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Economía

Martes 14.10.2008 (actualizado hace 898 días)
El mercado laboral femenino, un mundo en crecimiento

Mujeres en acción

Ocupan el 40% de los puestos laborales y avanzan en actividades que tradicionalmente tuvieron mano de obra masculina
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Domingo 30 de abril de 2006 | Publicado en edición impresa 

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Mujeres en acciónAndrea Fernández y Silvia Krings, dos analistas de la planta de Ford, son un buen ejemplo de la creciente participación de la mujer en el mercado laboral  Foto: Rodrigo Néspolo

Gabriela Pérez Quiroz afirma que ya ni se da cuenta de que es una mujer en un ámbito de varones... O, al menos, en un ámbito de trabajo que hasta hace poco tiempo parecía reservado sólo a ellos. Gabriela fue la primera mujer que entró a trabajar en la planta industrial de Ford como ingeniera industrial. Ahora, con 10 años de ejercicio de la profesión en la automotriz, es superintendenta de Producción de Prensas y de ella dependen 129 operarios que se desempeñan en la fabricación de paneles de los autos.

Son operarios varones, claro, como lo son todos los empleados de Ford que están en la línea de producción, aunque eso cambiará antes de mitad de año, ya que ingresarán 53 trabajadoras que manipularán y ensamblarán piezas. El grupo se sumará así al centenar de operarias que se están desempeñando, desde hace unos meses ya, en la planta que tiene Peugeot en la localidad de Villa Bosch.

El avance de la fuerza de trabajo femenina en la industria automotriz argentina es sólo una muestra de la mayor participación que las mujeres están ganando en el terreno laboral. Es un proceso de mediano y largo plazo, que contempla la inclusión en tareas tradicionalmente identificadas como masculinas. Y es un camino que exige que se vayan rompiendo en forma progresiva las resistencias sociales, para permitir la apertura de las puertas a un espacio de integración en el que la asignación de un puesto se defina por las capacidades de la persona y sin importar la condición del sexo.

Las estadísticas permiten ponerle números al fenómeno: actualmente, cuatro de cada 10 puestos de trabajo urbanos son femeninos y, de los 376.000 empleos creados en las 28 principales ciudades entre el cuarto trimestre de 2004 e igual período de 2005, seis de cada 10 están ocupados por mujeres, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Aunque, eso sí: los problemas de informalidad y de desempleo son mayores entre la población femenina, ya que, en el mediano plazo, la creación de puestos no logró compensar el ingreso de mujeres en el mundo de quienes se postulan para trabajar.

Cuando recién comenzaba la década del 90, en el área metropolitana (ciudad de Buenos Aires y conurbano) cerca del 40% de las mujeres de 14 años o más eran activas; es decir: trabajaban o buscaban hacerlo. Hoy, esa tasa supera levemente el 50 por ciento. En el total de centros poblacionales, la tendencia de mediano plazo es similar.

Según un informe reciente de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, en los 90 se verificó una aceleración del proceso de participación femenina. Ese hecho estuvo vinculado con la necesidad, en hogares de ingresos bajos y medios bajos, de lograr más recursos familiares frente a la crisis y a la pérdida del empleo que muchas veces afectó al jefe del hogar. Además, se detectó que la puesta en marcha de planes sociales masivos –principalmente en 2002– tuvo su impacto en un alza de la tasa de actividad femenina, ya que más de dos tercios de los pagos fue asignado a mujeres. Cuando quienes reciben subsidios realizan una contraprestación laboral, son considerados ocupados y, por tanto, activos.

La última etapa recesiva también se caracterizó, según destaca la investigadora Rosalía Cortés en un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por una mayor destrucción de puestos en actividades masculinas, como la construcción. A la par, hubo un comportamiento más estable en algunas actividades de servicios.

El hecho de una aceleración de la participación femenina enraizada en la crisis estaría explicando por qué –según el documento de la cartera laboral– en 2005 se registró una leve caída en la tasa de actividad.

Los analistas Daniel Contartese y Verónica Maceira, autores del informe, concluyen que la actual recuperación económica tendría, por las causas explicadas, su correlato en un estancamiento -detectado por las estadísticas- del proceso de incorporación de mujeres.

Pero esa conclusión tiene validez básicamente para los sectores de baja educación y, en rigor, no implica un retroceso en la evolución laboral de la mujer, sino que sólo lleva a comprender una característica de la participación femenina: que, si bien fue creciente en los últimos años tanto en períodos recesivos como expansivos, es más dependiente de los ciclos económicos que la de los varones.

Rol laboral y doméstico

Esa característica está estrechamente vinculada con el hecho de que el cambio cultural aún tiene un largo camino por recorrer. "La mejora de la posición de la mujer se ve en el ámbito laboral, pero no en el doméstico, donde todo sigue a cargo de ella y la participación masculina es vista aún como una ayuda", advierte Olga Hammar, presidenta de la Comisión Tripartita de Igualdad en el Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres, que integran el Gobierno y entidades empresariales y sindicales.

En niveles educativos altos, la participación de las mujeres es más estable que en el promedio general. Y también más elevada: en la población con escasa educación hay 58 trabajadoras por cada 100 varones; entre quienes tienen título terciario o universitario, la relación es de 88 a 100. Y lo cierto es que cada vez son más las mujeres que obtienen su diploma profesional (ver información en página 2).

Hammar cree que la evolución de la generación de puestos para mujeres tiene que ver muchas veces con una menor paga, "pero también con que la mujer es más concentrada, más dedicada y más cuidadosa en sus funciones". Es un concepto que repiten varios consultores dedicados a la búsqueda de personal e incluso algunos directivos -hombres- de empresas.

