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El balance militar de América del Sur, cada vez más amenazado

El Mundo

Rearme de Chile, Venezuela y Colombia

Aunque en la región no se produjeron graves conflictos militares en las últimas dos décadas, países de América del Sur, como Chile, Venezuela y Colombia, se embarcaron en una carrera para renovar su material militar que, si se mantiene en el tiempo, podría derivar en un importante desbalance en la capacidad bélica en la región.

Actualmente, los gastos de defensa de Chile, Ecuador y Colombia superan el 3% de sus respectivos PBI, mientras que el promedio regional es del 1,4%, según datos de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal), que agrupa a 250 expertos de la región en la materia.

Chile, además, lidera el desembolso en compras para defensa, con US$ 2785 millones. Es seguido por Venezuela, con US$ 2200 millones, y por Brasil -una potencia exportadora de armamento-, con US$ 1342 millones, mientras que la Argentina sólo gasta 80 millones de dólares anuales en armamento.

El gasto, que es muy inferior al que se verificaba en los años 80, "guarda relación con la porción de poder que las fuerzas armadas manejan en algunos países más que con las hipótesis de conflicto", dijo a LA NACION Marcela Donadío, directora de Seguridad Estratégica Regional (SER), entidad administradora de la Resdal.

La excepción sería Colombia, cuyos gastos en armamento son fogoneados por el conflicto que enfrenta a la narcoguerrilla con las fuerzas de seguridad, y Venezuela, en cuyo caso "no queda muy claro cuál es su hipótesis de conflicto por los armamentos que está comprando", dijo Donadío.

Irak, el modelo

El analista político venezolano y columnista del diario El Universal Alberto Garrido opinó, en diálogo con LA NACION, desde Caracas, que no se puede decir que su país se encuentra en una carrera armamentística clásica, ya que, afirmó, posee menos armamento que Colombia, Brasil y Chile.

Pero sí se está rearmando, según Garrido, para prepararse para una guerra "asimétrica", que supone la aplicación de tácticas no convencionales, como la guerra de guerrillas y el terrorismo para desgastar al enemigo. Garrido comentó que Raúl Baduel, comandante del ejército venezolano, y Alberto Muller Rojas, integrante del Estado Mayor del presidente Hugo Chávez, suelen poner como ejemplo de este tipo de conflicto al que ocurre actualmente en Irak. El posible contrincante de Venezuela sería el mismo: Estados Unidos.

"En el gobierno se dice que después de lo de Irak se sabe que no es posible enfrentar a Estados Unidos en términos convencionales -expresó-. Por eso, está planteada como doctrina una guerra de resistencia en la que no se habla de la fuerza aérea, ni de la armada, ni de la Guardia Nacional, sino de milicias."

Esto explicaría por qué Chávez optó por comprar 100.000 rifles de asalto a Rusia y estaría detrás de la adquisición de armamento liviano y transportable que, según Garrido, puede ser adquirido en el mercado negro y, por lo general, no figura en las compras convencionales de armamento.

Y también por qué el Congreso venezolano aprobó la creación de la Guardia Territorial, una fuerza cívico-militar para proteger el país. "Es un poco la idea de Cuba. Si todo ciudadano puede combatir, debe combatir. De acuerdo con lo que ha expresado el presidente [Chávez], la guardia debe tener 2 millones de milicianos", señaló Garrido. "Es el pueblo en armas", añadió.

Por su parte, el elevado gasto chileno obedece a una renovación "ante la obsolescencia en bloque de gran parte de su armamento. Chile está modernizando su capacidad bélica, aunque no en forma desproporcionada para sus necesidades", indicó a LA NACION desde Santiago el analista de defensa chileno Juan Pablo Rosso, que calificó la política chilena en la materia "de defensiva y disuasiva", y no agresiva.

Como parte de este plan de renovación, la marina chilena incorporó dos submarinos Scorpene (los submarinos convencionales más modernos del mundo) y cuatro fragatas, que fueron dadas de baja por la armada holandesa y cuya entrega finalizará el año próximo. Para equiparlas, también se adquirieron 20 misiles crucero antibuques.

Intromisiones e hipótesis

El ejército chileno, en tanto, incorporó 93 tanques Leopard II, que reemplazarán un centenar de los 200 Leopard I adquiridos en los 90, mientras que la fuerza aérea compró 10 aviones F-16 con sistemas de misiles aire-aire de alcance medio y otros 18 F-16, de segunda mano, a los que se les realizó un proceso de actualización con tecnología israelí. Todas estas adquisiciones se financiaron con fondos que aporta la ley del cobre, que dispone que un 10% del dinero percibido por las exportaciones se destina a la compra de armamento.

De todos modos, Rosso aclaró que el gasto militar chileno equivale al 3,5% del PBI, porque "incluye lo que el Estado invierte en pensiones para los militares en retiro, que superó lo que se invierte en el servicio activo". Si este sistema especial de pensiones no se reforma, como lo prevé el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, podría llevar a futuro el gasto militar chileno al 5% del PBI, ejemplificó el especialista.

Si bien reconoció que existen signos importantes de inestabilidad de la región -como la nacionalización de hidrocarburos en Bolivia, los choques permanentes entre los países miembros del Mercosur y la "intromisión" del mandatario venezolano Hugo Chávez en la política interna de Perú y de Bolivia-, el analista chileno en relaciones internacionales Marcelo Palma dijo que no tienen relación con el reequipamiento militar chileno.

"Chile no considera hipótesis de conflicto. Una señal potentísima al respecto es el acondicionamiento del buque argentino Hércules en el puerto de Talcahuano y que la primera recalada de la fragata chilena Williams se realizó en Buenos Aires", afirmó.

La distensión con la Argentina también se puede ver en que sólo en una segunda etapa se renovaría el armamento de la zona austral del país, mientras que los F-16 y los tanques Leopard se destinarán íntegramente al norte del país. Pero sí inquieta Perú, que cuestionó recientemente la frontera marítima con el país trasandino y, en segundo plano, Bolivia, que mantiene su diferendo histórico con Chile por la salida al mar. .

Por Leandro Uría De la Redacción de LA NACION
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