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Llegó al cine la vida del cura sanador

Reencuentro de fieles con el padre Mario

Cultura

Distintas figuras que lo frecuentaban evocan la obra del sacerdote, que hoy se prolonga en una fundación

El estreno de la película "Las manos", en la que el director Alejandro Doria recrea la figura del padre Mario, a quien se le atribuyeron en vida dones curativos, fue un momento de reencuentro para muchos seguidores que durante varios años lo frecuentaban en su obra de González Catán.

Si bien el film responde sólo en un 20% a la crónica real de su vida, intenta mantener un 100% el espíritu del sacerdote que podía percibir las enfermedades y, muchas veces, curarlas, según declaró Doria en la puerta del cine Atlas, que reunió a 1800 personas en la avant-première , muchos de ellos figuras de la cultura y el espectáculo.

"Era un hombre severo, muy duro, que iba al grano y no andaba con rodeos", describió el folklorista César Isella, que conoció al sacerdote.

La Iglesia no se pronunció oficialmente sobre la devoción al padre Mario Pantaleo y a los curas sanadores. No obstante, antes y después de la proyección del film se sumaron testimonios de gente que lo frecuentaba.

"Me sorprendió porque gozaba haciendo el bien. Dios le debe de haber dado el don de brindar una felicidad milagrosa a quien lo buscaba", dijo Isella, quien contó que fue con su esposa Graciela a ver a Pantaleo, la primera vez, por un pequeño problema de salud de su hijo, que se solucionó rápidamente. "Transfería una cosa divina, el calor de algo supremo; una sensación bellísima", agregó el cantante, a quien la película de Doria le pareció excelente.

En compañía

"A mí también me encantó la película, y me parece que tiene algo más del 20% de realidad", dijo la periodista Silvina Chediek, que conoció a Pantaleo cuando éste atendía en Floresta. Chediek acompañó a una de sus mejores amigas, que sufría una grave enfermedad, y se curó después de la intervención del sacerdote. Luego fue con otras amigas a González Catán y colabora con la Obra del Padre Mario (OPM) cada vez que puede.

"Mientras vivió, no me tocó pedirle por mi salud", contó a LA NACION, y se refirió así al cura nacido en Italia: "Todo lo opuesto a lo que podemos considerar un manosanta. Era de muy pocas palabras; un trabajador incansable y un poco cascarrabias".

Ginés González García, actual ministro de Salud de la Nación, ocupaba ese cargo en la provincia de Buenos Aires cuando, a fines de los años 80, se convirtió sin buscarlo en gestor del padre Mario, porque mucha gente importante le pedía que le consiguiera que el sacerdote lo atendiera.

Momentos antes de ver la función, contó a LA NACION que Pantaleo había ido a verlo a su despacho y que allí se descompuso. "Lo atendí y llevé al hospital. Sufrió un bloqueo auriculoventricular y hubo que ponerle un marcapasos", dijo el ministro, que vio al padre Mario en muchas oportunidades.

Una vez lo consultó sobre la salud de una amiga. "Le dije que estaba preocupado por ella y él, sin verla personalmente ni tocar una foto, me dijo que tenía algo en el abdomen y que era irreversible. Después supe que ella tenía cáncer de páncreas", reveló.

Aracelis Gallardo de Garavelli, presidenta de la Fundación Nuestra Señora del Hogar (Obra del Padre Mario) y a quien todos llaman "Perla", contó a LA NACION que el sacerdote dedicaba todo su tiempo a la gente que lo buscaba para pedirle ayuda.

"Cuando llegué por primera vez a González Catán, sólo encontré un barrio opaco y gris, estragado por la pobreza y la marginalidad; un lugar desértico. En mi interior, una voz muda me decía que tenía una importante misión que cumplir", comentó una vez el padre Mario al recordar los inicios, en 1972, de la obra que en poco tiempo se convirtió en punto de referencia para la cobertura de las necesidades básicas de una de las zonas más pobres del conurbano bonaerense.

Hoy, las paredes externas de la casa donde vivía -convertida en museo- están cubiertas de placas de agradecimiento por gracias recibidas. El hogar, el mausoleo y la iglesia son el núcleo de la obra, que hoy ofrece numerosos servicios en edificios que ocupan 20.000 metros cuadrados.

Unos 2600 alumnos asisten hoy a los servicios educativos; el policlínico atiende a más de 70.000 pacientes; 200 discapacitados y 70 ancianos reciben contención en distintos centros y casi 3000 niños y adolescentes participan en un programa deportivo de prevención de adicciones.

Fallecido en 1992, el padre Mario sigue recibiendo visitas. Por año, más de 200.000 personas se acercan al mausoleo que guarda sus restos, en González Catán.

Ayuda asistencial

  • El director social de la Obra Padre Mario (OPM), Grabriel Laurino, informó que allí se forman cerca de 2600 alumnos en diversos niveles educativos y se atienden en su policlínico 70.000 pacientes, discapacitados y ancianos. Otros 3000 adolescentes participan en un programa deportivo de prevención de adicciones y 700 chicos son apadrinados por programas de formación profesional y de apoyo escolar. La institución maneja un presupuesto anual de $ 10 millones. El 49% corresponde a aportes del Estado, el 39% son donaciones y el 12% se obtiene por convenios internacionales.
Por Silvina Premat De la Redacción de LA NACION
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