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Las cuatro fantásticas reunidas por un tal Pepe

Gran cuarteto de notables actrices

Miércoles 19 de julio de 2006
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LA NACION

"Uno, dos, tres y cuatro", marca una de las bailarinas a un cuarteto que se las trae. Repasemos. Una: Marta González. Dos: Haydée Padilla. Tres: Ethel Rojo. Cuatro: Perla Santalla. Anunciadas prolijamente en orden alfabético, ellas serán las protagonistas de "Edelweisss", un espectáculo musical de Pepe Cibrián y Angel Mahler que se estrenará hoy en el Teatro del Globo.

Sigamos repasando. Una, Padilla, nació en lo más experimental del teatro experimental de los años sesenta y setenta hasta que la pegó con su personaje La Chona dando un brusco cambio en su carrera. La otra, Ethel Rojo, fue vedette en el mejor momento de la revista porteña y terminó incursionando en el humor junto a los grandes del género. Marta González fue una de las caras de "Ella, la gata" o de "Estrellita, esa pobre campesina", entre tantas otras telenovelas o series de la tele que hicieron lagrimear a varias generaciones de televidentes. El cuarteto se completa con Perla Santalla, una actriz dramática con años de teatro oficial y de proyectos "serios".

Las cuatro, por primera vez, compartirán un escenario para cantar, bailar y actuar. Justamente lo que hacen ahora, en el escenario Del Globo, durante un ensayo bajo la atenta mirada de Angel Mahler y el seguimiento de siete actores formados en la comedia musical. Como Ethel Rojo es la más canchera en esto de bailar, se permite marcarle un movimiento a una de sus compañeras y pone caras, gestos y le da un toque de distinción a la cosa. Claro que cuando le llega el turno a Perla Santalla, canta un tema en el cual dice ser la Concha de España con una garra que no tiene edad. Atrás de ellas, unos maniquíes están ubicados en una mesa como si estuvieran en el mismo Zum Edelweisss, ese famoso restaurante que supo y sabe ser búnker y refugio de esa "familia de artistas" de la que ellas forman parte.

En otro momento del ensayo, Haydée Padilla apunta entre despistada y divertida: "Mi personaje se cree que es Rita Hayworth. Es muy divertido. Y me divierte porque somos mujeres grandes, somos actrices grandes capaces de transmitir alegría. Eso me gusta. Es que yo estoy llena de cosas para hacer y se las quiero contar a la gente. También sé que se puede vivir con mucha alegría y con mucha intensidad aun en momentos difíciles".

Esa intensidad es la que están afinando, a la que están buscando el punto adecuado para que a partir de esta noche la cosa se ordene un poco. "Es bárbaro trabajar con ellas", confiesa Angel Mahler, quien, desde su rol, se acerca a cada una de estas señoras para hacerles algunas marcaciones.

Cuando Damián Iglesias, que hace de mozo, se larga a cantar uno de los temas centrales dice: "No es cierto que todo tiempo pasado es mejor". Ese parece ser el tono del montaje. Coherente con esa idea, ellas cuatro, cada una a su turno, repetirán casi a coro: "Esto es un canto a la vida".

El mismo concepto que se usa en la gacetilla de prensa, la misma idea que aparece en varias canciones. "Puede ser que la mano tiemble un poco, ¿pero por eso es menos mano?", se pregunta la neo-Rita Hayworth que compone Haydée Padilla. La respuesta habrá que buscarla en el escenario a partir de hoy.

Confesiones de mujeres

"Lo que más me divierte es hacer mi número musical, porque la parte más melodramática es la que estoy acostumbrada a hacer. Pero lo otro...", apunta Marta González, y abre los ojos. La misma que en algún momento dejará en claro algo: "Soy la más pendeja de todas; eso hay que dejarlo en claro". Y se ríe del comentario, de su edad o de ellas cuatro.

"En esta época en que todo es desechable, es importante hacer esto", agrega. Y cuando ve bailar a Ethel Rojo, que hace piruetas increíbles en el escenario, exclama: "¡Mirá lo que es esta mina! Es impresionante". Tiene razón, no hay con qué darle.

Durante el ensayo que tiene lugar en la sala Del Globo, las cuatro están vestidas de negro. Una vez, dos veces, repasan un número coreográfico que les cuesta un poco. Pero aunque la cosa tenga su dificultad, se nota que se divierten, que la pasan bien.

"Yo estoy en mi salsa porque a pesar de tener 68 años tengo espíritu, y esta obra es eso: mucho espíritu. Somos mujeres grandes que demostramos que queremos y podemos hacer esto. Ese es el espíritu de la obra y de todas nosotras. Con «Edelweiss» estamos diciendo que tenemos ilusiones y que tenemos ganas de seguir haciendo cosas", apunta la ex diva de la revista porteña, que desde hacía años quería trabajar bajo la dirección de Pepe Cibrián y que ahora está cumpliendo su sueño. "Cuando me llamó me puso tan contenta que ni siquiera llegué a hablar de dinero, de cartel, de nada de eso", agrega. Y como las otras tres, siente que se está haciendo un regalo.

Y si Ethel viene de la época en que en la revista corría champagne por las venas, así se decía, Santalla viene a ser su contracara. Ella hizo mucho García Lorca, muchos clásicos griegos, mucho sainete. "Si hasta en mis inicios bailé tangos con Tito Lusiardo. Creo haber transitado por todos los géneros sin subestimar a ninguno", apunta quien afirma que sobre el escenario se siente viva. Debe tener razón, porque cuando se larga a cantar flamenco se transforma.

En la obra se utilizan como disparador las noches del restaurante Zum Edelweiss, con todo el supuesto o real imaginario de una farándula cenando como si estuviera cómodamente en casa. "Yo antes iba a Edelweiss con mi marido, con mis compañeros, con los bailarines del Colón. Pero eso era hace unos años, cuando era accesible. Ahora no se puede...", se sincera Perla Santalla.

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