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Via Libre/Música

Misa con tenor criollo

Espectáculos

Vuelve la obra clásica de nuestra música popular

El Martes próximo se realizará en el Luna Park una nueva puesta de la "Misa Criolla", de Ariel Ramírez, que contará con la presencia del tenor José Carreras como intérprete principal

Corría 1987. La pequeña iglesia de La Bien Aparecida en Laredo (España) aprestaba todas sus galas para la grabación de la Misa Criolla de Ariel Ramírez, sobre textos del Ordinario de la Misa Católica, Apostólica, Romana.

En el verano español -julio- un coro de cien voces, formado por pescadores, la Coral de Laredo y coreutas vascos, dirigido por el maestro mendocino Damián Sánchez, se habían preparado durante quince días de ensayos con los coros españoles para seguir -valga el vocablo- religiosamente a la voz solista de José Carreras, en ese tiempo ya afectado por la leucemia.

El maestro Damián Sánchez recuerda esos momentos en que los equipos de la Philips holandesa registraban tal acontecimiento musical desde el ábside de esa iglesia edificada sobre una colina, con los últimos adelantos de la tecnología digital y Carreras cantando a su lado.

Tal debut de Carreras en la Misa Criolla implicaba un nuevo lanzamiento mundial. De allí que en noviembre de 1988 Ariel, Carreras y el coro emprendieron una gira por distintas ciudades de Europa. "Desde entonces, comenta Ariel, no he parado. Todos los años se canta entre cuatro y cinco veces la Misa, ya sea en Europa o en los Estados Unidos."

Hoy vuelve José Carreras para presentar como primicia latinoamericana, el 3 de diciembre en el Luna Park, la hoy mundialmente famosa Misa Criolla, tras el multitudinario concierto que ofrecerán el 30, en Porto Alegre (Brasil).

Ariel Ramírez se siente feliz y sin desdeñar a los anteriores solistas de la Misa, como Zamba Quipildor que la cantó en muchos rincones del mapa, rescata la interpretación del tenor Carreras. "Es un sueño cómo la canta ahora. El me confesó hace poco, en un encuentro casual que tuvimos en la ciudad de Oviedo (España) en que alabé sus dotes canoras: «Ahora la sé bien a la Misa». Su comunicación es fabulosa."

El maestro Ramírez presentó sus dos misas en Holanda: la Criolla y la Por la Paz y la Justicia, con el solista argentino Javier Rodríguez. La Misa por la Paz... en las ciudades de Layden y Eindoven. Y la Misa Criolla, más tres temas de la Misa Por la Paz ... accederán esta vez con ciento veinte voces a ese prestigioso templo de la música clásica: el Concertgebouw de Amsterdam. Antes de acceder al Luna Park, la obra de Ramírez se ofrecerá en Montevideo, Paysandú y Porto Alegre.

A propósito de los hitos de la Misa Criolla, es imposible olvidar aquel diciembre de 1995, en que la voz de Mercedes Sosa la hizo suya junto a quinientos cincuenta coreutas de todo el país en el estadio de Mendoza.

Fuimos testigos de aquella versión inolvidable, en la que la Misa accedió a cumbres insospechadas, aunque lamentablemente no quedara registrada en un disco. Paradójicamente, fue la versión más vibrante, auténtica y fidedigna, de estos ritmos sobre los que están construidas las hermosas melodías de Ramírez.

Es posible que tras la actuación del Luna Park, la Misa inicie su periplo por varias capitales de América latina.

Una pintura musical de nuestra cultura

Ariel Ramírez comenzó a trabajar en la reconocida obra en 1963 La "Misa Criolla" intenta un acercamiento, a través de la música, entre el hombre común de estas tierras y Dios, en la lengua de nuestros mayores.

Misa: "sacrificio incruento", lo define el diccionario de la Real Academia. Pero todo el mundo sabe que se trata de un oficio religioso por el cual el sacerdote ofrece a Dios, bajo las especies del pan y el vino, el cuerpo y la sangre de Jesús.

Misa, en su más remota etimología, esto es: en el bajo latín, significó precisamente eso: envío. Y también despedida. Todo lo cual nos confirma que es en las etimologías -no obstante que algunas se consideren apócrifas- donde reside la sabiduría popular (la verdadera sabiduría), sustentada, en este caso, por el verbo mittere, que significa enviar.

En el rito Católico Apostólico Romano el llamado Ordinario de la Misa consta de las siguientes partes: Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus (Benedictus) y Agnus Dei.

Hasta antes del Concilio Ecuménico Vaticano II -primera mitad de los años sesenta- tales partes se rezaban (o cantaban) en latín. Y el sacerdote oficiaba de espaldas al pueblo. La cuota esotérica del uso del latín en la iglesia, contenido en el Kyriale, esto es: el libro de la música oficial litúrgica, en el que imperaba el Canto Gregoriano sería, por sí misma, tema para un amplio desarrollo, pero excede el propósito de estas líneas.

