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Alan Faena: negocios con aires de grandeza

Su extravagancia y su personal estilo empresario no impidieron que se convirtiera en referencia obligada para inversores internacionales, que ya desembolsaron 300 millones de dólares para sus proyectos en Buenos Aires. Para él, sin embargo, la plata es lo de menos: lo que busca es la gloria

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LA NACION
Domingo 30 de julio de 2006

Los tiempos están cambiando aun en el conservador mundo empresario. Hace menos de diez años, a muchos hombres de negocios argentinos les gustaba mostrarse públicamente con tiradores y fumando habanos importados. Hoy, en cambio, el mayor desarrollador inmobiliario en Puerto Madero es alguien que jamás usa corbata y que se hizo famoso, entre otras cosas, por aparecer en todas las fotos con un llamativo sombrero blanco de cowboy. Aquello de que el hábito no hace al monje parece hecho a medida para Alan Faena: a pesar de su imagen extravagante -que posiblemente le haya jugado en contra a la hora de hacerse un lugar en el establishment local- se convirtió en el principal referente en el mercado del real estate para inversores internacionales, que no dudaron en financiar con más de 300 millones de dólares sus proyectos en Buenos Aires.

Faena nació el 28 de noviembre de 1963 y proviene de una familia de empresarios textiles. Por esta razón no sorprende que su debut en el mundo de los negocios se haya concretado en el rubro de la indumentaria, cuando con sólo 18 años creó la marca de ropa Via Vai, asociado con la que en ese momento era su pareja, Paula Cahen d Anvers. Via Vai rápidamente se convirtió en un referente en el mundo fashion y transformó a Faena en un personaje público, lo que igualmente no fue obstáculo para que, a mediados de los 90, decidiera desprenderse de la empresa, anticipándose a los ciclos que sufren la mayoría de las marcas de moda, que después de vivir su momento de mayor apogeo inician en forma inmediata su declinación.

"Desde chico uno se daba cuenta de que Alan era un tipo muy vivo. Si hay algo que siempre lo caracterizó es su capacidad para detectar tendencias y ver tres años antes que el resto hacia dónde marchan los negocios", cuenta un ex compañero del secundario en el colegio Lange Ley, de Palermo (R. Scalabrini Ortiz y Juncal), donde Faena terminó el secundario después de cursar hasta tercer año en el exclusivo Saint John s, de Beccar.

De su vida privada no le gusta hablar. Su última pareja conocida públicamente fue la actriz Leticia Bredice y antes había estado casado con Natalia Lobo. A pesar de su imagen pública y sus sombreros blancos de cowboy, los que lo conocen aseguran que es muy austero en su vida personal y que no le gusta exhibirse en autos de lujo o restaurantes de moda. "Alan es de hacer mucha vida familiar e, incluso, en su empresa trabajan su hermana, que está a cargo de la decoración de los departamentos, y su hermano, en el área comercial. Además, es muy común cruzarse en el hotel con su papá y su mamá", dice una de sus colaboradoras.

Después de vender la marca de ropa, Faena se fue a vivir al campo La Boyita, en las afueras de Punta del Este, donde se dedicó a dos actividades: cuidar su jardín y planear su ingreso en el mercado inmobiliario. Cuando en el año 2000 adquirió el primer terreno en Puerto Madero, poco antes de que se desatara una de las peores crisis económicas en la historia de la Argentina, la mayoría de los que hoy son sus colegas en el mercado inmobiliario lo miraban con desconfianza y, en algunos casos, hasta con sorna.

"La verdad es que, en ese momento, todos pensábamos que Alan estaba loco y que los proyectos que anunciaba en Puerto Madero iban a ser simplemente eso: proyectos", reconoce un empresario con una larga trayectoria en el rubro inmobiliario.

