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Delicias de un dandy irrepetible

La publicación de los cuentos completos del genial escritor inglés, aquí y en España, vuelve a poner en circulación una de las obras más exquisitas de la literatura

Domingo 16 de julio de 2006
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LA NACION

Una tarde de verano de 1915, en Rutland, típico pueblito de la Inglaterra victoriana, un adolescente aburrido decidió llevarse a su habitación ese libro que había visto más de una vez sobre una mesita en la casa de Mrs. Ashtley Cooper, su ocasional anfitriona. El libro en cuestión era Animales y más que animales (Beasts and Superbeasts) , y su autor, el escritor Hector Hugh Munro, más conocido por su seudónimo Saki. "Me lo llevé al dormitorio, lo abrí casi por casualidad y fui incapaz de irme a dormir hasta que no terminé de leerlo". Esa noche acababa de nacer la vocación literaria de uno de los escritores más interesantes del siglo XX: ese adolescente era Noël Coward. Por supuesto, a partir de ese momento admirador ferviente de aquel que le había revelado su destino.

En 1967, exactamente cincuenta y dos años después de aquella tarde mágica, Coward contaba así su iniciación literaria en un prólogo a las obras completas de Saki, cuyos cuentos y novelas eran entonces para él "tan deliciosos y -por usar una palabra de la que mucho se abusa hoy- sofisticados como la primera vez que fueron publicados".

¿Qué hay en Saki y en sus cuentos que no sólo provocaron la inmediata adhesión de un espíritu inconformista como ya era Coward en 1915 (léanse, si no, sus confesiones en Presente de indicativo , el primer tomo de su autobiografía), sino que ahora, en los comienzos del siglo XXI, logra que la editorial Alpha Decay en España y la editorial Claridad aquí, en la Argentina, publiquen su obra cuentística completa por primera vez en español? Parece que a casi noventa años de su muerte, ocurrida el 13 de noviembre de 1916, la obra de H. H. Munro sigue su camino, tan brillante y tan "políticamente incorrecta" como siempre.

Macabro, ácido, divertido

No son muchos los escritores que pueden jactarse de merecer una colección de adjetivos semejante: macabro, ácido, muy divertido... pero también implacable, amargo y cruel, sórdidamente irónico. Hay incluso algunos críticos que lo han tildado de "misógino, antisemita y militarista", de acuerdo con los variables criterios de época. A Saki se lo ha comparado con Oscar Wilde con justicia; Borges señala que "da un tono de trivialidad a relatos cuya íntima trama es amarga y cruel. Esa delicadeza, esa levedad, esa ausencia de énfasis puede recordar las deliciosas comedias de Wilde".

También se ha dicho que es el antecedente directo de escritores contemporáneos como Tom Sharpe y el magnífico Roald Dahl -Willy Wonka quizá no existiría si antes el Conradín de "Sredni Vashtar" no hubiera consumado su increíble venganza-, y Graham Greene lo consideró el mayor humorista del siglo XX.

El objeto de tantos elogios ha dejado, sin embargo, una obra no muy extensa: cinco libros de cuentos, tres novelas, tres breves obras de teatro y un libro histórico ( The Rise of the Russian Empire , la historia de la nación desde el advenimiento de los Romanov hasta 1899), hecha en poco menos de diecisiete años, desde el mismo momento en que decidió "ganarse la vida escribiendo".

Pero no parecía al principio que ése fuera a ser su destino. Había nacido en el seno de una familia militar, el 18 de diciembre de 1870, en Akyab, Birmania (actual Myanmar), antigua colonia británica y lugar donde su padre se desempeñaba como oficial de policía. Cuando apenas tenía dos años, tras la muerte de su madre, fue enviado a Inglaterra junto con sus dos hermanos, Ethel y Tom, y quedó en casa de su abuela. Allí, en el delicioso Barnstaple (condado de North Devon), cerca del mar y en medio de la adorable y verde campiña inglesa, iba a ser educado por dos tías solteronas, aparentemente dos mujeres muy amargadas y poco aptas para entender y cuidar de un niño con características excepcionales como Hector Hugh. Las luces y las sombras de esa rígida educación van a estar reflejadas de muchas maneras en su obra. En el cuento "El Sanjak perdido" escribe: "Una tía del hombre realmente asesinado, una mujer espantosa, de inteligencia obviamente inferior, me identificó como su sobrino"; y en "Adrián, un capítulo de aclimatación", el narrador concluye que "Susan Mebberley era una mujer encantadora, pero era también una tía". Todas las mujeres en Saki pueden ser más o menos encantadoras, pero seguramente siempre serán crueles.

De profesión, escritor

Tías y tutoras ignorantes y muy severas, y una salud algo precaria no eran la mejor base para salir adelante en este mundo. Sin embargo, y a pesar de ello, Munro se las arregló para estudiar en Exmouth y después en la Bedford Grammar School humanidades, ciencias naturales, historia europea y varios idiomas. Después de algunos viajes por Europa, con su padre y sus hermanos recaló en Davos, Suiza. Siguiendo la tradición familiar, ingresó en la policía en Birmania, pero muy pronto, al año de estar allí, enfermó de malaria y se vio obligado a volver a Inglaterra.

Fue entonces cuando decidió que escribir podía ser la profesión con la cual ganarse la vida -un punto de vista totalmente opinable- y empezó a colaborar con unas crónicas políticas para Westminster Gazette . Consiguió trabajo como corresponsal en el Morning Post y viajó por los Balcanes, Rusia, Polonia y Francia. En ese momento, 1900, publicó su historia sobre el imperio ruso. En 1902, apareció su segundo libro, The Westminster Alice , una parodia de la Alicia en el país de las maravillas , de Lewis Carroll, en el que se dedica a analizar críticamente la política inglesa durante la guerra de los bóers; con este libro nació también su célebre seudónimo, Saki, tomado aparentemente de la versión inglesa de los Rubaiyat de Omar Khayyam. La palabra estaría designando al copero que escancia el vino de los dioses ( cupbearer ), aunque existen otras versiones sobre su origen y significado.

A partir de entonces se sucedieron las publicaciones: su primer libro de cuentos cortos, Reginald (1904); Reginald en Russia (1910); Las crónicas de Clovis (1911); The Unbearable Bassington (novela, 1912); Animales y más que animales (1914) y la novela de anticipación When William Came (1914), una fantasía político-histórica donde describe a Inglaterra ocupada por los alemanes. Justamente, al comienzo de la Primera Guerra Mundial se enroló como voluntario y murió en acción, en Francia, con el grado de sargento de los Royal Fusiliers. Dejó dos libros póstumos, Juguetes para la paz (cuentos, 1919) y La cuadratura del huevo (1924) que reúne sus apuntes "patrióticos". Tres obras de teatro, The Death-Trap , Kart-Ludwig s Window y The Watched Pot , completan su obra literaria.

Mujeres, niños y gatos

Tres fotografías de H. H. Munro son las más conocidas y uno no puede dejar de imaginar que la primera, donde se lo ve joven e impertinente, vestido de negro y con sombrero, podría corresponder perfectamente al aspecto que el lector se imagina para sus alter ego literarios: Reginald, Clovis o el "insoportable" Comus Bassington. En las otras dos ya pasó la vida por él: una lo muestra pensativo, con poco pelo, triste casi; la otra, vestido de oficial, listo para marchar al frente, un hombre común decidido quizás en lo más íntimo a cometer un suicidio patriótico, como Lester Slaggby, el protagonista de "El huevo de Pascua".

En muchos de sus cuentos Reginald y Clovis son personajes centrales, ya como protagonistas, ya como narradores o testigos imperturbables de las pequeñas tragedias cotidianas que se desarrollan ante sus ojos. Los dos remiten a un mismo tipo de hombre, joven, muy joven, pero de edad lo suficientemente ambigua como para que no se sepa si es todavía un adolescente o un adulto; refinado y frívolo, aparentemente más preocupado por si la corbata hace juego con el color de su chaleco que por la política, y definitivamente perturbador del orden establecido, tanto para con su familia como para con la de los amigos; cualquiera de ellos podría pasar perfectamente por el Lord Goring de Un marido ideal , de Oscar Wilde. Y también como Lord Goring, estos jóvenes encantadores se erigen en críticos terribles de la sociedad aristocrática en la que actúan, anterior a la guerra de 1914, superficial y rígidamente estratificada y por eso mismo a punto de colapsar y desaparecer, como en efecto sucedió.

