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Arte rupestre en las sierras de Baja California, México

La fecha del poblamiento de América, en duda por pinturas de 9000 años

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Hace miles de años, un grupo de seres humanos que vivían de la caza y la recolección de frutos silvestres dejó en las montañas de lo que es hoy Baja California, México, un conmovedor testimonio de su existencia: cientos de figuras humanas y animales de tamaño monumental y sobrecogedora belleza pintadas en las cuevas de la zona.

Un equipo científico internacional -integrado por la arqueóloga mexicana María de la Luz Gutiérrez, responsable de la zona por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México; la arqueóloga argentina María Isabel Hernández Llosas, investigadora de la UBA y el Conicet, y el geocientífico australiano Alan Watchman, especialista en datación directa por radiocarbono de pinturas rupestres (hay sólo dos en el mundo)- acaba de confirmar no sólo que son las más antiguas del continente americano, sino también que fueron hechas nada menos que hace 9000 años.

La revelación sorprendió a la comunidad científica, porque pone en tela de juicio la fecha aceptada de la llegada del ser humano a América por el estrecho de Bering, que hasta ahora se creía habría ocurrido sólo dos mil años antes de ese momento.

"Nuestras expectativas iniciales giraban en torno de los 2000 a 4000 años -cuenta la doctora María Isabel Hernández Llosas, especialista en arte rupestre-. Las primeras pinturas que analizamos dieron 6000 años y ya nos pareció muy novedoso. Pero en la última campaña confirmamos que el inicio fue hace no menos de 9000 años. El que haya tanta intensidad de ocupación del espacio como para tener una recurrencia en el uso de estas cuevas hace ya 9000 años hace dudar de que el poblamiento tenga una antigüedad de once mil."

Declaradas patrimonio de la humanidad en 1993, las sierras de Baja California albergan una profusión de figuras monumentales que deslumbra. "Es un arte estéticamente impresionante", dice Hernández Llosas.

El conjunto se considera un fenómeno cultural excepcional, no sólo por sus enormes dimensiones, sino también por la cantidad de figuras que se encuentran representadas en las cuevas y por el número de cuevas halladas, que conforman una de las mayores concentraciones de arte rupestre del mundo.

Para determinar el momento en que fueron hechas, los investigadores extrajeron más de trescientas pequeñísimas muestras de los motivos y las procesaron en el laboratorio. "Primero se hace un corte delgado y luego una microexcavación con láser capa por capa -explica la arqueóloga argentina-. Eso permite saber exactamente qué se está fechando, dado que hay varias capas de pintura sucesivas, pero además cualquier elemento puede desviar el fechado. Por ejemplo, las paredes de las cuevas «crecen» porque allí se depositan algas, quedan restos de nidos de abejas, crecen hongos... Entonces si uno hace el fechado sin discriminar obtiene un promedio de todo el componente de carbono, no es confiable. En este caso, fechamos estrictamente el motivo que nos interesaba."

Para analizar la extensión espacial y temporal de ese fenómeno llamado "arte rupestre gran mural", los científicos plantearon toda una estrategia de muestreo. Hicieron tres campañas con financiamiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México y de National Geographic, obtuvieron las muestras y fecharon alrededor de 60. "Es uno de los pocos lugares del mundo que tienen tantas muestras fechadas", subraya la arqueóloga.

Las pinturas, muy naturalistas, representan básicamente figuras humanas en distintas actitudes y toda la fauna del lugar. Se encuentran en una zona muy remota, de muy difícil acceso y completamente inexplorada. "Algunas de ellas tienen acceso por camino de tierra y después hay que entrar a lomo de mula", recuerda Hernández Llosas.

Los antiguos pobladores de la zona parecen haberlas producido con materia prima mineral. "Encontramos un valle que tiene pigmento de manganeso, que es lo que usan para hacer la pintura negra, y de hematita, para el rojo y con tratamiento de color, para el amarillo -detalla la arqueóloga-. Ese pigmento mineral era molido y mezclado con aglutinante vegetal para obtener una consistencia pastosa."

Los cazadores recolectores vivían en familias extensas y, según las estaciones, se separaban en bandas o se juntaban en lo que se conoce como "sitios de agregación" para realizar ciertas actividades y ceremonias.

"Una de nuestras hipótesis -concluye- es que muchas de estas pinturas están relacionadas con estos momentos de agregación y cumplían funciones sociales y rituales." .

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