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Para 2008 la Argentina sería importadora neta de crudo

La extracción de petróleo cayó 21% desde 1998, según estudios privados; impacto en precios

Lunes 31 de julio de 2006
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LA NACION

Brasil podía decir, hace ocho años, que envidiaba la situación petrolera argentina: se producía aquí un 5% más de crudo que en territorio brasileño y se exportaba más combustible del que se importaba. El escenario y las envidias hoy se han invertido: Brasil extrae casi tres veces más que la Argentina y va camino de alcanzar el autoabastecimiento, condición que aquí se está muy cerca de perder.

Un informe de la consultora Economía & Regiones, conducido por los economistas Rogelio Frigerio y Alejandro Caldarelli, proyecta que, si todo sigue como está, la ausencia de exploración petrolera obligará a la Argentina a llegar, a fines de este año, al límite de su capacidad de autoabastecimiento, y a volver a ser, en 2008, importador neto de crudo después de quince años.

Daniel Montamat, ex presidente de YPF y consultor del sector, es menos pesimista y cree que el fin del autoabastecimiento podría llegar en 2010. Pero agrega, de todos modos: "Ya el año próximo vamos a tener que importar crudo liviano y tendremos un excedente de crudo pesado".

El pronóstico de Economía & Regiones tiene fecha y números precisos. Si nada cambia, dice, el país deberá comprar en el exterior, dentro de apenas un año y medio, crudo equivalente al 8,3% de la demanda actual. Esto es, casi un 20% de lo que produjo el año pasado Neuquén, la provincia petrolera más importante de la Argentina.

Al precio de hoy, el costo de esas compras rondaría los 1160 millones de dólares por año. Con un agravante conocido en el mundo petrolero: una vez que empieza a importar, la economía de un país puede acostumbrarse a eso, por lo que se vuelve más difícil incentivar la exploración.

Para un país, ser importador neto significa comprar afuera más de lo que se vende de determinado producto. Es la condición que tuvo la Argentina en materia petrolera durante la mayor parte de su historia. Logró revertirla en 1992, cuando se convirtió, por primera vez, en exportador neto. Sólo dos veces había alcanzado el autoabastecimiento: durante parte del gobierno de Arturo Frondizi y en 1988, bajo la presidencia de Raúl Alfonsín.

Economía & Regiones indica que la situación podría ser más compleja en 2010, cuando se tenga que importar, si nada se modifica, un 21,5% de la demanda. A menos que se restringieran todas las exportaciones; si eso se hiciera, la necesidad de compras bajaría al 4% de la demanda para 2008 y al 18% para 2010.

Planes "demorados"

"Están todos los planes de inversión de las empresas detenidos o demorados -dijo Verónica Sosa, economista de la consultora que elaboró el informe-. Se podría revertir, con nuevos descubrimientos, en el mediano plazo". Sosa se guía por las proyecciones provinciales: dice que todas las administraciones consultadas prevén caídas anuales de la producción de entre el 3 y el 5% hacia el futuro.

La proyección del Gobierno es la opuesta. "No es así -dijo a LA NACION un funcionario que sigue de cerca el tema-. Este año va a crecer un poco la producción. Y si crece la producción, obviamente, no habrá necesidad de importar."

¿Qué significaría para el país y los argentinos, en los hechos, importar? Principalmente, precios más caros. Económicamente hablando, todo o casi todo es petróleo en este mundo: combustibles, lubricantes, plásticos, telgopor, pinturas, asfalto, fertilizantes. En concreto: automóviles, computadoras, televisores, anteojos, juguetes, pasajes de avión, ropa, zapatillas, útiles escolares, muebles, almohadones, colchones, insecticidas, pavimento, pegamentos, paquetes de fideos, cañerías. Todo tendrá precios más caros para los usuarios, precisamente, lo que el Gobierno quiere evitar al mantener los precios de los hidrocarburos controlados y separados de su evolución internacional.

Desde 1998, el año de mayor producción en su historia, hasta hoy, la extracción de crudo de la Argentina cayó un 21 por ciento. A fines del año pasado, el país tenía los volúmenes de 1994, apenas un 30% por encima de lo que registraba en 1993, cuando empezó la desregulación del sector. Se encuentra, pues, en una situación similar a la que imperaba antes de las privatizaciones, como si nada se hubiera hecho desde entonces, pero sin el horizonte de reservas que existía en esos años.

La comparación puede ser molesta: la Argentina es, junto con Colombia, el único país de América del Sur que ve caer su producción petrolera en uno de los momentos más extraordinarios de esta industria en el mundo, cuando es más atractivo explorar y extraer. Hay que remitirse a la década del 70, durante la revolución iraní, para encontrar precios más altos. El año pasado, la producción mermó un 3,9% aquí y un 0,4% en Colombia, y subió en Brasil (11,1%), Ecuador (1,1%), Perú (11,5%), Trinidad y Tobago (13,6%) y Venezuela (1,1 por ciento).

Hay otros países que, por diversos motivos, también tuvieron disminuciones, pero en situaciones políticas y económicas completamente distintas de la argentina. Por ejemplo, Irak (-9,5%), Irán (-0,8%), Siria (-11,4%), Estados Unidos (-5,5%), Canadá (-1,3%), México (-1,6) y el Reino Unido (-11 por ciento).

Montamat dice que la Argentina debería compararse con Brasil. "Ambos países tienen petróleo, pero no son petroleros, y tienen muchas cuencas subexploradas", afirma. El economista considera que hay una sola razón por la que la suerte de ambos socios del Mercosur se revirtió en ocho años: Brasil respetó los precios internacionales de los hidrocarburos y la Argentina, no. Por eso, dice, a pesar de ser una empresa pública, Petrobras no es deficitaria y tuvo fondos para explorar.

Control virtual

Sosa coincide y agrega: "En la Argentina, las retenciones a las exportaciones operan como un virtual control de precios internos en el petróleo. Y en el gas, todavía están retrasados".

El informe de Economía & Regiones contrapone el precio del gas en boca de pozo que tuvo la Argentina, en promedio, el año pasado, de 1,5 dólares el millón de BTU (unidad térmica de medida británica), frente a un valor de 9,1 dólares registrado en el mercado de cambios de Nueva York. En el petróleo, continúa, las retenciones a las exportaciones, del 45% desde 2004, determinaron un barril de 37,60 dólares, bastante por debajo de los 57 dólares promedio del mercado de Texas.

Este argumento es el más repetido en los despachos empresariales. Lo escuchó la semana pasada el gobernador salteño, Juan Carlos Romero, durante un almuerzo con ejecutivos petroleros en el Marriott Plaza Hotel. La pregunta de uno de los invitados resumió la idea: "Gobernador, todos nosotros sabemos que cualquier nuevo precio se transformaría inmediatamente en nuevas reservas. ¿Cómo vamos a salir de esto?", consultó. Romero contestó: "Si no hacemos nada, va a ser la crónica de una muerte anunciada", y propuso subir el precio del gas para la exploración nueva. LA NACION le preguntó al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, qué le parecía la propuesta del gobernador de Salta. "Usted tiene bien claro cuál es la política de precios del Gobierno. No la vamos a cambiar", contestó De Vido.

Hay, detrás de esta discusión económica, un elemento político que podría inmiscuirse. Para mandatarios de provincias petroleras con aspiraciones presidenciales, como Romero o el neuquino Jorge Sobisch, obtener un mejor precio significaría recibir más ingresos por regalías. En términos de política nacional: un proyecto presidencial propio.

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