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Bolivia quiere aumentar un 65% el precio del gas

El gobierno argentino pretende que siga al mismo valor; posible impacto en la inflación

Domingo 07 de mayo de 2006
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LA NACION

LA PAZ.– Por primera vez el gobierno boliviano reconoció públicamente qué precio le propondrá pagar a la Argentina, de ahora en más, en la negociación por el gas que le vende: 5,50 dólares el millón de BTU (la unidad de medida), un aumento de casi el 65 por ciento. No son buenas noticias para el gobierno argentino, que pretende que se mantenga el valor actual del fluido de 3,35 dólares o que la suba sea mínima.

Las empresas energéticas radicadas en el país pagan hoy a Bolivia por el gas 240 millones de dólares al año, cifra que treparía a 397 millones de prosperar la iniciativa de la administración de Evo Morales.

Carlos Villegas, economista y ministro de Planificación del Desarrollo de Bolivia, no dejó duda al ser entrevistado ayer por LA NACION. “Nosotros dijimos 5,50 dólares el millón de BTU, especialmente por el comportamiento del gas en el mercado internacional. No nos podemos bajar sustantivamente de esa propuesta”, advirtió. Además, consciente de la preocupación de la administración Kirchner por el eventual impacto en los precios de un alza del gas boliviano, Villegas afirmó que no cree que ese incremento provoque inflación.

La entrevista se realizó en el despacho del ministro y fue realmente sorprendente el día y la hora: sábado, a las 8. Es que el ritmo cambió para este país con la nacionalización de los hidrocarburos. Todo el gabinete trabaja ahora, en esta ciudad, en la confección de un plan económico que se lanzará esta semana.

La atención del mundo, tanto de los gobiernos como de los medios internacionales, parece estar puesta sobre Bolivia y la situación energética de América del Sur. Sin ir más lejos, en su edición de este fin de semana, el diario francés Le Monde lleva en la tapa una gran foto de los presidentes Kirchner, Morales, Luiz Inacio Lula da Silva (Brasil) y Hugo Chávez (Venezuela) bajo un título que habla de un "compromiso frágil" de los mandatarios para el mantenimiento del suministro del gas boliviano.

La franqueza no es nueva entre los funcionarios del presidente Morales. Aquí todos hablan, nadie se esconde. Cualquier periodista puede, por ejemplo, ingresar en el Palacio de Gobierno, cuantas veces quiera y sin explicar para qué, con sólo presentar su credencial, algo que no ocurre ni en el municipio más pequeño de la Argentina.

Así es que Villegas, considerado el ideólogo del plan económico de Morales, recibió a LA NACION para hablar del tema del gas.

-¿Cree que van a conseguir imponer el valor de 5,5 dólares el millón de BTU?

-Eso es lo que tenemos que negociar. Lamentablemente, América latina no tiene un mercado de precios.

Nosotros, con el decreto de nacionalización, queremos constituirnos en un marcador de precios. Por eso hemos decidido que el gobierno boliviano sea el que defina valores para el mercado externo. Esto no va a ser una imposición: se va a lograr por consenso. La región tiene que lograr cierta seguridad energética.

-Kirchner va a objetar que el alza del gas para las empresas energéticas con presencia en la Argentina se traducirá en inflación.

-Claro. Bueno, hay que negociar. Pero yo creo que no necesariamente el aumento de un precio tiene efectos inflacionarios. Generalmente, la inflación obedece a un conjunto, a una canasta de precios. No me parece que el aumento en un sector tenga efectos significativos para el resto de la economía. A lo sumo será en un solo rubro. Pero es una negociación; todavía no sabemos exactamente de cuánto será el aumento.

Tanto el ministro [de Planificación Federal], Julio De Vido, que nos visitó aquí, como Kirchner después, según nos ha transmitido nuestro presidente, han mostrado una excelente disposición para negociar, para llegar a un precio que será más elevado que el actual.

- ¿Qué respuesta percibió en las petroleras, a cinco días de LA NACIONalización de los hidrocarburos?

-Hay que tener en cuenta que ésta era una promesa de la campaña electoral. Las empresas sabían que el gobierno tomaría esta decisión.

-No es lo que dicen. Dicen que las tomó por sorpresa. Quizá se les transmitieron las líneas generales, pero no los detalles.

-Puede ser. Es cierto que el detalle, la letra pequeña, no se conocía. Pero la verdad es que las petroleras tuvieron la reacción que esperábamos en toda empresa con grandes ganancias, como ocurre en todo el mundo.

Era obvio que las que tienen ganancias extraordinarias reaccionaran. En este caso, particularmente, Repsol YPF y Petrobras. Y también los gobiernos. Hay que decir que el gobierno argentino no ha tenido una reacción abrupta, desmesurada, al enterarse de la noticia.

-Pero se sorprendió. Tampoco sabía de la nacionalización.

-No, claro, no les dijimos. Fue una decisión soberana, a ningún gobierno se la comunicó con anticipación.

-¿Cree que el modelo boliviano podría ser aplicado en otros países? Hay quienes lo piden en la Argentina.

-Bueno, cada país tiene sus particularidades y singularidades. El nuestro es un país con problemas concretos, y la nacionalización fue una de las principales demandas de la población boliviana. La Argentina tiene también sus particularidades: el presidente Kirchner redefinió, apenas asumió, la relación con las empresas, pero no necesitó tomar decisiones como la nuestra.

-¿Bolivia se está cerrando al mundo?

-Eso es lo que no queremos. Por eso estamos conversando con los gobiernos y las empresas, explicándoles que esto no fue un capricho de Evo Morales, sino un reclamo histórico, con años de confrontaciones, conflictos e incluso muertos. No queremos volver a cometer los errores del pasado. Vamos a tener una empresa estatal, no monopólica.

Necesitamos mucho de la inversión extranjera, y en especial de la extranjera privada. No hay una actitud de cerrazón, todo lo contrario.

-Se habla del gasoducto hacia la Argentina, pero esa obra se frenó porque Techint y Repsol YPF veían, en los últimos años, incertidumbre en Bolivia.

-Esas empresas tienen toda la razón. Por eso es que estamos hablando con las compañías. Les explicaremos, por ejemplo, que una vez que se firmen los contratos serán aprobados por el Congreso y no se cambiará nada, absolutamente, ni un solo impuesto durante los próximos 20 o 30 años.

-¿No es difícil de creer eso en América latina?

-Es que estamos en una inflexión. Los errores del pasado le costaron mucho a Bolivia. No se puede cambiar siempre. La clave es que, a partir de ahora, habrá ventajas para ambos: para el gobierno y también para las empresas, que tendrán ganancias normales. Hay que entender que la nacionalización de los hidrocarburos no significa la expulsión de las empresas, ni mucho menos la expropiación.

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