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Opinión

 
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Viernes 21 de abril de 2006 | Publicado en edición impresa

Editorial II

Irán desafía a las Naciones Unidas

 
 
 

Desde hace tres largos años la Unión Europea ha procurado, sin éxito, que Irán aceptara dotar a su programa nuclear de la transparencia necesaria para garantizar que éste no tiene entre sus objetivos, como muchos sospechan, la producción de uranio enriquecido capaz de ser utilizado en la elaboración de armas nucleares.

El 29 de marzo último, el Consejo de Seguridad instó específicamente a Irán a que congelara su programa de enriquecimiento de uranio antes del 28 del actual, fecha en la que el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed El Baradei, deberá informar al organismo acerca de la marcha del programa nuclear iraní.

Pese a ello, Irán acaba de anunciar que, lejos de haber paralizado su programa de enriquecimiento de uranio, lo ha continuado aceleradamente, para así generar "hechos consumados", presuntamente irreversibles. En efecto, según lo anunciado por el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, su país "acaba de ingresar en el club de las potencias nucleares", porque ha podido ya producir uranio enriquecido concentrado al 3,5 por ciento, es decir, capaz de ser utilizado en usos civiles. Según los expertos, esto pone a Irán entre tres y seis años de producir uranio enriquecido al 90 por ciento, para usos militares. Si, en cambio, Irán lo adquiriera de terceros que estuvieran dispuestos a venderlo, como es el caso de Corea del Norte, ese plazo podría muy bien acortarse.

La peligrosidad del liderazgo iraní parece evidente. Por una parte, por su injerencia en el conflicto de Medio Oriente para frustrar, una y otra vez, las posibilidades de una paz duradera. Por la otra, su conducta respecto de lo que sucede en el Líbano, Siria e Irak no aparece proclive a la paz, sino todo lo contrario. A ello debe agregarse la creciente belicosidad de sus nuevas autoridades, que advierten continuamente sobre el "aniquilamiento" de Israel.

Todo esto alimenta una preocupación cada vez menos disimulada de la comunidad internacional, percibida por los mercados y exteriorizada en los precios del petróleo crudo, que en los últimos días han alcanzado niveles sin precedente que amenazan la estabilidad de la economía mundial.

Por esto, antes incluso de escuchar el informe que habrá de presentar a fin de mes El Baradei, los Estados Unidos acaban de presentar al Consejo de Seguridad un proyecto de resolución que, de aprobarse, autorizaría el uso de sanciones y hasta de la fuerza, bajo el Capítulo VII de la Carta, si Irán sigue desoyendo las advertencias que el organismo le formula.

Como los plazos siguen acortándose e Irán se niega a cambiar su conducta, Rusia ha convocado a todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y a Alemania a discutir, en Moscú, las opciones en el plano de la diplomacia y, quizá, más allá de él.

Este es, sin duda, el tema más delicado de la agenda del organismo. A diferencia de países como Venezuela y Cuba, que apoyan abiertamente a Irán, la Argentina, pragmáticamente, ha apoyado hasta ahora a la comunidad internacional en esta cuestión, y ésta es la actitud que corresponde, porque en situaciones como la que describimos no hay margen ni para el error ni para los devaneos políticos: están en peligro la paz y la seguridad internacionales. .

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