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El dilema de los pilotos de cazas israelíes

Deben evaluar cómo destruir los lanzamisiles de Hezbollah sin causar víctimas en la población civil

Miércoles 09 de agosto de 2006

JERUSALEN.- El coronel que se desempeña como comandante de una de las bases de la fuerza aérea israelí ubicada en la zona centro del país -y que sólo puede ser identificado con la inicial "A" de su nombre propio, a pesar de que se puede publicar su foto- tiene claro por qué lucha, pero admite que hay dilemas.

Lo explica todo, también lo relativo a su participación en esta guerra como piloto de combate en aviones F-16, sin levantar la voz, en tono pausado y tranquilo, aunque transmite una gran seguridad. "En las últimas semanas, en esta base hemos estado librando la guerra 24 horas por día, los siete días a la semana", dice este oficial, de 42 años.

Y agrega de inmediato: "Es una guerra que nosotros, como Estado, no elegimos librar, sino que nos ha sido impuesta por la organización terrorista Hezbollah, apoyada por Siria e Irán".

La base, bien cuidada -como todas las instalaciones de la fuerza aérea israelí, considerada la elite de las fuerzas de defensa en el Estado judío-, es uno de los centros neurálgicos de la guerra, ya que en ella operan varias escuadrillas de F-16. Todo funciona de modo muy ordenado, aunque intenso.

El mayor "I" (de 30 años) -piloto con once años de experiencia- y la capitana "N" (25), que es su copiloto, tienen claro su rol cuando suben a un F-16 ubicado dentro del hangar, con las municiones ya cargadas. "No se vuela siempre en equipos fijos, pero ella y yo ya volamos juntos en un Phantom y a veces también en el F-16", dice él.

Este piloto, casado y aún sin hijos, está seguro de su propósito al atacar blancos de Hezbollah. "Lo que estoy haciendo es defender a mi país", dice.

A su lado, la capitana "N" -de las primeras oficiales mujeres en posición de combate en la fuerza aérea israelí- escucha atenta y asiente. "Los que nos critican ahora no tienen la información exacta sobre lo que está sucediendo; no tienen idea del cuidado que ponemos en cada ataque para que los civiles nunca paguen el precio. Pero hay aquí una guerra y es lamentable que en las guerras también mueran civiles", destaca.

El mayor "I" ajusta más aún el argumento: "No lanzamos bombas así nomás. Revisamos toda la información que se nos da, analizamos lo que vemos y no se tira por tirar".

La orden definitiva de atacar un determinado blanco debe llegar de la comandancia central. Nadie puede abrir fuego sin autorización. Pero una vez en la cabina, allí solo, arriba, es el piloto el que resume la situación aplicando su propio criterio. "Ha pasado más de una vez que los pilotos volvieron con las bombas, sin haberlas disparado", dice el comandante.

"Un ejemplo concreto es el de un piloto muy joven que recibió órdenes de destruir un determinado blanco. El lanzó la primera bomba y el blanco no fue destruido. Le ordenaron tirar una segunda bomba", agrega.

Pero en el tiempo que transcurrió desde que había tirado la primera vio que comenzaban a llegar al lugar equipos de rescate. "El era el único que veía eso. Dijo «no puedo cumplir esta misión» y lo aceptaron. Cuando volvió, le dijimos que hizo lo correcto", dice el coronel "A".

El uso de los civiles

De por medio están, por cierto, los dilemas. "El dilema es que, al final, uno tiene que decidir si lanza sus municiones contra un lanzacohetes que opera desde un edificio en el que también puede haber más gente que no sean miembros de Hezbollah, aunque seguramente saben que desde su casa se está disparando cohetes hacia Israel", señala.

"Sabemos que esos cohetes caen luego sobre nuestros civiles y matan gente. Y uno tiene que decidir si pone fin a esos disparos o no. Cuando el dilema es si proteger o no a los ciudadanos de nuestro país, esa disyuntiva se termina. Ante todo, hay que proteger a los ciudadanos de Israel", añade.

Esta situación es inevitable, porque Hezbollah, afirma, utiliza a los civiles libaneses. "Se resguarda entre ellos para atacar a nuestros civiles", dice.

El comandante de la base es casado y tiene niños. "Cuando vi las imágenes de Caná me sentí horrible y pensé en mis hijos", dice en referencia a la localidad del sur del Líbano, en la que murieron decenas de civiles en un edificio después de un ataque israelí.

"Esto no es jamás lo que buscamos, bajo ningún concepto. Y cuando esto sucede, por error, porque no sabíamos que había civiles en ese edificio, no nos alegra, a diferencia de lo que hace el otro lado, que sale a festejar cuando mueren civiles por sus cohetes", añade.

Y en medio de la explicación sobre la guerra, sus desafíos y posibilidades, el coronel revela que su madre es sobreviviente del Holocausto: "Toda su familia, salvo ella, fue asesinada".

"En otros tiempos no teníamos los medios para proteger a nuestro pueblo. [El líder de Hezbollah Hassan] Nasrallah y [el presidente iraní Mahmoud] Ahmadinejad dicen que su objetivo es destruir al Estado de Israel. Creo que eso me aclara muy categóricamente que soy parte de la historia de un pueblo que lucha por su existencia", concluye.

Por Jana Beris Para LA NACION

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