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A 100 años del gran sismo que destruyó la ciudad

San Francisco teme un nuevo terremoto

El Mundo

Se sabe que ocurrirá y que, como en 1906, provocará miles de muertos y heridos, pero nadie sabe cuándo

Podría ocurrir el próximo mes. Quizás el año que viene o en 2057, por decir alguno. Pero los habitantes de San Francisco están prácticamente seguros de que no sucederá justo hoy, cuando conmemoren el centenario de una de las catástrofes más terribles -y también más célebres- de la historia. Mientras tanto, esperan bajo la inquietante sombra del que será el próximo gran sismo, del que sólo se sabe que ocurrirá, aunque nadie puede predecir cuándo, siquiera con una mínima certeza.

Dorada y sepiada por el glamour de aquellos primeros años del siglo XX, la tragedia del gran terremoto de San Francisco se cuenta en dos partes. La primera tiene fecha y hora exactas: 5.12 de la mañana del 18 de abril de 1906. A esa hora, las rocas terrestres a la altura de la falla de San Andrés cedieron y se quebraron, y liberaron violentamente la energía acumulada durante siglos. Para el planeta fue apenas el temblor que genera un escalofrío. Para la ciudad de San Francisco, la destrucción.

La segunda parte comienza casi de inmediato, tras esos minutos fatales: se desatan incendios por doquier, que los bomberos no pueden controlar entre la pésima previsión y el colapso de todos los sistemas de cañerías. Cuatro días ardió la ciudad.

El resultado fue entre 3000 y 5000 muertos, unas 250.000 personas sin hogar y 30.000 de las 53.000 viviendas de la ciudad completamente en ruinas.

En Nueva Orleáns, el año pasado, a la destrucción provocada por el Katrina se sumó la inundación, producto de la imprevisión a la hora de reforzar las defensas. En San Francisco, en 1906, a la furia del terremoto se sumó la del fuego sin control.

"En San Francisco se han violado todas las tradiciones y principios establecidos para prevenir un gran incendio. Que no haya ocurrido fue, en parte, debido a la vigilancia y eficiencia del Departamento de Bomberos, que no podrá seguir manteniendo esta situación indefinidamente."

La advertencia hecha por el Sistema Nacional de Incendios, apenas seis meses antes de la catástrofe, se complementa con complejas tramas de corrupción y desvíos de fondos en el gobierno, que terminaron agravando lo que ya era trágico por sí mismo en 1906. Y las crónicas de la época recuerdan que, una vez más, fueron los pobres los que se llevaron la peor parte, datos todos que encuentran gran similitud con los que produjo el letal paso de Katrina 99 años más tarde.

El hito

El recuerdo de la gran catástrofe sobrevivió al paso de las décadas y el de San Francisco se convirtió en el terremoto más famoso de todos los tiempos. Sin embargo, contrariamente a lo que suele ocurrir, esta vez la cultura popular -que lo consagró como el rey de los sismos- y la ciencia se dieron la mano.

Para los geólogos y geofísicos, el gran terremoto de 1906 no fue el más poderoso conocido, pero constituye un verdadero hito.

"Hubo tres terremotos cercanos en el tiempo que marcan un despertar en el estudio de estos fenómenos -explicó a LA NACION la doctora Nora Sabbione, jefa del Departamento de Sismología de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de La Plata-. Uno fue en Japón, en 1981. Luego, el de San Francisco, en 1906. Finalmente, el de Messina, Italia, en 1908. Pero especialmente el de San Francisco, que se produjo en un lugar donde había mucha gente preparada para estudiar el fenómeno y sacar conclusiones, fue el origen de la teoría de rebote elástico, que es la primera que explica mecánicamente un sismo y se postuló en 1910."

Faltaba mucho, claro. La idea de que la corteza terrestre está dividida en placas que se mueven y chocan entre sí no sería tomada en serio hasta los años 60 (¡todavía no se cumplió medio siglo desde que fue aceptada universalmente!).

Pero desde aquellos primeros años del siglo XX -y con enorme fuerza en aquel momento-, los investigadores decidieron arrancarle a la naturaleza el secreto de la predicción de los terremotos.

"No se logró, por lo menos en el corto plazo -continuó Sabbione-. En todo caso, se avanzó mucho más en la prevención y en el diseño de construcciones antisísmicas. Pero aun así, aprendimos bastante".

Según la científica, la rama de la ciencia que trabaja en la predicción de sismos lo hace sobre la base de tres factores. Uno es conocer a fondo la falla o el sistema de fallas. ("En ese sentido, la de San Andrés es la más vigilada del mundo", apuntó Sabbione.) El segundo, la historia de esa región sísmica. Es decir, cada cuánto se producen los terremotos. Finalmente, se trabaja con el estudio de los cambios en el nivel del terreno, en la emisión de algunos gases como el radón (cuyas emisiones suelen aumentar ante la inminencia de un sismo), cambios químicos en el agua y en las propiedades de las rocas.

"El problema es que estos fenómenos no se manifiestan siempre igual y al día de hoy no se ha encontrado un parámetro que funcione siempre de la misma manera", agregó Sabbione.

Así, la variedad de estudios, modelos y predicciones sobre el próximo sacudón de la falla de San Andrés da resultados diversos.

Entre los más aceptados, uno dice que hay una posibilidad en 25 de que se produzca un gran sismo de 7,8 grados (como el de San Francisco en 1906), en los próximos 25 años. Otro, más inquietante, dice que el riesgo de un terremoto de 6,7 grados o más es, en realidad, del 60 por ciento antes de 2037. Sin embargo, otros estudios sobre riesgo indican que los sismos en California son cíclicos y que la regularidad para que se repita un sismo de iguales características en un lugar determinado es de 250 años. Otro sitúa esa cifra en los 400 años.

Las perspectivas, por lo menos, no son para descuidar. Según la Agencia Federal de Gestión de Emergencias de EE.UU. (FEMA), un terremoto en San Francisco similar al de 1906 dejaría hoy entre 2000 y 5000 muertos, unos 250.000 desplazados y daños en el 67 por ciento de las construcciones y 180.000 millones de dólares en daños. Pero lo más preocupante, según el FEMA es que, probablemente, el caos haría colapsar los sistemas sanitarios y las consecuencias de tamaña desgracia se sentirían durante décadas. .

Por Fernando Halperin De la Redacción de LA NACION
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