130 kilómetros al oeste de Montevideo, para su sepelio.
Ayer, Young era un pueblo en silencio y con las calles vacías. En la mente de todos permanecían las imágenes de las duras horas vividas, tras el llanto desconsolado y las emotivas palabras de la misa común. "Murieron dando la vida por nuestro hospital, cinchando del tren de la vida. Esto fue un exceso de amor, pero no fue un accidente que estuvieran ahí, estaban ahí porque querían estar, porque eran solidarios, eso sí que no fue un accidente", dijo el sacerdote Ligurina.
Por Nelson Fernández
Corresponsal en Uruguay