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Crítica situación en Salta

En Tartagal, el 80% de los puentes tiene riesgo de derrumbe

Información general

Ayer fueron clausuradas dos pasarelas peatonales que corrían peligro de caerse

Por   | LA NACION

TARTAGAL, Salta.- La contradicción es inevitable. Esta ciudad, que hace más de una década se convirtió en noticia gracias a los piquetes que cortaban las rutas, hoy vive sitiada por la fuerza de un río que amenaza con dejarla incomunicada y partida en dos.

El 80% de los puentes está comprometido y con peligro de derrumbe, informó a La Nacion el intendente de la ciudad, Héctor Valenzuela. Dos de esos puentes -pasarelas peatonales de madera- fueron clausurados porque los técnicos de la municipalidad determinaron que corrían peligro de venirse abajo.

Si en las próximas horas siguieran las lluvias y aumentara el caudal del río Tartagal, que atraviesa la ciudad, se cerrarían los otros dos pasos carreteros, las únicas salidas de la ciudad hacia el Sur, y miles de vecinos quedarían aislados.

"Los dos puentes están en observación", dijo Valenzuela. Se trata del puente de la avenida Pakam y del de la ruta nacional 34, que, según explicó el intendente, tienen cuatro canalizaciones pluviales que ponen en riesgo su sostén. "La situación es crítica porque está lloviendo en los cerros y para los próximos días se espera más agua", agregó.

El panorama en la cuenca del Tartagal es desolador. Buena parte de las casas que se levantaban en la calle Entre Ríos al 100 se encuentran en el fondo del barranco, arrastradas y desarmadas por la fuerza del agua y del barro. Algunas quedaron literalmente partidas al medio. Y otras, socavadas, con los cimientos a la vista y a centímetros del abismo. "Según los informes de Defensa Civil, son 50 las casas en peligro de derrumbe. Pero sus propietarios se niegan a dejarlas, por más que tienen la corriente de agua a menos de un metro", aseguró Luis Leguizamón, responsable de la municipalidad de Tartagal en la coordinación de los trabajos de lucha contra la catástrofe.

Ayer, unos 200 hombres trabajaban aun cuando casi no quedaba luz para colocar bolsas de arena a fin de evitar que la erosión del agua, que viene con fuerza desde la naciente, siguiera profundizando y ensanchando el cauce del río Tartagal.

Es incontable la cantidad de relleno que ya se ha colocado en el río: unas 30.000 bolsas de arena, los esqueletos de 50 autos convertidos en chatarra, caños en desuso, restos de casas venidas abajo. Todo suma para tratar de parar la fuerza del agua. Hacia la noche fue colocada una plataforma hecha con tambores vacíos para canalizar parte del caudal.

La última defensa

La semana última, en sólo tres días el agua levantó las placas de cemento que cubrían los lados y el fondo del lecho. A partir de allí, avanzaron sobre la tierra colorada sobre la que se levantan tantas casas que están en peligro.

Elsa de Tarantini zapatea sobre el felpudo delante de su casa para refirmar: "Aquí el río no va a llegar". Su puerta está justo delante del puente peatonal que la municipalidad clausuró ayer. Están en peligro de derrumbe. El puente y la casa.

"No me voy, porque adónde me voy a ir. Hace 35 años levantamos esta casa y ahora no va a quedar nada", se lamenta la mujer. En aquellos años, dice, el río tenía playita de arena y una profundidad de menos de un metro. "Mi marido se metía y cruzaba al otro lado a pie", recuerda. Pero la nostalgia y el miedo a perder todo la mantienen firme al pie del barranco. "Dios me va a cuidar", aventura.

Elsa es una de las 200 personas que la municipalidad local considera que deberían ser evacuadas. Pero muchas familias se niegan a ser trasladadas; no quieren ir a vivir a alguno de los tres centros de evacuados, que hoy albergan a unas 150 personas que ya perdieron todo.

"Yo no le tenía miedo al río; fue parte de mi infancia. Pero ahora le tengo terror. Era un riacho angosto y ahora tiene una fuerza incontrolable. Pero a nosotros este río que nos vio crecer no nos puede echar. No se va a atrever", sentencia María Paz, que vive en Entre Ríos 85.

El panorama frente suyo es desalentador. Su vecino de enfrente cerró todo y se fue. Dejó sólo un cartel que reza: "Me trasladé a 9 de Julio 111". Del otro lado del barranco hay una casa partida al medio. Un caballito-mecedora quedó solito sobre el barro.

A pasos de la mitad de una pieza que quedó en pie, un perro desorientado ladra a los que entran. Un parroquiano advierte que se debe tener cuidado: el chucho era el guardián de esa casa que ya no existe.

Más allá de los esfuerzos humanos, el río avanza con fuerza. Y haciendo burbujas. "¿Sabe qué significa? -pregunta Elsa-. Que en los cerros está lloviendo y que nos espera más agua."

Para ayudar a los damnificados

Pedido de la Red Solidaria
Ropa y alimentos

La Red Solidaria solicitó donaciones de zapatillas, pañales, ropa de abrigo, frazadas, antibióticos, leche en polvo y maternizada, agua mineral y colchones. La Red Solidaria reúne donaciones para las familias que perdieron sus casas, los chicos desnutridos y otros ciudadanos de Tartagal afectados por el temporal. Las donaciones se recibirán en el Colegio Santísimo Sacramento, en Bacacay 4882, en el barrio de Villa Luro.

Pedido de Cáritas Orán
Dinero

Cáritas Orán también recibe ayuda económica para los damnificados en la cuenta del Banco de la Nación Argentina (cuenta corriente Nº38632/92), a nombre de Cáritas Argentina, CBU 01105995-20000038632921, sucursal Plaza de Mayo, para recibir donaciones con la tarjeta de crédito, o por Internet. Más información: 4342-8650. En la Casa de Salta, en Diagonal Norte 933, también se reciben donaciones; sus teléfonos son 4326-2456/59. .

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