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San Antonio de Areco, pilar del turismo rural de Buenos Aires

Desde 2002 se duplicaron allí el número de comercios y el valor de los terrenos

Lunes 10 de julio de 2006
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LA NACION

SAN ANTONIO DE ARECO.- "El paisaje, la inmensidad del horizonte, la atmósfera de calidez, la gente." Son las sensaciones que despierta en Candice Huang Ho, originaria de Taiwán, este distrito situado a unos 120 kilómetros de la Capital que hoy florece gracias al boom del turismo internacional.

Revuelve un té de hierbas en el salón comedor de la estancia El Ombú e intenta, así, explicar el atractivo del lugar que ella, como su hija, la amiga que la acompaña y otros miles de turistas de distintos puntos del planeta, ha descubierto en el corazón de la pampa húmeda.

"El campo argentino es famoso y uno se maravilla con sus paisajes, su forma de vida, sus gauchos...", dice Andrea Cunnings, oriunda de Chicago, en un aceptable castellano. A su lado, su marido, Rick Blacke, agrega: "...y sobre todo, sus carnes".

Llegaron para pasar el día, como lo hacen muchos extranjeros que luego de haber recorrido las cataratas del Iguazú, la Patagonia u otros destinos turísticos más tradicionales del país recalan por un día en una estancia para descansar del ajetreo que imponen las distancias en los paquetes turísticos.

Por perfil colonial y su historia -es la cuna de Ricardo Güiraldes, autor de "Don Segundo Sombra", pilar de la literatura gauchesca-, San Antonio de Areco, fundada en 1730, es uno de los destinos principales del turismo rural en la provincia de Buenos Aires.

El último año recibió 170.000 visitantes. De 2002 a la fecha el municipio -en el que viven 23.000 personas- duplicó la cantidad de comercios habilitados, y el valor inmobiliario de la tierra, tanto en el casco urbano como en el campo, se triplicó, dice el intendente local, Eduardo Jordán.

"Se revitalizó la economía, que ahora genera mano de obra, y se logró revertir el éxodo de jóvenes que antes se iban porque acá no tenían posibilidades", acota el director de Turismo comunal, Patricio Santos.

La intendencia, que a diario recibe consultas sobre inversiones inmobiliarias en hotelería, gastronomía y otros servicios, ha comenzado a desarrollar una normativa para impedir que la ciudad pierda su aspecto antiguo: se prohibió la construcción de edificios, se reguló la conservación de fachadas y se limitó la cartelería de los comercios.

Además, recientemente se permitió la circulación de carros y carruajes en el casco urbano. En el partido funcionan ya cinco establecimientos dedicados al turismo rural. Además, hay en el pueblo 16 hoteles pequeños, lo que completa una capacidad total de alojamiento de unas 500 personas.

No a las cadenas hoteleras

"Nosotros no aceptaríamos la instalación de una gran cadena hotelera; tenemos una escala reducida y, en promedio, los hospedajes tienen capacidad para 14 personas", explica Santos. En los pequeños poblados del distrito, como Villa Lía y Duggan, considerados "pueblos rurales", también se desarrollan programas de turismo.

En Villa Lía, por ejemplo, funciona un museo de la inmigración, declarado de interés provincial, donde se exponen objetos vinculados con la vida cotidiana de los inmigrantes que llegaron a esta zona. También hay una exposición permanente de viejas máquinas de tracción a sangre.

"El paso por aquí a nadie le resulta indiferente porque hay cosas que nuestros antepasados nos legaron y que forman parte de nuestra historia", dice Selva Carrugatti, propietaria del museo Rostros de la Pampa, que en 2005 recibió más de 4500 visitantes y en lo que va del año ya lleva 3300.

A unos ocho kilómetros del pueblo está La Bamba, que podría ser considerada una de las estancias pioneras del turismo rural en el país. En abril último, este viejo casco propiedad de la familia Aldao, que data de 1830, cumplió dos décadas recibiendo turistas.

"Todo el año tenemos extranjeros; llegan por recomendación, por la consulta de guías turísticas o por Internet", dice Patricia Rial, encargada del lugar, con capacidad para alojar a 24 personas. Reconoce que la devaluación del peso dio un vuelco definitivo en favor de la actividad y produjo un flujo muy intenso de visitantes.

Estadounidenses, alemanes y sudamericanos ocupan los primeros puestos en el ranking de visitantes. "Andan a caballo, descansan, algunos van a pescar y pasan horas y horas sentados en la galería sólo observando el campo; les fascinan las distancias y los colores", explica Rial.

Ayudado por un gaucho, Alekz Hirschmann sube a dos de sus hijos a un caballo. Aunque el caballo no se mueva, los niños están encantados. "Es una vida tranquila, familiar, con mucho encanto", comenta el hombre, que junto con su esposa argentina llegó desde Massachussets para pasar aquí una de sus cuatro semanas de vacaciones.

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