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Jueves 10 de agosto de 2006 | Publicado en edición impresa

El análisis de la noticia

Un giro en el discurso

Por Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION

 
 
 

Por primera vez en dos años la palabra inseguridad afloró de labios del presidente Néstor Kirchner en un discurso público y fue para decir que su origen es "la impunidad" que se vivió en la Argentina.

Tras el aumento de los robos en la ciudad y la sensación de inseguridad creciente, el jefe del Estado reasumió el problema que había delegado en su ministro del Interior, Aníbal Fernández, casi reprendido ayer públicamente para que pusiera a funcionar "como corresponde" a la policía.

Reconoció así que las cosas no funcionan tan bien. No obstante, volvió a criticar a quienes politizan el problema y fustigó el discurso de mano dura, encarnado por sectores de centroderecha y por Juan Carlos Blumberg, que piden mayores penas para castigar los delitos. Y siguió repartiendo culpas. Exhortó a la Justicia a aplicar las leyes, a que el Poder Judicial funcionara a pleno y a que, a la hora de conceder excarcelaciones, los jueces actuaran con criterio.

Suspicaz para ver enemigos entre los uniformados, Kirchner exhortó a los jefes policiales y de las fuerzas de seguridad, presentes ayer, a que castigaran con dureza la venta clandestina de armas provenientes de los cuarteles y de dependencias policiales.

Kirchner entendió que ésta es la política de Estado contra la inseguridad, al igual que lo hizo hace dos años cuando anunció un plan de justicia y seguridad delineado por su entonces ministro Gustavo Beliz, que quedó en la nada junto con la salida de éste del Gobierno. La ocasión elegida ayer por el Presidente fue el acto donde anunció el Plan Nacional de Desarme, una iniciativa que ya estaba contemplada en el programa trunco de hace dos años.

El plan incluye sacar del área del Ministerio de Defensa el Registro Nacional de Armas (Renar), dirigido por el hermano de la ministra Nilda Garré, y ponerlo en la órbita de Aníbal Fernández, lo que implica un fortalecimiento de la posición del ministro en el gabinete.

Acuciado por el reclamo de la gente, Kirchner admitió que las cosas no marchan como quisiera, pero puso en escena gestos que intentan demostrar su interés por mejorar. Pero si hay un cambio, será con su receta, no con la que le proponen sus rivales. .

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