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Cuánto ganan los presidentes: un tema tabú en muchos países

En América latina hoy hay más apertura

Lunes 12 de junio de 2006

Su responsabilidad es la misma: toman decisiones que afectan a toda una nación. Sin embargo, los sueldos que reciben los jefes de Estado varían mucho. Pueden ir desde los 600 hasta los 20.000 euros por mes, al margen de los pagos "extra" que no detallan las cuentas oficiales. Así lo revela una investigación de la revista francesa L Express, que abre un debate sobre un tema aún tabú en muchos países.

PARIS (L Express).- El dice que gana 32 euros mensuales y que no tiene ahorros. Por eso, cuando la revista Forbes publicó que la suya era una de las diez fortunas más grandes de "reyes, reinas y dictadores", Fidel Castro montó en cólera.

Según Forbes, el líder de la revolución cubana habría construido su fortuna con una parte de los beneficios de las empresas públicas. Si bien la opacidad es total en La Habana, donde reina una de las últimas dictaduras marxistas del planeta, en cambio últimamente los jefes de Estado latinoamericanos han hecho algunos progresos en ese sentido.

Varios de ellos han decidido, bajo la presión de la opinión pública, reducir su salario. El presidente argentino, Néstor Kirchner, inició la tendencia -hoy recibe 1540 euros por mes- seguido por Alejandro Toledo en Perú y el nuevo líder boliviano, Evo Morales. Este último se contenta, desde marzo, con 667 euros mensuales. Es decir, un 57% menos que su predecesor.

En Brasil, 20.000 funcionarios públicos ganan más que el presidente, cuyo salario mensual es de unos 2900 euros. Sin embargo, como en muchos países, esa suma no ofrece una idea adecuada de su estilo de vida. De hecho, tiene el beneficio de una tarjeta de crédito para cubrir sus gastos en Brasil y sus viajes. ¡Y esa cuenta de gastos es secreto de Estado!

Así, para asegurar la transparencia no basta con que se hagan públicos los ingresos del presidente o jefe de Estado. Porque los gastos de representación o de "viáticos" constituyen un velo con frecuencia impenetrable.

La ex URSS

La transparencia va generalmente de la mano de los progresos de la democracia. Eso se aprecia particularmente en los países de la ex Unión Soviética.

En Ucrania, el monto de la remuneración del jefe de Estado es actualmente público, mientras que hasta el fin del régimen precedente el gobierno usaba a discreción los fondos estatales. Lo mismo ocurre en Georgia. Por el contrario, en Armenia, el tema sigue siendo tabú. En Belarús, el presidente Alexander Lukashenko afirmó haber recibido en 2005 el equivalente de 28.000 dólares y no disponer de otras fuentes de ingreso. Sin embargo, en EE.UU. se afirma que dispone de un "fondo de reserva" de más de 100 millones de dólares.

¿Y Rusia? En 2004, Vladimir Putin más que duplicó su salario mensual, a alrededor de 4250 euros. Es la única cifra que se difundió. No se precisó el monto de los gastos de representación. Además, el Estado se hace cargo de los gastos relacionados con la vida cotidiana del jefe de Estado, el mantenimiento de su familia, el entretenimiento y las vacaciones. Dos cifras permiten medir el poder absoluto del amo del Kremlin: los gastos de la administración presidencial hoy alcanzan los 160,5 millones de euros, y los del gobierno, 23,4 millones de euros.

Asia

En esta región del mundo, los salarios de los dirigentes, según figuran en las leyes votadas por los Parlamentos, no son nada deslumbrantes. Pero no reflejan el aspecto más seductor de los cargos de presidente o de primer ministro, trampolines ideales para los que quieren enriquecerse embolsando comisiones y sobornos.

Eso es lo que ocurre por ejemplo en Filipinas, donde el presidente debe contentarse oficialmente con 11.548 euros anuales, pero donde las acusaciones de corrupción llueven regularmente: el marido de la presidente Gloria Macapagal-Arroyo está enjuiciado desde hace varios meses.

En China, todo lo referido a la fortuna o a los ingresos de los dirigentes es tabú. El país, de hecho, está plagado de corrupción. Según la revista Zhengming, el mensuario más crítico en lengua china, el presidente Hu Jintao ganaría 55.000 euros anuales. Su primer ministro, Wen Jiabao, tendría un ingreso de 48.000 euros anuales.

El mundo árabe

Entre todos los jefes de Estado del planeta, los "petromonarcas" de la península arábiga son los más ricos. Una parte de la renta petrolera va directamente a las arcas de las familias reinantes. En Arabia Saudita, casi 8000 personas tienen derecho a esa renta y la manera en que ese ingreso se reparte es un secreto de familia. Se estima que los menos afortunados reciben por lo menos 10.000 dólares mensuales. Además, ninguno de ellos paga electricidad ni facturas telefónicas ni pasajes aéreos.

En Medio Oriente, donde la opacidad es la regla, un país se distingue por su deseo de legalismo: el Líbano. Allí, el salario del jefe de Estado se vota en el Parlamentos. Desde 1998, el presupuesto especial de la presidencia fue suprimido. Todos los gastos del presidente deben justificarse por medio de facturas enviadas al Ministerio de Finanzas.

El jefe de Estado argelino recibe unos 4000 euros mensuales. Pero a esto hay que añadirle una asignación de 700 euros diarios, que se presenta como destinada a "gastos de representación". En Túnez, el salario del presidente Zine el-Abidine Ben Ali no es de dominio público. Y en Marruecos son los periodistas quienes rompen el tabú: según afirma la prensa, al soberano le toca una asignación mensual de 36.000 euros. Eso es, sin contar el presupuesto real de 216 millones de euros.

Africa

Africa negra es la que tiene peor reputación del mundo. Si bien nadie conoce el monto verdadero de la fortuna de Mobutu Sese Seko, el amo de Zaire durante 32 años, en su momento de mayor poder, los expertos consideran que igualaba, por lo menos, a la deuda del país. El mariscal-presidente, que se jactaba de no recibir salario alguno, encarnó hasta la caricatura la confusión del presupuesto de Estado con la bolsa familiar.

Otros potentados africanos también han caído en la tentación. Donde fluye el oro negro, las comisiones relegan cualquier veleidad de transparencia presupuestaria al nivel de la ficción. Y existe una tenaz tradición que mantiene esa opacidad: las transferencias de fondos a cuentas en el exterior.

Con frecuencia, el tema es tabú. Hasta en Sudáfrica, una nación democrática, es "un tema del que no se habla", según afirmó la embajada de ese país en París. En muchos países, no obstante, el salario anual del jefe de Estado se hace público... aun cuando esa cifra esté muy lejos de representar la totalidad de sus ingresos.

Traducción: Mirta Rosenberg

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