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Escenario

Cuando el lobby está bajo sospecha

Economía

La actividad casi no está regulada en el país, aunque hay quienes dicen que no es necesario hacerlo; una norma de Kirchner no se cumple

Por   | LA NACION

¿Quién no oyó alguna vez que determinado personaje estaba haciendo lobby en el Congreso, que las empresas contratan a lobbistas para fogonear proyectos impositivos que los pueden beneficiar o que el Presidente está cansado del lobby de las corporaciones?

Sin embargo, la actividad de lobby continúa siendo un tema tabú en la Argentina. La informalidad en la que se mueve, sin reglas ni controles, la ha colocado en una zona gris, no por la carencia de inteligencia de quienes la ejercen, sino porque en ella conviven los amantes de la transparencia con los que directamente practican lo que el Código Penal identifica como tráfico de influencias.

"El concepto de lobbista tiene una carga tan negativa en la sociedad que nadie quiere llamarse lobbista." La franqueza de Ignacio Bracht, ex director de asuntos públicos y comunicaciones corporativas de Telefónica y titular de una consultora de asesoramiento empresarial, puso en su justo punto un asunto del que muy pocos quieren hablar con nombre y apellido. "Nadie o muy pocos quieren dejar las huellas digitales, sobre todo cuando los asuntos que se tratan son delicados", apuntó otro conocedor de la entretela de la convivencia -¿connivencia?- entre el sector privado y el público.

"Las prácticas actuales no ayudan porque no hay mucha transparencia; hay mucha informalidad, y esto también tiene que ver con la falta de espacios de discusión y deliberación institucionalizados", señaló Silke Pfeiffer, directora en el área de transparencia de Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). La investigadora alemana, que está haciendo un trabajo sobre lobbying en la Argentina, destacó también que contribuyen a esa situación los "altos niveles de discrecionalidad en el Poder Ejecutivo, que abren canales informales que pueden dar espacio para la corrupción".

La gestión de intereses ante el poder político, como también se conoce a la práctica de lobby en nuestro país, es tan vieja como la política misma. Pero la ausencia de regulaciones y de identificación formal de quienes ejercen esa actividad, al contrario de lo que ocurre en los Estados Unidos, más la carencia de instituciones sólidas, han contribuido a generar sospechas de corrupción. Casos no probados de presuntos pedidos de coimas o pagos de sobornos en el Congreso en las últimas décadas han sido suficientes para sembrar dudas sobre una actividad profesional necesaria para el desarrollo de los mecanismos políticos de las democracias modernas.

Bien económico superior

"El lobby es un bien económico superior. Refleja un alto nivel de sofisticación institucional que la Argentina no tiene", comentó un experimentado lobista, que dirige una empresa de asesoramiento en imagen y comunicaciones institucionales, y que pidió no ser identificado.

Los empresarios, profesionales del lobbying e investigadores de organizaciones no gubernamentales que luchan por una mayor transparencia en la gestión pública coincidieron en señalar que en la Argentina de Néstor Kirchner la gestión de lobby se está concentrando más en los organismos dependientes del Poder Ejecutivo que en el Congreso, el escenario donde se desempeña la mayor parte de la actividad de gestión de intereses en los países altamente desarrollados.

La concentración del poder en el Presidente y la delegación de facultades por parte del Congreso en el Poder Ejecutivo han ayudado a que la tarea de influir o tratar de torcer las decisiones oficiales gire hacia la Casa Rosada o los principales ministerios.

Sin embargo, los viejos lobistas que tuvieron una actuación central en la década de 1990, cuando hubo mucha concentración de poder en la administración de Carlos Menem, que luego se repartió en el Congreso en el ocaso del menemismo, dicen que apostar hoy sólo a los empinados funcionarios del Gobierno puede tener beneficios en el corto plazo, pero quien corte los lazos o enfríe la relación con los legisladores habrá resignado espacios cuando el poder del kirchnerismo naturalmente pierda fuerza.

"El lobby aparece cuando hay intereses específicos", dice el diputado Federico Pinedo (Pro-ciudad de Buenos Aires), promotor de mecanismos de regulación que doten a la actividad de mayor transparencia pública. "En esos casos es común que [las empresas] hablen más a nivel de presidentes de bloque, pero también hay lobby oculto, absolutamente nocivo", afirmó.

Abrepuertas

"¿Por qué en los Estados Unidos se hace en el Congreso? Porque el poder está ahí; el poder de influir está ahí", señaló Gonzalo Fernández Madero, presidente de Open Group, consultora en comunicación y asuntos públicos, y ex director de asuntos corporativos del holding Bunge & Born. Para el experimentado consultor, hay que hacer una clara distinción entre quienes representan a las empresas en defensa de sus intereses y buscan influir para que determinadas medidas no afecten sus negocios o sean perjudiciales en última instancia para la comunidad, y quienes ejercen de "abrepuertas". Para hacer bien el trabajo se tiene que conocer a fondo el asunto de modo de estar en condiciones de poder ir a una comisión del Congreso o reunirse con funcionarios técnicos y tener argumentos sólidos.