Precisamente en tal congreso mundial de obispos, la Iglesia decidió convertir el rito dicho en palabras latinas, apenas intuidas por los feligreses, en algo más comunitario y participativo, donde esos fieles pudiesen comprender claramente, mediante el uso del propio idioma, el valor y el sentido de las palabras proferidas en sus rezos y cánticos.

Tal acercamiento de la Iglesia a los creyentes y practicantes del culto por vía de la lengua de cada país o región, llegó acompañada de un gesto elocuente: el oficiante celebró la Misa de cara al pueblo y el altar se aproximó a la nave crucero (debajo de la cúpula de cada templo).

La consecuencia implicó también que la Misa cantada incluyera -amén de los idiomas vernáculos- los ritmos y cadencias de cada país.

Es en este instante cuando la palabra católico, asumido por la Iglesia Romana, cobra su real dimensión. Porque katolikós (en griego), amén de implicar lo verdadero, lo infalible, significa universal, común a todos.

Fue entonces que tal Misa cantada -oficio situado entre la Misa solemne (compuesta de cantos y rezos) y la Misa simplemente rezada (sin canto), se extendió por toda la tierra en todos los idiomas .

Uno de los primeros antecedentes del cambio ecuménico en lengua vernácula -registrado a mediados de este siglo- fue la Misa Luba, compuesta sobre ritmos congoleños.

Estamos hablando de misas que forman parte del rito, sin olvidar, por cierto, aquellas obras maestras de la música que -sacras o profanas, polifónicas u homófonas- fueron sus ilustres predecesoras. Las noventa y tres de Giovanni Pierluigi da Palestrina, las diez de Tomás Luis de Victoria, la Misa en Si menor, de Juan Sebastián Bach, las ocho grandes misas y las diez misas brevis de Wolfgang Amadeus Mozart, la Missa Solemnis en Re, de Ludwig van Beethoven, las seis misas de Franz Schubert, las siete de Anton Bruckner...

La Misa Criolla

Fueron tres curas los inspiradores y protagonistas de la creación -hoy famosa en el mundo entero- del pianista y compositor Ariel Ramírez en aquel año de su gestación, 1963.

El maestro Ramírez, ya entusiasmado con la idea del padre Alejandro Mayol de que se escribiera una misa argentina que recogiera los ritmos de nuestro folklore recurrió -previsor, don Ariel- al reverendo Osvaldo Catena, asesor de liturgia para América latina. Y al concluir su esbozo musical sobre el texto sagrado, encomendó el arreglo coral al presbítero Jesús Gabriel Segade.

Fue todo un gesto de compositor y sacerdotes que buscaban el reencuentro del hombre común con Dios en ese oficio religioso pronunciado en la lengua de nuestros mayores, el bienamado castellano.

Ariel Ramírez emprendió entonces el camino de búsqueda del espíritu religioso para lograr su simbiosis con las voces de la propia tierra.

Y así, encontró, para el Kyrie eleison (Señor, ten piedad de nosotros), en ritmos de vidala, que en el Christe eleison (Cristo, ten piedad de nosotros) asume los lacerantes intervalos de quinta y cuarta, propios de la baguala.

El Gloria le pidió un ritmo festivo, de regocijo, para alabar a Dios. Y surgió el carnavalito, que recala tranquilo en un largo tramo hacia mitad (Señor, hijo único, Jesucristo), para retomar hacia el final los gozosos acentos del altiplano.

El Credo -obviamente confesión de fe- debía constituir una reafirmación del dogma (Creo en Dios). Y el compositor creyó encontrarla en los giros contundentes de una chacarera trunca. Chacarera que deviene en otra expresión del folklore imaginario, y que aquí cobra, incluso, visos dramáticos.

El Sanctus proponía musicalmente otra instancia exultante, que en otros compositores estimuló incluso la grandiosidad de lo mayestático. Ariel prefirió el ritmo de carnaval de la Cochabamba boliviana. El clima no podía ser más apropiado. Y descartó al mismo tiempo la tentación de convertir el Benedictus (conclusión del Sanctus) en otra pieza de tentativo lirismo operístico, en el que cayeron creadores de todos los tiempos, cuando el texto (Bendito el que viene en nombre del Señor ¡hosanna en las alturas!), es laudatorio.

En el Agnus Dei (Cordero de Dios) con el que termina la Misa Criolla, el compositor regresa a la unción religiosa del Kyrie, por medio del ritmo pampeano de estilo. (identificarlo como estilo pampeano, es redundante).

La Misa Criolla de Ariel Ramírez honra a nuestra música al expresar nuestra cultura, nuestro paisaje, y al idioma de Cervantes, mientras recorre todos los rincones de la tierra.

Para sus coreutas -y sobre todo para sus solistas- implica un desafío: el de conjugar la esencia, la gracia intrínseca de nuestros ritmos autóctonos con el fervor de la oración cristiana. .

René Vargas Vera
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