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Una cantante superlativa

Martes 20 de junio de 2006

Opera "El rapto en el serrallo" , de Wolfgang Amadeus Mozart. Elenco: Soledad de la Rosa (Constanza), Carlos Natale (Balmonte), Leonardo Palma (Osmin), Claudia Montagna (Blonda), Ariel Pecchinotti (Pedrillo) y Sergio Geuna (Bajá Salim). Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda. Coro del Instituto Municipal de Música. Director Ricardo Barrera. Directora de orquesta: Susana Frangi. Teatro Roma de Avellaneda. Nuestra opinión: muy bueno

La alegría que se reflejaba en su rostro, el aplomo para emitir con naturalidad su cristalina voz y su formidable capacidad para cantar con un fraseo rico en matices, desde sonidos delicados y sutiles hasta pasajes de cautivante prestancia fueron algunas de las virtudes que dejó escuchar la soprano Soledad de la Rosa al encarnar a Constanza, en la versión de "El rapto en el serrallo", de Mozart, ofrecida en el Teatro Roma de Avellaneda.

La partitura le otorga a ese personaje tres grandes arias; la primera es "Ach ich liebte...", ya de por sí muy comprometida y el tremendo momento de encarar las otras dos, "Traurigkeit ward mir zum Lose..." aria que es casi un adagio y que se caracteriza por la necesidad de obtener fraseos extenuantes por el ligado perfecto que requiere. Y, por fin, la de bravura, larga, muy difícil, "Martern aller Arten...".

Todas ellas, en versiones que han de conceptuarse como entre las más hermosas y cautivantes escuchadas en muchos años, incluida la de rutilantes nombres registrados en la discografía mundial. Pero su éxito no fue sólo por cantar con seguridad los pasajes con adornos o por haber demostrado poseer una gran extensión de registro, al llegar a las zonas más agudas sin esfuerzo, sino que se sustenta en su innata musicalidad, ese don que no se adquiere, sino que forma parte de los que son elegidos por la naturaleza para ser cantantes.

Otro factor positivo de la versión estuvo a cargo del tenor Carlos Natale, que demostró una vez más sus positivas condiciones vocales como para desarrollar una brillante carrera. Por fortuna, sus pasos parecen avanzar por el camino correcto, sin pausa, pero sin apuros, aunque bien se sabe que los jóvenes son proclives a aceptar con inusitada vehemencia cualquier tipo de compromisos. Y esto lo adjudicamos a la sensación que nos provocó un canto firme y bien fraseado, una emisión distendida y el acierto del criterio estilístico; de ahí, en este sentido, básicamente Mozart debería continuar figurando entre sus mejores maestros, siempre con el tino y la seriedad que ha demostrado para encarar a Belmonte.

Osmin fue recreado por el bajo Leonardo Palma, poseedor de una voz de bajo profundo que no es fácil encontrar en nuestro tiempo y lo hizo con la gracia que reclama un personaje bufo de mucha gravitación en la escena. Su canto se escuchó variable, con momentos aceptables y otros en que hubiera sido imprescindible mayor concentración en cuanto a la afinación y musicalidad.

La joven soprano Claudia Montagna encarnó a Blonde, papel acaso inadecuado para sus actuales medios vocales, que son, desde todo punto de vista, muy prometedores para una excelente carrera. Es que la joven posee una voz excesivamente sonora que, por falta de experiencia, no puede sofrenar todavía como para encuadrarla mejor en el territorio de la lírica liviana y chispeante. Pero eso ya llegará en su momento.

Del mismo modo, el personaje de Pedrillo exige a un comediante que ponga en primer plano el decir con picardía antes que el sonido a pleno, y en este sentido Ariel Pecchinotti se empeñó en lograr un canto voluminoso que debe aligerar. Sergio Geuna fue un correcto Salim, aunque los excesivos cortes operados en los momentos hablados de toda la versión limitaron su protagonismo.

Un puntal de la versión estuvo en la batuta de Susana Frangi, que aun con un conjunto orquestal que debería elevar su calidad general en cuanto a disciplina musical y afinación, logró respetar a Mozart en su dinámica general e infundir con brazo firme seguridad a los cantantes, en especial cuando se trató de los varios y hermosos momentos concertados o cuando contó con la colaboración del coro, bien dispuesto, tanto en la faz musical como en la escénica, donde se vio a un conjunto de agraciadas y jóvenes cantantes.

María Concepción y María de la Paz Perre que además de régisseurs son las productoras de tanto esfuerzo fueron las creadores de un milagro escénico, modesto, sí, pero sensato y noble. Del modo más simple, lograron la atmósfera oriental de un serrallo, con la posibilidad de mutaciones rápidas por el uso de paneles divisorios como si fueran paredes que se movieran sencillamente por la fuerza de la magia de Osmin o del Bajá, una ingeniosa idea que, sin duda, hubiera divertido mucho al propio autor. Por otra parte, las jóvenes artistas demostraron poseer creatividad, buen gusto y pasión por hacer, pero con el placer de un trabajo en equipo, cosa no habitual entre nosotros.

Mañana, el viernes y los domingos 25 de junio y 2 de julio, a las 20.30, se llevarán a cabo las próximas representaciones que, por la buena idea de acortar las partes habladas, se transforma en un espectáculo ideal para la gente joven o para quienes por primera vez tengan el deseo de acercarse al fascinante mundo del arte lírico.

Juan Carlos Montero

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