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La revolución de los blogs

Sábado 29 de abril de 2006

MIAMI.- Kaavya Viswanathan parecía tenerlo todo. A los 19 años, esta estudiante nacida en la India meridional cursaba su segundo año en Harvard y había escrito una novela que no sólo le había representado un adelanto de 675.000 dólares, sino que además había sido comprada por Steven Spielberg para ser llevada al cine.

Dos semanas después de su publicación, el libro, titulado "How Opal Mehta Got Kissed, Got Wild, and Got a Life" ("Cómo Opal Mehta recibió su primer beso, hizo locuras y se encontró a sí misma") alcanzó la lista de best-sellers, mereció un perfil de la autora en The New York Times y habría llegado aún más lejos, de no haber sido por un detalle: un lector encontró llamativas similitudes entre el libro de Viswanathan y dos novelas de Megan McCafferty, autora de libros para adolescentes, y lo hizo saber por medio de un mensaje electrónico.

Después de una secuencia de sorpresa, negativa, excusa y admisión de plagio, el libro fue retirado esta semana de las librerías y se hace difícil pensar que la carrera literaria de Kaavya Viswanathan vaya a ir muy lejos de aquí en más. Pero el fenómeno que permitió que una operación editorial construida como un reloj se desmoronara en unos pocos días, fue la extraordinaria maquinaria de propagación de los blogs.

Nunca antes en la historia había sido posible difundir información con la amplitud, simultaneidad y libertad como la que hoy brindan los blogs. Este ejército integrado por millones de voluntarios incorporados por su propia iniciativa y curiosidad está cambiando el mundo mediático y produciendo una revolución periodística sin precedente.

Los bloggers se están revelando más perseverantes, más audaces y, en muchos casos, más eficaces que las redacciones de los medios. Quien advirtió las invenciones incluidas en el best-seller "A million little pieces" ("Un millón de pequeños pedazos") de James Frey, ex alcohólico y drogadicto que afirmaba estar narrando las circunstancias reales de su vida, no fue The Washington Post sino un blog llamado Thesmokinggun.com, el que obligó a toda la prensa internacional a prestar atención.

El blog es, esencialmente, un libro abierto. Puede ser un diario íntimo compartido, un foro de obsesiones o una plataforma de debate. Pero el aspecto de los blogs que está teniendo un impacto profundo sobre la cultura informativa es el que se ocupa del área noticiosa. Aquí, los blogs están demostrando una agudeza, una penetración, una imaginación y una capacidad de desafío que no tiene equivalencia en la prensa.

Escrutinio sin precedente

A pesar de que se cuentan por millones, hay una jerarquía en la "blogosfera" que separa los más creíbles de los fantasiosos, de la misma manera que el público fue tamizando los diarios cuando éstos eran los rectores exclusivos de la información. Pero el blog tiene una ventaja que los demás medios nunca tuvieron y es su habilidad de rectificarse por el sucesivo aporte de otros bloggers.

Si un blog publica una información equivocada, no tardará en aparecer algún otro que se encargue de denunciarlo y repararlo, y así sucesivamente. Y teniendo en cuenta que se trata de una red internacional, la posibilidad de que alguien advierta un error y lo enmiende es infinitamente superior a la de cualquier medio convencional.

Los blogs son una herramienta informativa que incluye renombrados científicos, economistas, historiadores, escritores y periodistas. Algunos hacen dinero y otros, simplemente, ventilan sus intereses, pasiones y opiniones. Pero lo cierto es que ninguna organización periodística podría soñar con mantener una redacción de esa diversidad y categoría.

La reciente ola de denuncias de plagio similares a las que recayeron sobre Kaavya Viswanathan, y que incluyen a figuras tan renombradas como el historiador Stephen Ambrose y el médico Deepak Chopra, no hubieran emergido ni adquirido la resonancia universal que adquirieron, de no haber sido por la reacción en cadena de los blogs.

Su presencia asegura un escrutinio sin precedente sobre cada línea escrita. Ningún plagiario puede sentirse ya protegido por la presunta improbabilidad de que se asocie su texto con la fuente del plagio.

En esta era extraordinaria de Google y Yahoo, siempre hay algún curioso que se toma el trabajo de verificar o algún memorioso que recuerda haber leído algo similar.

Por Mario Diament

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