Más de la mitad de los porteños han ido cambiando sus costumbres y hábitos de vida para tratar de no exponerse tanto a la creciente ola de inseguridad. Por ejemplo, ya prácticamente no salen tanto de noche, utilizan con más frecuencia el transporte público en lugar de sus automóviles y caminan mucho menos por las calles.
Así lo revela una serie de encuestas realizadas por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (Copub) entre los vecinos de la ciudad de Buenos Aires, a las que accedió LA NACION.
Según las conclusiones del estudio, el 42,1 por ciento de los consultados modificó los horarios en los que abandonaba su hogar y salía a la calle. Precisamente, uno de los principales cambios de este tipo es evitar salir de noche o regresar a casa una vez que oscureció.
Mientras, para evitar que le roben el automóvil, el 28,1 por ciento de los encuestados prefiere dejar de lado la comodidad de sus vehículos y elige usar con más frecuencia transportes públicos. El 24,2 por ciento optó por caminar menos por la calle y tomar mayores precauciones en general.
El estudio fue realizado a partir de 617 encuestas efectuadas a habitantes de la ciudad de Buenos Aires entre el 19 y el 26 de julio, cuando ya había ocurrido el tiroteo en Belgrano, el doble crimen en una parrilla en Colegiales y ya se había instalado el debate público sobre la seguridad en el distrito.
El 53,4 por ciento de los porteños afirmó que cambió sus costumbres a causa del delito. El 42,1% que ahora contestó en forma negativa dijo por qué. "Ya lo había hecho antes, como, por ejemplo, blindar las puertas o colocar alarmas. La inseguridad es la misma que se instaló en los últimos diez años", explicó Orlando D Adamo, director del Copub.
Por el doble crimen en la parrilla de Colegiales, la Justicia procesó a tres acusados, mientras que por el tiroteo ocurrido en Cabildo y José Hernández hay un sospechoso detenido.
A la hora de describir lo que le sucede, la gente no parece equivocarse, al menos en lo que a inseguridad se refiere. Coincidentemente con el incremento del delito en la ciudad de Buenos Aires, el 90 por ciento de los porteños cree que la inseguridad es mayor o igual que el año anterior, por lo que más de la mitad de los encuestados decidió cambiar sus costumbres y rutinas.
Pero uno de los datos más reveladores del trabajo se obtiene al preguntar a la gente sobre la causa principal del delito.
Sorprendentemente, el 49% respondió espontáneamente que las razones que llevan al crimen son culturales.
Los entrevistados aseguraron sobre la causa del delito: "La crisis de valores de la educación, la falta de una cultura del trabajo, que los argentinos son educados en el facilismo o que no se les enseñan a valorar o a respetar las normas sociales".
"Es más fácil atribuir el delito a causas personales, pero acá los encuestados dan una explicación sistemática al fenómeno, como, por ejemplo, que si hay pobreza, hay delincuencia o si hay crisis de valores, repercute en los comportamientos sociales", explicó a LA NACION Virginia García Beaudoux, una de las responsables del estudio.
Entre las causas, quedaron más atrás, la pobreza, la impunidad u otras razones personales como el consumo de droga, con el 14,2% de la respuestas.
El trabajo revela que el 89,3% cree que la inseguridad en la ciudad es alta o media.
"Si bien sólo la mitad de los entrevistados cree que la inseguridad creció en el último año, no debe perderse de vista que el 44% afirma que se mantiene igual parte de la base de la percepción de una alta inseguridad, es decir, lo que están afirmando es que está igual de inseguro que el año anterior", afirmó D Adamo.
Los porteños consideran que el delito más frecuente es el robo, pero en segundo lugar ubican la violación, los secuestros y los homicidios, hechos ilícitos que están muy abajo en las estadísticas policiales.
"Hay una percepción inflada de estos delitos y los medios tienen mucho que ver, por ejemplo, con la violaciones y el caso denunciado en el subte [el más resonante, ocurrido en la estación Callao de la línea B]", explicó García Beaudoux.
D Adamo completó: "Hay delitos que por su naturaleza afectan más la sensibilidad, pero cuando un delito sale bastante seguido en los medios, muchas veces se recibe como si se tratara de diferentes hechos".
Y explicó que muchos entrevistas respondieron cosas como ésta: "Yo no siento inseguridad, pero si me tengo que guiar por lo que dicen los medios, sí hay mucha inseguridad". Así, los medios actúan como un termómetro.
A la hora del castigo, el 87,3 por ciento de los porteños se opone a apoyar la pena de muerte, dato que se mantiene constante tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el interior del país.
La desconfianza en las autoridades o la impunidad son dos de las principales razones que argumentan los porteños para no denunciar los delitos de los que son víctimas.
Sólo el 54,7% de los consultados dice que daría aviso a las autoridades. El 40%, que lo denunciaría según el delito, y expresa que la razón principal para no hacerlo es que no vale la pena porque los delincuentes entran y salen de la cárcel.
"Aunque encontramos que el 52% de los encuestados afirma que habría menos delitos si los menores recibieran las mismas penas que los mayores de edad, a su vez, cuando llega la hora de explicar los motivos causales de la delincuencia, el problema de las penas es apenas mencionado por poco más de un 2% de la población", explicó D Adamo.
Quizás el acuerdo respecto de aumentar las penas para los menores se vea incentivado por la percepción de que el delito juvenil aumentó, según las noticias que dan cuenta de la participación de menores de edad en hechos cada vez más cruentos.
Por Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION