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YPF, una pérdida irrecuperable

Por María Eugenia Estenssoro Para LA NACION

Sábado 06 de mayo de 2006

En 1999, el gobierno justicialista del presidente Carlos Menem, con el apoyo del entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, hoy presidente de otro gobierno justicialista, impulsó y permitió la innecesaria extranjerización de YPF.

De ser una empresa privada de capital abierto, pero controlada accionariay estatutariamente por el Estado argentino (que mantenía el 20% de las acciones y una acción dorada que impedía su compra hostil), YPF pasó a ser una empresa española con un solo dueño, Repsol, y una beneficiaria principal: España.

De este modo, nuestro país perdió el control de su gran empresa petrolera, con lo que inició, además, un proceso de progresiva desnacionalización y literal depredación de sus hidrocarburos.

Por falta de inversión en exploración de parte del sector privado y sin políticas estatales para garantizarla, hoy nuestro país se está quedando sin reservas. Tanto la producción de petróleo como la exploración alcanzaron niveles récord en 1998, y luego declinaron sistemáticamente, a pesar del alto precio del crudo.

Gracias a esta política cortoplacista, avalada por el gobierno, que priorizó maximizar las ganancias de las empresas y las retenciones estatales, hemos pasado de ser un país productor y exportador, a convertirnos en uno dependiente, importador de gas y, muy pronto, también de petróleo.

Mientras George Bush declara la guerra santa por el petróleo, Hugo Chávez intenta liderar América del Sur con sus petrodólares, Evo Morales renacionaliza los yacimientos bolivianos, y Brasil, con reservas mayoritariamente en el mar y a un costo de extracción altísimo, se convierte en el tercer productor de crudo de América latina; la Argentina está perdiendo autoabastecimiento. ¿Cómo llegamos a esta situación?

Hace once años, cuando mi padre murió en un accidente aéreo, al que muchas personas señalan como un atentado, la situación era completamente distinta. Como presidente de YPF, él había tomado la decisión de convertirla en una compañía líder. Tras alcanzar cifras récord de producción, exploración y ganancias, la empresa había encarado un ambicioso plan comprando yacimientos en Rusia, Asia, Africa, América Central y del Sur. La visión era que YPF fuera la nave insignia de una integración petrolera del sur de América del Sur. Este proyecto ya estaba en marcha, lo que explica que en el mismo avión muriera Juan Pedrals, presidente de la ENAP, la petrolera estatal de Chile, con quien iban a conversar con las máximas autoridades ecuatorianas.

Lamentablemente, hoy parece inviable recuperar el camino abandonado. La guerra y la incertidumbre desatada en el mundo por los hidrocarburos ha demostrado que éste no es un negocio para improvisados.

Cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia en 2003 y anunció que revisaría las privatizaciones mal hechas, pensé que la primera sería YPF. Para mi desconcierto, el presidente de "un país en serio" hizo lo contrario. Uno de sus primeros viajes fue a España, para abrazarse con Alfonso Cortina, por entonces presidente de Repsol, y con el rey Juan Carlos.

La relación del presidente Kirchner con Repsol viene de lejos. El gobernador santacruceño fue clave en la extranjerización de YPF. Como dueña de casi el 4% de las acciones de la empresa y teniendo un representante en su directorio, Santa Cruz podría haberse negado a ceder su parte, oponiéndose a que los españoles cooptaran la petrolera argentina. Kirchner, en cambio, prefirió cobrar el producido de la venta de las acciones provinciales, 650 millones de dólares, que luego se esfumaron del tesoro sureño hacia cuentas internacionales. Paradójicamente, mientras su esposa Cristina investigaba en el Senado las cuentas secretas del menemismo, su marido escondía los fondos de la provincia en extranjero, sin que reaparecieran. El otrora director provincial de YPF hoy es el secretario de Energía de la Nación.

Ultimamente circulan versiones de que el Estado argentino compraría parte del paquete accionario de Repsol YPF. Es posible que sea así y que se anuncie como la reestatización de la petrolera. Sin embargo, me temo que lo único que signifique es que ahora que hay que invertir el Gobierno comparta el esfuerzo con ahorro argentino.

El otro escenario posible es que Kirchner promueva la compra de YPF por empresarios nacionales, con un modelo basado en subsidios estatales para exploración y explotación, a cambio de tarifas reguladas. Así volveríamos a la vieja práctica nacional de privatizar las ganancias y socializar las inversiones y las pérdidas. En el pasado, ese esquema hizo millonarias a muchas familias petroleras, pero empobreció a YPF. Recordemos que en los 80, cuando el Estado mantenía la propiedad de los yacimientos, el ansiado autoabastecimiento también tambaleaba e YPF era una empresa estatal que perdía cientos de millones al año y subsidiaba a sus contratistas privados.

A la luz de lo que ha ocurrido recientemente en Bolivia con la renacionalización del petróleo, creo oportuno señalar que, para retomar el control de nuestros recursos, lo definitorio no es solamente recuperar la propiedad de YPF o los yacimientos, sino tener un visión y establecer una política de Estado que beneficie al país, consensuada entre la Nación, las provincias y la oposición. Esta política debería fijar metas de corto, mediano y largo plazo, ser votada por el Congreso Nacional y fiscalizada efectivamente por el Estado.

Actualmente, el gobierno nacional ni siquiera tiene un sistema propio para auditar las reservas, y se basa en las declaraciones de las empresas privadas. En este contexto, no es sorprendente que en enero Repsol YPF informara que había sobrestimado sus reservas en 21,5%. Pregunto: ¿qué hacían los entes reguladores del Estado?

Ayer fue el aniversario de la muerte de mi padre. En este tiempo, me he acostumbrado a su ausencia física, ya no me duele, porque su presencia espiritual es muy fuerte. Pero lo que sí me lastima y todavía no logro aceptar, es ver a la Argentina mintiéndose a sí misma, engañándose, empobreciéndose día a día.

Las diatribas y los discursos grandilocuentes que a diario nos quieren hacer creer lo contrario me recuerdan una frase del escritor Octavio Paz: "América latina es un continente de retóricos y violentos, dos formas de la soberbia y dos formas de ignorar la realidad". ¿Estaremos dispuestos a empezar a cambiar?

La autora es legisladora porteña.

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