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Mozart y Salieri, memorables

Miércoles 26 de julio de 2006

Concierto de Festivales Musicales de Buenos Aires por la Camerata Bariloche y el Orfeón de Buenos Aires (dirección: Néstor Andrenacci), con la dirección general de Uwe Christian Harrer (Viena), y la participación de la arpista Lucrecia Jancsa, el flautista Claudio Barile y los cantantes Soledad de la Rosa, Susana Moncayo, Manuel Gómez Camelino y Walter Schwarz. Programa: Concierto en Do mayor K. 299, y Motete "Exsultate, jubilate" K. 165 para soprano y orquesta, de Mozart, y Requiem en Do menor (1° audición), de Antonio Salieri. En el Teatro Colón. Nuestra opinión: excelente

Un interés múltiple revistió este concierto de Festivales Musicales en razón de las obras que incluyó, sus intérpretes y la actuación desde el podio, en su primera visita al país, del maestro vienés Uwe Christian Harrer. Cumplir el cometido de ofrecer en la programación anual obras de Mozart, en razón de su aniversario, juntamente con las de un testigo de su tiempo de la jerarquía de Salieri -por lo menos, en cuanto a su fama y nombradía en la Viena de entonces- no es tarea simple, a esta altura de la posteridad de ambos. Ninguna de las dos figuras pudo dejar de vivir dentro de la historia de su época, si bien uno de ellas vivió no sólo de la historia y la tradición musical que le precedió. La recreación constante del arte, la reelaboración de la tradición dada tuvo en Mozart un entroncamiento con su genio individual y su soplo creador se proyectó inconteniblemente hacia los tiempos futuros.

La primera prueba de esta dimensión trascendente de su arte se tuvo con el Concierto para flauta, arpa y orquesta K. 299 que abrió el encuentro y que, desde un punto de vista histórico pertenece a su primera época, siguiendo los planteos formales del estilo galante. Mozart compuso esta obra durante su prolongada estada en París, en 1778, durante la encarnizada confrontación entre los partidarios de Piccini y de Gluck en la que no tomó partido, si bien absorbió rápidamente las influencias del entorno francés. Es música refinada, imbuida de una gracia ondulante y nostálgica que fluyó espontáneamente desde el allegro inicial, con admirable ajuste entre los solistas, y el entorno orquestal, equilibrado y muy atinadamente conducido por Harrer. La admirable complementación entre los instrumentos solistas se tornó más audible en las cadencias, dado que la sonoridad del arpa fue un tanto atenuada, siendo absorbida en los tutti orquestales. A la proverbial calidad de su sonido Barile sumó los matices nacarados de su fraseo, que con una cautivante dulzura melódica en el Andantino y junto a un arpa impecablemente ejecutada por Jancsa se remontó a un plano de superior calidad.

Las voces

Seguiría a esta joya musical otra obra mozartiana cuyo riesgo interpretativo corre parejo con la fama que la posteridad le concedió: el Motete K.165 "Exsultate, jubilate", un verdadero concierto para soprano solista, que la cantante Soledad de la Rosa acometió con segura afinación y ductilidad interpretativa. También aquí Mozart siguió la clásica estructura heredada del motete, con las dos arias iniciales ( allegro ), un recitativo ( andante ) y el Aleluya final ( allegro ). Por temperamento y con admirable compenetración con el estilo, De la Rosa comunicó sin dificultad ni esfuerzo aparente el desbordante júbilo que inunda los movimientos extremos de esta obra, con un caudal y una proyección vocal muy bien regulados, en el elegíaco Andante ("Tu virginum corona") ,y con el soporte de una Camerata muy bien dirigida, abordó el Alleluia con sus vertiginosas alturas y delicadas coloraturas con auténtico espíritu gozoso. No fue menor el nivel alcanzado en la versión del Réquiem en Do menor de Antonio Salieri, de índole operística, que en contraste con las obras escuchadas dio una idea real del nivel de las creaciones musicales en los tiempos en los que Mozart compuso las suyas. En primer lugar por el equilibrio dinámico y la calidad sonora que la Camerata, dirigida por el experimentado maestro Harrer, entre el magnífico Orfeón de Buenos Aires y la orquesta, a los que se sumó el aporte de la soprano De la Rosa, la contralto Susana Moncayo, el tenor Manuel Núñez Camelino y el bajo Walter Schwarz.

Héctor Coda

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