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Opinión

La invasión de Israel, la guerra de Siria

El Mundo

Por Michael Young
De The New York Times

BEIRUT.- La incursión de Israel en el Líbano después de que Hezbollah secuestrara el miércoles a dos soldados israelíes es mucho más que otro enfrentamiento en una frontera tensa. También debe considerarse un resultado del contraataque general contra el poder estadounidense e israelí en la región por parte de Irán y Siria, que operan por intermedio de Hezbollah y de la organización palestina Hamas.

Sin embargo, si Estados Unidos y sus asociados del Consejo de Seguridad de la ONU son inteligentes, pueden aprovechar esta crisis para avanzar en el logro de sus propósitos de seguridad en Medio Oriente y para ayudar al Líbano a emerger de su pantano político.

Esto no implica que el ciclo de ataques y represalias entre Hezbollah e Israel representa tan sólo una guerra entre apoderados. Ambas partes han estado desde hace mucho tiempo enfrentadas en el sur del Líbano, aunque, desde la retirada de Israel en 2000, el enfrentamiento se ha limitado a un pequeño territorio en disputa y ha sido contenido gracias a reglas no escritas. Sin embargo, esta semana Hezbollah cruzó tres límites políticos.

El primero fue su expansión de las operaciones militares fuera del área de Chebaa. Aunque Hezbollah lo ha hecho antes, e incluso mató a algunos soldados israelíes, la última operación resultó intolerable para un gobierno israelí que ya debía enfrentarse al secuestro de otro soldado por parte de Hamas.

Un segundo límite que cruzó Hezbollah fue su evidente coordinación estratégica con Hamas. Este hecho fue más allá de su declarado propósito de defender únicamente al Líbano e hizo sentir a Israel que estaba combatiendo una guerra en dos frentes.

El tercer límite fue interno. Al llevar unilateralmente al Líbano a un conflicto con Israel, Hezbollah procuró desencadenar un golpe contra la mayoría antisiria del Parlamento y el gobierno.

Hezbollah tiene bancas en el Parlamento de 128 miembros, pero también tiene una relación incómoda con la mayoría, que ha estado a la defensiva mientras Siria intentaba recuperar el control del Líbano después de su retirada militar del año pasado. Evidentemente, Hezbollah pretendía humillar a los políticos que se oponen a Siria forzándolos a respaldar el secuestro y demostrando el escaso control que el gobierno ejerce sobre el partido.

Israel quiere que el Líbano pague un precio muy alto por su ambigüedad frente a Hezbollah: le ha impuesto un bloqueo aéreo y marítimo, y está lanzando ataques aéreos contra todo el país.

Sin embargo, Israel deliberadamente ha dejado a Siria fuera de su condena, diferenciándose claramente de las declaraciones de la administración de Bush, que subrayan la responsabilidad iraní y siria de las acciones de Hezbollah.

Irán financia desde hace mucho a Hezbollah, y el gobierno israelí dijo el viernes pasado que temía que los dos soldados secuestrados fueran llevados a Teherán. Pero Siria es el nexo de la inestabilidad de la región, ya que proporciona refugio a varios de los más intransigentes militantes palestinos, transfiere armas a Hezbollah y atenta contra la frágil soberanía del Líbano.

Israel puede castigar al Líbano todo lo que desee, pero si no se hace algo para impedir que el presidente de Siria, Bashar al-Assad, siga exportando inestabilidad para reforzar su régimen despótico, casi nada cambiará.

Contra las cuerdas

Una vez que Israel termine su ofensiva, Hezbollah se reagrupará y seguirá teniendo al Líbano de rehén por medio de su ejército, que es la fuerza más efectiva del país. Los líderes de Hamas en Damasco seguirán desbaratando todas las negociaciones entre israelíes y palestinos. Y Siria seguirá carcomiendo la independencia libanesa, con lo que revertiría los progresos del año pasado, cuando miles de libaneses se lanzaron a las calles contra de la hegemonía siria.

La temporada turística veraniega, una de las escasas fuentes de ingreso de un país que está contra las cuerdas financieramente, ha quedado arruinada. Hasta los partidarios más acérrimos de Hezbollah, los musulmanes chiitas del Sur, están angustiados y disconformes al ver que sus ciudades y pueblos se han convertido nuevamente en un campo de batalla.

A pesar de que la ONU no ha sido eficaz en sus esfuerzos por conseguir la paz en Medio Oriente, posiblemente sea la organización más adecuada para intervenir, aunque sólo sea porque dispone de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad, aprobada en 2004, que entre otras cosas exige el desarme de Hezbollah.

Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que se reunirá nuevamente hoy, deberían considerar una iniciativa más amplia basada en esa resolución, que debería incluir una propuesta para la entrega gradual de las armas de Hezbollah, garantías escritas de que Israel respetará la soberanía de Líbano y retirará sus soldados del territorio libanés en disputa, y la liberación de prisioneros de ambos bandos.

Ese acuerdo podría encontrar apoyo entre los políticos libaneses que se oponen a Siria; reduciría considerablemente la capacidad de Hezbollah de conservar sus armas y enviaría una señal a Siria e Irán en el sentido de que no deben interferir en los asuntos de la región.

Una nota importante: ningún gobierno libanés podría dar un legítimo respaldo a ese plan si Israel, tal como su jefe de Estado mayor expresó esta semana, "hace retroceder el reloj veinte años en el Líbano". Israel debe permitir que la diplomacia se haga cargo.

Traducción: Mirta Rosenberg .

El autor es el editor de la página editorial del diario The Daily Star, del Líbano.
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