Hoy nadie duda del talento marketinero de Faena y de su capacidad a la hora de "vender" sus proyectos inmobiliarios. "El hotel no funciona muy bien en materia de ocupación pero, considerado en forma integral, es un gran negocio, ya que le sirve para posicionar y revalorizar el resto de las propiedades que tiene en la zona", sostiene el ejecutivo de una cadena internacional que compite con el Faena Hotel + Universe en el segmento de establecimientos cinco estrellas.

Faena asegura que las críticas de sus colegas empresarios lo tienen sin cuidado. "No me molesta que hablen de mi sombrero blanco, porque mientras algunos hablan de cómo me visto, debajo de mi sombrero yo sigo pensando en nuevos proyectos, que después se vuelven realidad. Todo lo que dijimos se cumplió. Muchos decían que era imposible que hiciéramos el hotel o que vendiéramos departamentos a 3000 dólares el m2. Y hoy, el hotel funciona a pleno, no nos quedan departamentos libres y, en la reventa, el m2 se está pagando por encima de los 4500 dólares", sostiene.

Desde que ingresó en el negocio inmobiliario Faena carga con una cruz: explicar de dónde salieron los fondos para financiar sus proyectos en Puerto Madero. Anticipándose a las críticas y acusaciones acerca de lavado de dinero, el ex dueño de Via Vai decidió de entrada presentar públicamente en Buenos Aires a los distintos inversores internacionales que están financiando su empresa Faena Properties.

La lista de inversores está encabezada por los hermanos Christopher y Robert Burch, dos millonarios norteamericanos que hicieron su fortuna con la marca de ropa Eagle s Eyes y hoy son dueños del fondo de inversión Red Badge. A los Burch, los conoció por algunos amigos en común que los presentaron cuando Faena estaba a la búsqueda de un inversor que le financiara la compra del viejo silo de Puerto Madero donde hoy funciona su hotel. El ex dueño de Via Vai había señado el terreno que le pertenecía al grupo Obras Civiles, de la familia Ganzábal, pero para completar la compra necesitaba del aporte de un inversor después de que se cayera el crédito bancario que tenía preotorgado.

Los hermanos Burch no sólo financiaron la compra, sino que también fueron la puerta de entrada para llegar a los otros dos multimillonarios que completan el grupo de inversores que están detrás de Faena Properties: Len Blavatnik y Austin Hearst.

El primero es un ruso nacionalizado norteamericano que mediante su fondo de inversión Access se especializa en invertir en negocios riesgosos, y en algunos casos polémicos, como TNK-BP, la tercera petrolera de Rusia.

Hearst, por su parte, es el heredero del imperio de medios Hearst Corporation, dueño de las señales de TV por cable Cosmopolitan, The History Channel y ESPN, entre otras empresas. Sin embargo, es más conocido por sus parientes, ya que es el nieto de William Randolph Hearst, el empresario periodístico que inspiró a Orson Wells para la película "El ciudadano", y el hermano de Patti Hearst, la adolescente millonaria que fue secuestrada en los años 70 por un pequeño grupo de izquierda, el Ejército Simbionés de Liberación, y terminó asaltando bancos como miembro de la organización, en lo que fue considerado entonces un caso extremo de síndrome de Estocolmo (la identificación de un rehén con sus secuestradores).

Con acento inglés

El proyecto más importante que tiene entre manos Alan Faena ahora es el complejo que está levantando con el arquitecto inglés Norman Foster en un terreno ubicado enfrente de su hotel de Puerto Madero. El complejo superará en superficie a todo lo construido por su grupo en la zona. Se trata de un desarrollo mixto que combinará viviendas, locales comerciales y un centro cultural de 6000 metros cuadrados, cuyo lanzamiento internacional se concretará dentro de unas semanas en Londres.

Foster no es el primer arquitecto de fama internacional con el que trabaja Faena. Justamente, el Faena Hotel + Universe que se construyó en un viejo silo abandonado y hoy forma parte de Leading Hotels (la red de hoteles independientes de lujo más importante del mundo), fue diseñado por el francés Phillipe Starck, con el que tuvo más de un encontronazo. Según cuentan, al arquitecto francés -que entre otras cosas diseñó el exclusivo hotel Delano de Miami- no le gustaba recibir sugerencias de parte de su socio argentino a la hora de realizar los planos del proyecto.