Mujeres, niños y animales -sobre todo, gatos, salvajes o domésticos, grandes o pequeños- son los otros protagonistas importantes de los cuentos de Saki. Tres son los arquetipos de mujer: la cínica baronesa de "Esmé", que inmediatamente adopta a la hiena encontrada en el camino, durante una cacería; la silenciosa Lady Anne de "La reticencia de Lady Anne", y la temible Mrs. De Ropp de "Sredni Vashtar", a la que su entenado denomina con no poco terror The Woman . Los niños pueden ser simplemente molestos, molestos pero muy inteligentes, o siniestros y muy inteligentes (como el niño-lobo, en "Gabriel-Ernesto"). En cuanto a los animales, pocos querrían tenerlos como mascotas en su casa, pero no se puede negar que para Saki son los mejores testigos para analizar con fría lucidez a sus tontos e hipócritas dueños. Tobermory, el gato que aprendió a hablar en perfecto inglés, y el perezoso Don Tarquinio de "La reticencia..." son, indudablemente, mucho más interesantes que los humanos que los rodean.

El sentido de la justicia

Saki no tiene lectores, tiene fanáticos. Como tal, cada uno puede hacer su propia selección y es indudable que hay por lo menos diez, doce o más cuentos antológicos que no podrán faltar (curiosamente, se acaba de publicar en Cuba El número trece y otros cuentos de humor , una antología de cuentos de Saki, en la Editorial Arte y Literatura). Citando de memoria, deberían leerse, además de los ya nombrados, "El tigre de Mrs. Packletide", "El ratón", "La cura de inquietud", "Reginald", "La loba", "Tobermory", "Laura", "El tatuaje", "La música en la colina" y "Los sabuesos del destino" (dos auténticas piezas de horror), y "La ventana abierta" y "El narrador" ("The Story-Teller", conocido también como "El cuentista" o "El narrador de cuentos"). Estos dos últimos, espléndidas lecciones de cómo y por qué escribe un escritor.

Los críticos han admirado y admiran en Saki la precisión y despojamiento del idioma -para algunos, fruto de su paso por el periodismo-, su humor como elemento esencial e insustituible de toda su obra, su capacidad para narrar las situaciones más inverosímiles con una aparente sencillez que esconde al gran estilista. Claro que, como también advierte Coward, le faltan los ingredientes necesarios como para transformarse en un best-seller, pero le sobran los atributos de la alta literatura para ser un maestro de la prosa inglesa para los escritores que lo continuarán; por ejemplo, T. S. Eliot. La prueba es que sus cuentos nunca han dejado de publicarse en Inglaterra, ya sea en antologías o en las obras completas ( The Complete Works o Complete Short Stories , Penguin Books, varias ediciones).

Pero lo que le otorga a H. H. Munro su condición de clásico es su profundo sentido de la justicia, de la ética. Saki está siempre de parte de los débiles y de los perseguidos por la prepotencia de los más fuertes o por, lisa y llanamente, la estupidez humana, tan difícil de evadir (quizá su condición de homosexual dentro de una sociedad intransigente haya sido un motivo extra). Los personajes de sus cuentos nunca son héroes, sino antihéroes y de una actualidad descorazonadora (en eso se parecen mucho a los de J. D. Salinger), que apelan al humor como única y última arma de defensa.

Dice Borges en "La Trama" que al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías. Estas palabras bien pueden aplicarse a la última frase que Saki pronunció en vida. Es Graham Greene quien cuenta cómo murió Munro en el ataque a Beaumont Hamel. Estaba escondido en un cráter de obús y dicen que se le oyó gritar: Put that bloody cigarette out! ("¡Apaguen ese maldito cigarrillo!"). Un instante después, un certero disparo de un francotirador le atravesó la cabeza. Una muerte irónicamente absurda para el más irónico de los escritores ingleses.

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