Muy pronto, unos 20 jóvenes podrán estudiar medicina en el extranjero sin salir de Buenos Aires.
Este prodigio de la ubicuidad que desafía las leyes de la física será posible gracias a un singular emprendimiento de la Universidad Albert-Ludwig de Friburgo y la Fundación Arger, presidida por el doctor Benjamín Koziner, destacado oncohematólogo argentino: un instituto universitario internacional cuyos profesores serán alemanes y argentinos, y que otorgará títulos válidos tanto en la Unión Europea como en el país.
"Queremos transferir un programa muy exitoso de nuestra universidad a Buenos Aires -afirma, ya instalado en su cómodo despacho de la Facultad de Medicina de Friburgo aunque son las ocho de la mañana, el doctor Roland Mertelsmann, director de Hematología y Oncología-. Es nuestro curso de medicina molecular, predominantemente orientado a la investigación."
Friburgo es una ciudad del sur de Alemania, con un diminuto centro medieval rodeado de bosques y viñedos. Su universidad -una de las más antiguas y prestigiosas del continente europeo- cumplirá el año próximo nada menos que 550 años. LA NACION estuvo allí por invitación de la Fundación Arger, que reúne a la UBA, y las universidades del Salvador y de Friburgo.
"Aquí iniciamos la carrera de medicina molecular hace unos tres años -detalla Mertelsmann-. Es la que queremos implementar en Buenos Aires. Entre otras cosas, porque si ambos programas son exactamente iguales, es más fácil el intercambio de estudiantes y la acreditación." En Alemania, el plan de estudios contempla cuatro años de estudios, dos para la licenciatura ( bachelor ), dos para el máster y dos más para el doctorado.
Si todo va como está planeado, las clases comenzarán el 5 de marzo. "Para hacerlo de un modo que llamaríamos natural, decidimos empezar con el tercero y el cuarto años, que serían los equivalentes al máster", afirma Mertelsmann. Los cálculos actuales contemplan la admisión de alrededor de veinte estudiantes, en principio argentinos, aunque la carrera estará disponible para toda América latina.
Una vez que esté en funcionamiento, los estudiantes alemanes podrán venir a Buenos Aires a cursar un semestre, y los argentinos podrán hacer lo propio en Friburgo.
"Si los cursos son similares, no debería ser difícil que un estudiante alemán pasara seis meses en Buenos Aires, porque haría lo mismo que en Alemania más aprender español -sugiere-. Y, si todo va bien, los argentinos por supuesto también podrían venir aquí, aprender alemán y tomar cursos como los que toman en Buenos Aires."
¿Por qué está la Universidad de Friburgo interesada en tener una sede en el extranjero? ¿Por qué habría de tener interés un estudiante alemán en venir a la Argentina?
"En la Universidad de Friburgo creemos que la cooperación internacional es muy, muy importante, especialmente para los estudiantes de medicina -afirma Britta Goertz, encargada del programa de intercambio de la Facultad-. En primer lugar, tienen que madurar como personas y en esto la experiencia internacional y el contacto con otras culturas es fundamental."
La nueva universidad ya tiene su casa, un bellísimo edificio cercano a la Facultad de Medicina de la UBA, que albergará salones de clases, y dormitorios para profesores y estudiantes. "Un verdadero campus al estilo europeo", dice Mertelsmann, y ya tiene fecha de inauguración: 16 de noviembre.
El entrenamiento básico de laboratorio se hará en colaboración con la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, la Universidad del Salvador y el Cemic. Y el más avanzado, en Friburgo. "De este modo, podremos utilizar instalaciones ya disponibles", afirma Mertelsmann.
Organizar un cuerpo de profesores internacional presenta un sinnúmero de complicaciones logísticas. Por ejemplo, en Alemania se cursan cuatro materias diferentes por día. En Buenos Aires, las dictadas por profesores alemanes se darán en bloque: dos semanas de inmunología, dos de virología, y así.
"Esto a mí me parece que es mucho mejor, de todos modos -opina Mertelsmann-. Uno no tendrá los profesores a su disposición todo el tiempo, pero durante las dos semanas que estén en Buenos Aires su único trabajo será enseñar, sin ninguna otra obligación. Uno o dos profesores irán allá; luego regresarán e irán dos más, para que siempre haya alguien de Friburgo en Buenos Aires."
Además de los cursos habituales, los estudiantes tendrán que pasar por un período de "observación" de cuatro semanas. "Estarán con pacientes, no haciendo nada en especial, sino para tener una idea de lo que es la medicina clínica", acota Mertelsmann.
Claro que acceder a todo esto tendrá un costo económico nada desdeñable. "Es bastante caro, y tal vez no todos los que están calificados van a estar en condiciones de afrontarlo, por lo que esperamos poder ofrecer becas. Ya hablamos con algunas compañías alemanas y están muy interesadas en auspiciar a los estudiantes", dice.
Y concluye: "Si todo va bien, pensamos abrir luego una sucursal en San Pablo. Serán como las McDonald s de las universidades -dice bromeando-, muy similares entre sí para que sea fácil pasar de una a la otra".
Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION