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Comercio exterior

 
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Martes 01 de agosto de 2006 | Publicado en edición impresa

Nuevo paradigma

China quiere ahora sumar valor

El país asiático está cambiando su rol de abastecedor de productos de bajo costo y calidad. Las marcas locales ganan cada vez más terreno

 
 
 

El estado de la tecnología en China está evolucionando al ritmo de su crecimiento económico y la imagen mundial de muchos de sus productos y empresas está mejorando. En efecto, China cuenta ya con compañías globales como Lenovo, Haier, TCL, Huawei, Neusoft, Datang, ZTE y Ningbo Bird, entre otras.

Las causas que contribuyen a esta mejora tecnológica resultan de una combinación de mayor gasto local en investigación y desarrollo con inversiones externas directas, apoyo directo e indirecto del gobierno chino, un mercado doméstico que permite rendimientos a escala (costos unitarios menores) y el espionaje industrial.

China está cambiando lentamente su rol de abastecedor mundial de productos de bajo costo y calidad a proveedor de otros de mayor valor agregado, donde las marcas locales son cada vez más protagonistas. Por ejemplo, pisos de porcelanato italianos están perdiendo mercado frente a la insuperable relación precio-calidad de los productos de Foshan; los salones de exposición de autos de Detroit y Francfort cuentan ya con marcas chinas como Geely, Chery y Lifan; las laptops Lenovo ganan terreno frente a la competencia de marcas japonesas, y los ejemplos continúan.

Cultura del trabajo

Un caso emblemático es el de la empresa de productos electrónicos de consumo Aigo. Esta empresa enteramente china fue creada hace 13 años por Feng Jun, un arquitecto pekinés. Con el sueño de desarrollar una marca propia que fuera el orgullo de la Nación, fue construyendo un imperio que tiene hoy la mayor participación en el mercado chino de reproductores de MP3 y memorias portátiles, así como una creciente porción en el mercado internacional con oficinas en 7 países.

La esencia del progreso de Aigo -que en chino significa "amor al país" o "patriota"- proviene de la cultura de trabajo (sus empleados trabajan no menos de 10 horas diarias, incluyendo varios fines de semana), así como de la investigación y el desarrollo, donde no menos del 10% del staff se encarga de esta tarea.

No obstante, también es verdad que cuenta con un explícito apoyo del gobierno, que financia proyectos de investigación, compra productos digitales para su uso en el ejército, emprende misiones al espacio y hace regalos "oficiales" cuando funcionarios chinos visitan otros países.

La industria automotriz, eslabonada con las industrias del acero, el plástico, el vidrio y la goma, además de una amplia demanda de servicios, no pasa inadvertida para el gobierno chino. De hecho, constituye el 12% de la actividad total de algunas economías provinciales. Por eso, tomó fundamentalmente dos medidas para el sector: en primer lugar, les exigió a marcas extranjeras hacer joint con empresas locales para poder localizarse en China; en segundo lugar, liberalizó los flujos de capitales extranjeros en el sector.

Además, previendo el cambio de escenario luego de 2001, invirtió en el sector 7350 millones de dólares entre 1995 y 2000. El 80% de esas inversiones fue en las principales fábricas, que, a su vez, tienen participación estatal mayoritaria.

La entrada de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC) promovió la competencia y la concentración de la industria automotriz. De hecho, está en vías de convertirse en el principal mercado automotor del mundo y los sueldos de menos de 200 dólares por operario ya no son el principal factor que atrae las grandes automotrices.

La nueva generación de industrias (circuitos integrados, software, nanotecnología y biotecnología) tiene externalidades menos cuantificables que la industria automotriz o la construcción. No obstante, desde hace algunos años estas industrias también son fuertemente apoyadas por el Partido Comunista a través de grandes incentivos fiscales y subsidios a la investigación.

La empresa Zhongxinwei, por ejemplo, con el Estado como mayor accionista, invirtió unos 1000 millones de dólares en la fabricación de plantas para microchips. Este país de 1300 millones de habitantes ha desarrollado estándares y normas de seguridad propias para evitar así pagar el uso de patentes a otros países.

Justo medio

Hoy, uno de los grandes desafíos para China no pasa por modernizarse en todas las ramas de la industria, sino en encontrar el equilibrio entre fomentar industrias estratégicas funcionales a su plan de desarrollo y satisfacer la creciente demanda de empleo de millones de campesinos que migran a las ciudades. Sin embargo, este país lleno de contrastes parece aproximarse rápidamente hacia el estado del arte tecnológico.

El autor es economista y reside en Pekín, donde realiza una maestría en Relaciones Internacionales. Es consultor de China Business Network. .

Por Agustín González Garrido
Para LA NACION
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