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Los chicos del Olodum le ponen ritmo al Pelourinho

Rescatados de la pobreza, forman grupos artísticos y actúan enlas calles

Domingo 14 de mayo de 2006

SALVADOR.- El Pelourinho, una pincelada vibrante de la mística y el sincretismo de Brasil, es mucho más que el centro histórico de Salvador de Bahía, la ciudad que hechiza al visitante con sus laberintos de creencia, rituales y leyendas de mares, soles, lunas, diosas y sonidos.

Este intrincado barrio bahiano, con sus casas coloridas y noches donde el ritmo y la música embriagan, es el corazón de ese Brasil de contrastes en el que es posible conocer dos de los proyectos latinoamericanos de vanguardia destinados a sacar a los chicos y los jóvenes de la calle, educarlos y darles la oportunidad de mostrar sus habilidades a los turistas.

Declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, en el Pelourinho, entre sus incontables recovecos y lomadas, surge la Escola Creativa Olodum ( www.olodum.com.br ) , un espacio en el que los sonidos de tambores dan existencia a un programa comunitario de fama mundial que nace del proyecto Rufar dos Tambores , desarrollado en 1984 para valorizar la cultura negra.

El arte como vía de inserción social, en el proyecto Axe
El arte como vía de inserción social, en el proyecto Axe. Foto: Gentileza

La finalidad es formar grupos de percusión, teatro y danza integrados por niños y jóvenes del barrio, que viven en plena pobreza. La primera banda musical fue un éxito y la escuela se convirtió en centro de participación cívica y formación que capacita laboralmente a los chicos y adolescentes afrodescendientes.

El arte, en este caso, es el eje de la reconstrucción de la vida de los participantes, dándoles sentido, valorando la identidad y la historia con sus tradiciones. Los estudiantes de Olodum (el nombre viene de Olodumaré, dios de los dioses en lengua yaruba) tocan y bailan con pasión, repitiendo la cadencia de los ritmos de todos los tiempos que llevan en su sangre.

Es un placer oírlos en la calles, donde suelen desplegar su arte, o frente a la sede del establecimiento en la Rua das Laranjeiras, 30.

Desde lo educativo y lo filosófico forma artistas y ciudadanos, realiza seminarios, edita un periódico, tiene un programa de radio y despierta las potencialidades individuales y colectivas de los alumnos. Los estudiantes integran la asociación carnavalesca, Bloco Afro Olodum.

Los conjuntos de Olodum actúan en el Carnaval de Bahía y en el Festival de Música e Artes Olodum Mirim (tiene lugar a fines de enero y van por la edición número 13) donde los integrantes presentan canciones que son seleccionadas para el Carnaval, composiciones libres que tratan aspectos de la cultura afro-brasileña, también en escenarios internacionales.

La experiencia sirvió de estímulo para el surgimiento de iniciativas similares, como el grupo Afro Reggae en Río de Janeiro. Por sus aulas han pasado artistas reconocidos en Brasil, entre ellos, Lazaro Ramos y Macio Brasil, percusionistas de Ivete Sangalo.

Entre tanto, uno camina y se detiene en la Plaza Tereza Batista, en la casona de Jorge Amado, en las viejas barberías o ingresa en posadas que remiten al pasado, se escuchan las batucadas con ritmo africano.

La contagiosa cadencia del samba, o el vibrante ritmo de la capoeira que remeda un antiguo ritual de los esclavos, atrapa la mirada en un ómnibus de colores -el axébuzu-, que ha sido convertido en un aula móvil. Dentro del colectivo hay bibliotecas, videotecas y niños sentados alrededor de una mesa que pintan, dibujan y leen historias.

Este lugar es parte de otro proyecto, el Axe, nombre que viene del candomblé y significa el principio, la fuerza o la energía que permite que todas las cosas del universo lleguen a ser. Axe se expande por el Pelourinho, donde tiene una tienda exclusiva que vende desde remeras estampadas hasta collares diseñados por artistas para recolectar fondos y sostener el proyecto ( www.projectoaxe.org.br ).

Con un estilo barroco, Bahía y su barrio viejo atrapan desde sus diferentes facetas, con sus playas e iglesia, con sus fiestas y desde la tarea enorme que muchos bahianos realizan para mejorar el nivel de vida de los numerosos chicos que viven en la calle. Remite a los tiempos de la Colonia, alegra con la música permanente y la intrincada trama de callejas curvas en las que sorprenden las mulatas con sus trajes blancos y collares multicolores, sabrosas comidas que saben a coco, aceite de dendé, y deliciosos acarajé y muquecas.

María Teresa Morresi

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