El comentario sobre la menor paga tiene relación con que, según explica Hammar, la población femenina está más expuesta a la informalidad, sin perjuicio de que a la par se observe un alza de la participación de mujeres en posiciones de buena calidad laboral.

Las estadísticas corroboran esa apreciación. Según el Indec, en el segundo trimestre de 2005 el empleo no registrado entre las mujeres fue del 59,9%, mientras que entre los varones la tasa fue del 46,5 por ciento. Acorde con eso, los resultados de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), del Ministerio de Trabajo, muestran que en las firmas de 10 o más trabajadores de los cuatro principales centros urbanos del país (lo que podría considerarse el segmento más formal de la economía) la fuerza laboral femenina representa el 34% de los puestos, una tasa inferior a la participación de la mujer sobre el total de ocupados. Además, en esas empresas formales el empleo de mujeres creció en el último año menos que el de los varones, aunque en ambos casos la evolución fue importante.

Desde la comisión de igualdad en el trato dicen impulsar la llegada de la mujer al empleo formal en sectores por ahora vedados. "En la construcción -dice Hammar- pueden participar en planes de vivienda, poniendo azulejos" o cumpliendo diversas tareas.

Un rubro donde la feminización es notable es el de hoteles y restaurantes: las mujeres ocupadas pasaron de ser el 37,1%, a principios de 2003, al 46,8% hacia mediados de 2005. En la industria, las mujeres pasaron a ocupar del 24,6 al 29,3%, entre 1994 y 2005.

"El sexo es cada vez menos un requisito especificado por las empresas que requieren personal; se busca más por la capacidad de la persona", afirma Andrea Avila, directora ejecutiva de Sesa Select, una firma de búsqueda y selección de recursos humanos. Según Avila, los empleadores no están discriminando, aunque sí se advierten áreas en particular, como la administrativa financiera, que siguen claramente dominadas por hombres.

Ana Paula Pace, gerente nacional de Selección de la consultora Manpower, comenta que, en el caso de las búsquedas encaradas por esa firma, se nota un crecimiento muy reciente -de sólo dos o tres meses atrás- en la demanda de empleo para el área de finanzas. Según la directiva, hay cada vez menos resistencia en las empresas al empleo de la mujer, pero de todas formas siguen existiendo casos en que se aclara que ser varón es condición "excluyente" para candidatearse. Pace explica que los temores se centran en la posibilidad de que la mujer quede embarazada al poco tiempo y, lógicamente, haga uso de su licencia.

Imponen menos

Respecto de esos casos, Pace recuerda una anécdota: en una búsqueda para cubrir una posición de jefatura en el área de administración y finanzas, una firma expresó que quería un varón, y desde la consultora se le presentaron nueve candidatos, entre ellos una mujer... Que fue quien finalmente obtuvo el puesto. Moraleja: vale más poder demostrar que se tiene talento, que escribir la letra M en la casilla que define el sexo del candidato.

La directiva agrega que las mujeres suelen demostrar características de su personalidad que resultan atractivas para algunos cargos: "Imponen menos y persuaden más y a veces son más contenedoras con sus equipos" que los varones, explica.

Tal vez por rasgos que definen por lo general al mundo femenino, con actitudes más orientadas a la conciliación, las áreas en las que ellas avanzan a paso más rápido son, entre otras, las de recursos humanos y marketing. "A veces las mujeres son más consumidoras", explica Pace, y eso lleva a entender por qué les es más sencillo ponerse en el lugar de quien va a adquirir un producto.

En cuestión de salarios ofrecidos por las empresas, las consultoras sostienen que no hay diferencias por igual tarea. Sobre ese tema, un pormenorizado análisis expuesto en el informe sobre empleo femenino de la cartera laboral muestra que, cuando se compara a hombres y mujeres que se desempeñan en tareas que requieren igual nivel de calificación (aunque en diferentes lugares, dado que se trata de los datos promedio de todo el mercado laboral urbano), se observa que no hay una brecha salarial significativa, a igual cantidad de horas trabajadas.

Hay, de todas formas, diferencias según el nivel del puesto. Por ejemplo, las mujeres que desarrollan tareas que requieren calificación profesional tienen un salario por hora que es un 76% del que perciben sus pares varones. Pero en el resto de la escala, la relación se invierte: en empleos que exigen preparación técnica, las mujeres perciben un 4% más que los hombres y cuando se trata de puestos de calificación operativa o sin calificación, las diferencias son del 8 y del 14%, respectivamente.

Sí existe una brecha a favor de los hombres cuando lo que se mira es, sin más, el salario mensual: en este caso, una universitaria percibe 57 pesos por cada 100 que cobra un varón. La razón está en dos factores que se conjugan.

Por un lado, las mujeres aparecen más afectadas por los varones por tener que aceptar a veces tareas que requieren menor preparación que la que recibieron. Y, por otra parte, el promedio de tiempo trabajado por las mujeres es de 134 horas mensuales, contra una jornada mensual masculina de 188 horas. Esto lleva, una vez más, a la conclusión de que continúa existiendo una mayor responsabilidad de ellas que de ellos en las funciones y tareas domésticas.

Casi la mitad de las trabajadoras tienen un empleo de tiempo parcial; entre los varones, ese tipo de contratos alcanza a dos de cada 10 ocupados.

Por Silvia Stang
De la Redacción de LA NACION

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