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"Volvimos a ganar plata"

Domingo 28 de mayo de 2006

Hace siete meses comenzó a levantarse otra fábrica al costado de la Panamericana. En julio se terminará y Rever Pass pasará a producir allí, en Pacheco, seis veces más prendas que en su actual planta de Martínez. "No todo es maravilloso, esto es un gran riesgo, pero estamos en condiciones de abastecer el mercado interno y otros mercados", sueña Pablo Sönne, de 42 años, uno de los dos hermanos dueños de esta pyme de un sector que revivió tras la devaluación.

Rever Pass facturará este año un 140% más que en 2003. Pasó de emplear a 70 personas en aquel tiempo a contar ahora con 240. Habrá 400 cuando se inaugure la planta de 12.000 metros cuadrados que está erigiéndose con una inversión de 8 millones de pesos y el trabajo de 150 obreros. Un puente sobre una pequeña laguna artificial servirá de acceso a la recepción de este edificio corporativo donde no sólo estarán las máquinas -se invertirá US$ 500.000 adicionales en ellas-, sino también los departamentos de diseño y de investigación y desarrollo, salas de conferencia, de exposición y para desfiles de colección.

Los albañiles no detienen el trajín de carretillas ni el uso de las sierras, mientras Sönne recuerda que el plan de construir la fábrica data de antes de la devaluación, a fines de 2000, cuando las ventas venía cayéndose y planteaban "atacar el mercado internacional". A pesar de la convertivibilidad, su familia confiaba en el creciente desarrollo de la marca Rever Pass, asociada a deportes como el rugby y el surf, y en que "la Argentina siempre fue muy buena en tejido de punto". Al igual que ahora producía casi todo en el país, aunque con muchas materias primas importadas.

El dueño de Rever Pass, en la futura fábrica de indumentaria
El dueño de Rever Pass, en la futura fábrica de indumentaria. Foto: Mariana Araujo

"Pero el mercado se deprimió en 2001 y 2002 y dedicimos vender toda la mercadería a pérdida a los efectos de mantener el personal calificado, las bocas de venta y el liderazgo de la marca", recuerda Sönne, que tras la crisis quedó como uno de los dos únicos dueños. "En 2003 empezamos a recuperarnos y en 2004 y 2005 volvimos a ganar plata." En la crisis cerraron un local en el Tren de la Costa y tuvieron que hacerse cargo de los siete franquiciados. "Ellos no podían trabajar a pérdida", explica Sönne, casado, dos hijos, ex rugbier de Pueyrredón, vestido con jeans gastados y zapatillas negras Nike.

No sólo precio

Ahora reflotaron su plan. "Tardamos en la búsqueda del lote por las limitaciones monetarias que teníamos y porque buscábamos un predio con resguardos de seguridad", cuenta Sönne. Se financian con capital propio y créditos de diversos bancos, que les prestaron a cambio de poner la fábrica como garantía.

Rever Pass quiere producir más para desarrollar diseños más exclusivos. "Necesitás un consumo mínimo para amortizar las hormas", explica Sönne. Aunque reconoce que el tipo de cambio competitivo "es muy importante para poder terminar de fortalecer" al sector, apuesta a la calidad por si algún día se aprecia el peso, y al mercado externo para no depender del interno.

Una vez que termine la inversión aumentará sus locales franquiciados en el exterior -en los últimos años abrió dos en Chile y otro en Uruguay-, con la mira puesta en América latina, Irlanda, España, Australia y Sudáfrica. En la Argentina prevén hasta 30 negocios franquiciados. "Abrimos hace poco en Laprida y Santa Fe; esta semana, en Caballito. También firmamos el contrato para abrir en Belgrano", se entusiasma Sönne.

"Hasta acá todos hablamos de recuperación, pero hay que dejar de hablar de los efectos y empezar a hablar de las causas. Se necesita un plan nacional de mediano y largo plazo, y después podremos hablar de precios o salarios." ¿Por qué invierte pese a la falta de plan? Invierte porque él tiene el suyo.

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