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No a los celulares en las aulas

Martes 20 de junio de 2006

El uso extendido de teléfonos celulares en las aulas escolares se está transformando en un problema creciente para el normal desarrollo de las actividades lectivas, por lo cual debe ser limitado por las autoridades educativas con el objetivo de garantizar el debido respeto y la concentración que demanda el proceso pedagógico. Para ello será fundamental la comprensión y el respaldo de los padres para que les transmitan a sus hijos conductas que ayuden a eliminar durante las horas de clase las interferencias que no contribuyen en nada a su educación.

La titular de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, Adriana Puiggrós, acaba de ordenar, por medio de una resolución, que los alumnos y los docentes bonaerenses se abstengan de utilizar los teléfonos celulares durante las horas de clase. La prohibición abarca al sistema educativo en sus tres niveles y se fundamenta en que el uso de esos teléfonos en el aula "descentra y desconcentra el proceso de enseñanza-aprendizaje", al tiempo que destaca que para cada medio de comunicación existe un espacio propio de utilización.

No se puede cuestionar que los estudiantes concurran a las escuelas con teléfonos celulares, pero sí que los mantengan activados durante el dictado de clases.

Muchos padres rechazaron la medida con el argumento de que se sienten más seguros si sus hijos portan un celular, ya que les permite ubicarlos y comprobar si no corren ningún peligro. Las autoridades educativas les respondieron que durante la permanencia de los estudiantes en las escuelas "se encuentran dentro de la esfera de custodia integral de los docentes que conducen el proceso de aprendizaje".

Los reparos frente a la medida también llegaron desde los gremios docentes, y las opiniones acerca de su efectividad están divididas entre los propios maestros. En efecto, hay docentes para quienes los celulares son una interferencia, mientras que otros los incorporan con un criterio pedagógico, como ocurrió en su momento con las calculadoras.

Los alumnos admiten que los celulares son utilizados para jugar, enviar mensajes de texto o, incluso, copiarse en los exámenes a través de lo que se ha llamado el "machete electrónico", pero también los defienden como una forma de mantenerse comunicados a toda hora con sus padres. Desde el punto de vista académico, la utilización de teléfonos celulares en las aulas puede ocasionar muchas veces trastornos de aprendizaje, ya que durante el horario de clase alumnos y docentes podrían recibir llamadas, molestando a los otros estudiantes, interrumpiendo las clases y contribuyendo a distorsionar la disciplina que debe prevalecer en los establecimientos educativos.

Según la consultora Latin Panel, el 2,7 por ciento de los 15 millones de celulares en uso (400.000) está en manos de menores

Si bien se considera muy importante asociar los adelantos tecnológicos con la educación formal, limitar el uso de celulares durante las horas de clase permitirá el debido respeto y la concentración que demanda el proceso pedagógico. No menos importante es la cuestión referida a las eventuales sanciones que recaerían sobre quienes activen su celular en el aula a pesar de la prohibición impuesta. Según las autoridades educativas, la cuestión se resolvería en el marco de los acuerdos de convivencia de cada escuela. En cualquier caso, es de esperar que quienes no cumplan con la norma tengan su correspondiente sanción, pues de lo contrario la resolución dictada por Puiggrós pasaría a ser letra muerta en muy poco tiempo.

La conducta de cero tolerancia con el uso de celulares en las aulas puede parecer dura, pero es la respuesta inexorable frente a los abusos de alumnos y profesores. Además, su objetivo es loable: que el estudiante se enfoque en el aprendizaje.

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