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El desmonte, posible detonante de la inundación en Salta

Es la sospecha de especialistas y nativos

Lunes 10 de abril de 2006
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LA NACION

CAMPO DURAN, Salta.- Hay que caminar una hora y media bajo la lluvia y en medio del barro para llegar hasta aquí. El río Caraparí desbordó el camino de tierra y sólo a pie se puede cruzar del otro lado, a 15 kilómetros de la frontera con Bolivia. Para encontrar reparo de la lluvia basta con internarse unos metros en el bosque nativo que crece a la vera.

Debajo de los algarrobos, los quebrachos y los cebiles no llega el agua. Algunas gotas se escurren por las lianas. No hay mejor paraguas que ése para que los baldazos de agua que caen del cielo no inunden el terreno. Sin embargo, seis kilómetros más adelante el panorama es desolador.

El verde oscuro del bosque vira a los tonos flúo. Hasta donde el ojo puede ver, parece campo arrasado. En el corazón del monte salteño todo es soja. Cada cien metros hay montículos en los que se apilan los restos del bosque que crecía allí. El año último entraron las topadoras y las palas mecánicas y cortaron el bosque de raíz. Ahora, allí reinan las plantaciones de soja que crecen a toda velocidad.

"Aquí no se podía desmontar", relata Eduardo, que vive en Tartagal y trabaja para un aserradero, y que ayer hizo de guía para LA NACION en las zonas desmontadas. "Se ingresó con una autorización dada para otras hectáreas. Pero como nadie controla, los dueños nos mandaron a desmontar acá", dice el hombre, que pidió que su identidad fuera preservada.

A los pies del guía yacen los restos de un quebracho colorado que, según estima, debe tener unos 150 años. Se trata de un área restringida, dice. Pero la restricción no se respetó.

"El desmonte es el responsable principal de lo que está pasando en Tartagal y en la región norte de Salta", asegura Noemí Cruz, responsable de la campaña de biodiversidad de Greenpeace, que desde hace dos semanas está instalada en Tartagal haciendo estudios.

Desmentida del gobierno

El gobierno de Salta desmiente que la tala indiscriminada tenga parte en el fenómeno que sacude Tartagal, según indicó Gustavo López Asensio, secretario de Medio Ambiente de la provincia, en la que ayer las lluvias hicieron que aumentara a 550 el número de evacuados y derrumbaron la pared del colegio Santa Catalina.

López Asensio dijo a LA NACION que no ha habido desmontes en la cuenca alta del río Tartagal.

Pero Cruz aporta otro diagnóstico: "No hubo desmonte en la cuenca alta sino en la parte media y baja. Allí hay 3166 hectáreas depredadas. Es decir que la superficie de los árboles que fueron talados en la cuenca es tres veces mayor que la superficie de la cuenca misma. Esto hizo que el curso del río, en vez de seguir encauzado, produjera anegamientos. Al aumentar las lluvias el río acrecentó su capacidad de carga y generó una erosión «retrocedente». Es decir que la deforestación en la parte baja del río afectó hacia atrás a la parte alta, aunque allí no se hubieran hecho desmontes", dijo.

La frontera agrícola avanza por sobre el bosque. Cada vez son más los campos desmontados para ser utilizados para cultivo o pastoreo.

"En los departamentos de San Martín y Anta el nivel de desmonte supera cinco veces el promedio de desmonte mundial, según el último informe de la Dirección de Bosques de la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación", aporta Cruz.

López Asensio la desmiente. Dice que de los 15 millones de hectáreas de bosque que tiene la provincia sólo un millón fue desmontado y convertido en área productiva. Otros 2,5 millones son reservas o áreas protegidas.

La delegada de Greenpeace asegura que lo peor del desmonte es la falta de controles. Así, al tiempo que se autoriza la tala en ciertos sectores, al no ser verificados los límites los aserraderos extienden ilegalmente sus fronteras y después hacen valer su "derecho de hecho", pues el monte ya fue depredado.

"Estas tierras acabamos de desmontarlas el 13 de diciembre. Nos había tocado «trabajar» unas 5000 hectáreas. Cortamos de todo: algarrobos, cedros, quebrachos, cebiles? Pero como a los propietarios no les interesaba la madera le «metieron» fuego a 2000 hectáreas de algarrobales", cuenta Eduardo.

Sólo el 40 por ciento de la madera de los desmontes es utilizada. El resto se quema o se abandona. Los incendios de bosques inciden doblemente en las inundaciones: por un lado, al desaparecer el árbol, el agua de lluvia cae directamente sobre el terreno, sin que la copa y las raíces actúen como aliviadores y dosificadores del agua caída. Pero, por otro lado, la quema de madera libera cinco veces más gases de "efecto invernadero" que los procesos industriales, dijo Cruz. Esos gases contribuyen a producir el cambio climático, uno de cuyos efectos es el incremento de las lluvias.

Es increíble la rapidez con la que crece la soja. De diciembre a esta parte se sacaron las raíces y se sembró. Ahora, las plantas cubren todo el campo y ya están cargadas de porotos. Desde el aire, el secretario de Protección Civil de la provincia, Víctor Ola Castro, muestra por la ventanilla del helicóptero lo cargados que están los campos. Muchos de ellos están atravesados como millones de venas marrones: es el agua que busca por donde escurrirse. "Este año vamos a tener una cosecha récord", augura.

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