Los que trabajan con Faena saben que tienen que respetar una regla de oro: no hacerle sombra a su jefe, que, como le gusta decir, no está en el negocio de los desarrollos inmobiliarios por la plata, sino por la gloria. Su objetivo, asegura el empresario, es nada menos que cambiarle la cara a Buenos Aires y posicionar a la capital argentina como una de las ciudades top en materia de arquitectura y desarrollos inmobiliarios, según reconoce el propio empresario, al que se puede acusar de muchas cosas, pero jamás de actuar con falsa humildad. "Con el hotel la idea fue convertirlo en un ícono de la ciudad, como lo es el Museo Guggenheim en Bilbao y, con el resto de los proyectos, también estamos pensando a largo plazo. Nuestra intención siempre fue generar con cada uno de los proyectos un retorno no sólo para los inversores que financian las obras sino también para la ciudad", repite.

Esta búsqueda, sin embargo, no es compartida por todos los urbanistas que, sin detenerse en la figura puntual de Faena, critican el modelo de desarrollo que significa Puerto Madero. "Que Puerto Madero haya crecido como lo hizo, mientras que la costa del Riachuelo sigue igual de contaminada, no es algo inocente sino una consecuencia natural del juego de poder que tuvo Buenos Aires en los últimos 50 años", señala el arquitecto y profesor de la Universidad de Buenos Aires Juan Molina y Vedia.

Más allá de las críticas, Faena continúa con sus ambiciosos proyectos y ya está en busca de terrenos en otros barrios de la ciudad con la mira puesta principalmente en San Telmo. Su último objetivo es nada menos que reabrir el tradicional Bar Británico, que acaba de ser desalojado. Faena está negociando desde hace varios meses en silencio para quedarse con el tradicional establecimiento gastronómico, no para reformarlo sino para conservarlo tal como estaba antes de que fuera cerrado. "Le interesa mantenerlo como un ícono del patrimonio de la ciudad y no tiene ningún proyecto comercial detrás. La idea es conservarlo y no construir un desarrollo inmobiliario encima", explican.

Con sus socios internacionales, el empresario argentino también tiene en carpeta replicar su modelo de desarrollo urbano en otras ciudades del mundo. Sin embargo, cuando complete su proyecto en Puerto Madero no descarta volver a retirarse del mundo de los negocios, como ya hizo en los 90 después de desprenderse de Via Vai. "No se puede descartar nada, incluso que me tome otra pausa y vuelva a dedicarme al cuidado de las plantas", desliza entre sus colaboradores sin aclarar en ningún momento si se trata de una broma o si realmente el empresario está pensando en el retiro más o menos cercano. "Muchas veces dice que se va a retirar en cuatro años, cuando termine el proyecto de Foster, aunque sigue negociando la compra de terrenos en todo el mundo, con lo que veo muy difícil que tenga concluido todos los proyectos para 2010", explican en su círculo íntimo para dejar en claro que el futuro de Faena sigue estando más cerca de los ladrillos que de los jardines.

Quién es

Primeros pasos

Nació en 1963 en el seno de una familia de empresarios textiles. A los 18 años creó la marca de ropa Via Vai, empresa de la que se desprendió a mediados de los 90. En el 2000 adquirió el primer terreno en Puerto Madero, lo que marcó su ingreso en el mercado inmobiliario.

Inversores y proyectos

Detrás de Faena Properties cuenta con una lista de millonarios inversores internacionales. Actualmente está levantando un enorme complejo frente a su hotel de Puerto Madero y planea reabrir el tradicional Bar Británico. Además, quiere repetir su modelo de desarrollo urbano en otras ciudades del mundo.

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