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El personaje

Guglielminetti, el espía menos secreto

Política

Fue custodio presidencial y agente de inteligencia; estuvo acusado de secuestros

Muchos nombres de represores son conocidos. En especial aquellos con alto grado militar que quedaron como símbolos de la dictadura. Pero sus acciones tuvieron un marco temporal, ese período entre 1976 y 1983. Raúl Guglielminetti tiene un rasgo diferente de otros acusados de violaciones de los derechos humanos. Fue uno de los pocos que se jactaron públicamente de haber obtenido recompensas económicas por sus acciones represivas, como botines de guerra.

Conocido como "el mayor Guastavino", el ex agente de inteligencia y supuesto miembro de la Triple A superó la barrera del Proceso y en los años 80 se lo involucró en extorsiones y secuestros. Fue el espía de moda durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

Resultó con los años una de las caras visibles de la llamada "mano de obra desocupada".

Su caída empezó a acelerarse cuando se cerró la oficina de inteligencia paralela, conocida como Grupo Alem, que causó un escándalo en su momento en ese gobierno radical por las poco claras motivaciones que llevaron a su creación. Allí reportó Guglielminetti, que incluso fue custodio presidencial.

Su nombre se hizo conocido entonces. Su historia, también. Entre 1968 y 1981, fue parte de la seguridad de la Casa Rosada y en forma paralela cumplió con trabajos más oscuros en la SIDE, de los que habló públicamente en diversas notas periodísticas (en esas mismas notas en las que se dejó fotografiar rodeado de símbolos nazis). En marzo de 1983 fue convocado nuevamente a la custodia presidencial, y quedó en ese lugar hasta 1984. Entre una y otra cosa, la Justicia empezó a interesarse en él, y no justamente por su posible participación en la represión ilegal.

Por sus conocimientos del mundo del espionaje, la familia del secuestrado empresario Sergio Meller le entregó dos millones de dólares para que colaborase con su liberación. Lo siguiente que supieron de Guglielminetti fue su detención en el aeropuerto madrileño de Barajas, con una valija con dinero. Por entonces, en 1985, ya lo buscaba la Justicia por varios delitos comunes. Seis meses estuvo detenido en España, y fue extraditado a nuestro país finalmente en la causa que investigaba el secuestro de Emilio Naum. Nueve horas después de llegar a la Argentina ya había sido liberado y absuelto. También quedó fuera de la investigación judicial en los casos Sivak y Kelly, en la causa seguida a la banda de los comisarios y en el robo del Banco Hurlingham. Pero su nombre quedó enredado en cuanta causa importante hubo en la Argentina de los años 80.

En 1985 fueron descubiertas armas y explosivos en su casa de Mercedes, y de nuevo se fugó al exterior. Volvió en 1987 y resultó condenado por esa causa y por un robo en un fallo que unificó la condena a seis años de prisión. Recuperó la libertad en 1991. Por entonces también estaba beneficiado por la ley de obediencia debida en una causa por torturas en Bahía Blanca.

Estaba prófugo desde 2003. Ayer fue encontrado por Interpol. .

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