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Mozart y Salieri, en un gran concierto

Viernes 16 de junio de 2006

Concierto de la Camerata Bariloche con músicos invitados, el Orfeón de Buenos Aires preparado por Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni y los solistas Soledad de la Rosa (soprano), Susana Moncayo (mezzosoprano), Carlos Ullán (tenor) y Victor Torres (barítono). Programa: Misa del Emperador, para coro y orquesta de Antonio Salieri (1750-1825) y Réquiem K. 626, para solistas coro y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección musical: Michel Corboz. Organizado por Festivales de Buenos Aires con auspicio de la Fundación Szterenfeld. Teatro Colón. Nuestra opinión: excelente

No pudo ser más reconfortante escuchar a un ramillete de cantantes e instrumentistas nacionales lograr versiones de altísima jerarquía musical respondiendo a la autoridad y sabiduría que emana del maestro suizo Michel Corboz, figura que desde la década del sesenta desarrolla una brillante actividad vinculada a la música coral y sinfónico coral y que por fortuna Buenos Aires apreció en varias oportunidades en las que, como ahora, dejó la marca del auténtico músico que ama su profesión y brinda sus conocimientos con generosidad y fulgor.

Seguramente, la calidad de la ejecución haya sido uno de los factores primordiales para que la audición de la Misa del Emperador, de Antonio Salieri, que se escuchaba por primera vez se trasformara en una apasionante experiencia estética. Es que tanta calidad sonora de voces e instrumentos con una llamativa justeza de ejecución, despertó simultáneamente una mayor atención y reflexiones sobre el lenguaje del autor, al que evidentemente se está conociendo de a poco a medida que avanza esta apasionante serie de conciertos en la que su música se compara con la de Mozart.

Entonces creímos escuchar en las páginas de Salieri a un músico que sin la menor duda conoció y pudo haber sido influenciado por Christoph Willibald Gluck, del que además fue alumno, lógicamente alternado con elementos más cercanos al estilo napolitano. Tanto en el sonido de la orquestación como en el tratamiento melódico se percibieron ciertas semejanzas con el gran reformador de la ópera. ¿Y no fue acaso Salieri uno de los miembros, junto con Sacchini, Méhul y Cherubini, los músicos que en París pudieron haber integrado el germen de una escuela? ¿No fue acaso París la meta de compositores italianos que tantas veces adquirieron su mayor prestigio en la Ciudad Luz?

Pues bien, la obra fue objeto de una magnífica versión. Las plácidas melodías que denotan un germanismo adquirido cuando ya con 24 años de edad Salieri era el compositor oficial de la Corte de Viena, se expresaron con refinamiento y transparencia.

Voces e instrumentos

La Camerata Bariloche y el conjunto de músicos con instrumentos a soplo y timbales que se sumaron tuvieron un desempeño muy sólido al lucir correcta afinación y justeza general, en tanto que el Orfeón de Buenos Aires dejo escuchar sonoridad cristalina y buen empaste de conjunto. Asimismo cabe decir que la obra exige algunos solos importantes y en ellos se lucieron Viktor Aepli, con un sonido de violonchelo amplio, muy calido, y Fernando Hasaj, con su habitual solvencia técnica y expresiva en el violín concertino, destacándose asimismo la calidad superior de Mariano Rey en el clarinete.

En la segunda parte se pudo gozar de una espléndida versión del Requiem K.626, de Mozart, última creación del compositor completada por quien fuera su alumno Franz Xavier Sussmayer, a partir de una interpretación del director Michel Corboz que logró plasmar con acierto, la profundidad y la sobria atmósfera que emana de la composición. Con enorme convicción su propuesta buscó el estilo severo y sin abandonar la imprescindible cuota de potencia germana que existe en toda obra de Mozart.

Así como fue sabio el enfoque estilístico resultó excelente el rendimiento de la orquesta, del coro y de las voces solistas, porque lograron el equilibrio y el empaste concertado del sonido deseado por el autor. Esa obsesión por utilizar las voces humanas como instrumentos fue respetada por los cantantes y reforzada por la habilidad de Corboz en fijar planos e intensidades. El grupo coral lució sus voces frescas y musicales y una muy sólida preparación por parte de sus responsables Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni, que asimismo compartieron el criterio de la amalgama mozartiana.

Soledad de la Rosa lució su cautivante timbre y la atinada actitud de lograr un volumen contenido. Susanna Moncayo exhibió toda su experiencia con buena voz y segura expresión. El tenor Carlos Ullán aplomado y de grato color y Víctor Torres de voz calida y decir igualmente medido se sumaron a la Camerata Bariloche y al Orfeón de Buenos Aires para que el cuarto concierto del ciclo de Festivales Musicales de Buenos Aires se pueda considerar entre los acontecimientos mas valiosos de la actual temporada.

Juan Carlos Montero

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