Esa diferencia es fundamental para comprender este asunto. Ex funcionarios o legisladores con aceitados contactos con el poder político cuando abandonan la gestión pública se reinsertan en el mercado laboral como gestores.

Formalmente no son lobistas, pero ejercen como tales, con un poder de influencia y llegada tan importante que, a la hora de destrabar o acelerar controvertidas iniciativas, se convierten en las personas más buscadas y cotizadas del ambiente.

"La contratación de los «amigos del poder» para gestionar algún beneficio acaba con todas las argumentaciones y la solidez que pueden ofrecer los lobistas profesionales", concluye Silke Pfeiffer, después de haberse entrevistado con más de 60 empresarios, directivos, funcionarios y legisladores para su investigación sobre lobby y corrupción.

"Tiene que haber una interacción entre el sector privado y el público, porque no es posible que éste conozca en detalle lo que ocurre con el primero. Hay que brindar una información clara y transparente, explicar cómo funciona una industria, qué pasa con la inversión y con la mano de obra. Esto no quita que existan acciones puntuales sobre cómo redirigir una medida o una gestión que pueda significar un beneficio para una empresa determinada. El problema es cuando se hace entre gallos y medianoche", señaló Enrique Federico, director de DaimlerChrysler Argentina.

Buena parte de los ejecutivos que durante años representaron a las empresas en la mediación con el sector público han abierto sus propias compañías de asesoramiento. El know how , en gran número de casos, lo adquirieron lidiando con militares que todo lo controlaban a fines de la última dictadura, en los albores de la democracia, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, en la etapa de las desregulaciones y las privatizaciones de Carlos Menem, y la graduación les llegó con la explosión de la crisis económica de fines de 2001.

También hay estudios de abogados que se realizan gestión de intereses. Javier Negri, del estudio Negri & Teijeiro dijo que como decisión estratégica su estudio no hace lobby. Sin embargo, explicó: "En muchos casos el diálogo franco con los funcionarios permite sugerir alternativas para situaciones controvertidas, que luego se ven reflejadas en normas de carácter general.

"Ello exige confianza recíproca: los funcionarios deben tener la certeza de que los abogados no obtenemos así beneficios ilegales para nuestros clientes y nosotros, la seguridad de que nuestras sugerencias no serán adulteradas".

A solas

Un ex banquero que recorrió los pasillos del poder durante los últimos 25 años coincide en que estos son tiempos de ejercer influencia en los cómodos despachos de los ministros, secretarios, aunque sin olvidar ni despreciar al Congreso por más peso que haya perdido en las decisiones. Opina que esto es coyuntural y que tarde o temprano se va a revertir.

Las cámaras empresariales, estructuras naturales donde la defensa o promoción de los intereses del sector dominan la escena, han ido perdiendo fuerza en la consideración del kirchnerismo.

"Al Gobierno le gusta hablar más directamente con las empresas, con los números uno de las compañías, los CEO, y si son nacionales, mejor", confió un alto directivo de una firma multinacional europea. "Antes también pasaba, pero sólo estaban para los anuncios importantes, porque detrás había equipos de trabajo que eran quienes negociaban directamente. Pero ahora quieren hablar con los número uno -agregó- y la agenda está más dominada por el día a día que por el largo plazo".

Para poner en contexto, según explicó el directivo, es el capitalismo de amigos del que tanto habla el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, lanzado ahora a ganar un espacio como candidato presidencial, y que tanto enoja a la Casa Rosada.

El gobierno de Néstor Kirchner dio un paso importante cuando puso en marcha un decreto de transparencia sobre lobbying . Pero una de sus obligaciones, publicar las audiencias de gestión de intereses de los funcionarios, se cumple a medias.

Hay pocas excepciones, como es el caso del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, pero no mantienen actualizadas en las páginas de Internet el registro de audiencias concedidas. La ministra de Economía, Felisa Miceli, por ejemplo, directamente no tiene ninguna entrevista declarada "de gestión de intereses o cualquier otra", según se puede comprobar en la página web del Palacio de Hacienda, donde deben figurar sus reuniones como ordena el decreto 1172 firmado por Néstor Kirchner en 2003, el primer año de su presidencia ( www.mejordemocracia.gov.ar ).

¿Esto quiere decir que no hay encuentros o gestiones de lobby como reconocen los empresarios? No. Ese tipo de audiencias se traslada a confiterías o restaurantes.

"Muchas veces, cuando hay cuestiones importantes de las que hablar y no se quiere que trasciendan, hay cafés o almuerzos fuera de los despachos oficiales", indicó un ejecutivo, acostumbrado al trato del poder y que ahora se ha amoldado a las costumbres impuestas por el kirchnerismo. .

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