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La muerte, en broma

Lunes 14 de agosto de 2006
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LA NACION

"La Parka... el musical." Idea, libro y letras: Diego Corán Oria. Música: Jorge Soldera. Dirección general: D. Corán Oria y F. Scarpelli. Elenco: Roberto Peloni, Facundo Rubiño, Pedro Velázquez, Federico Salles Gribodo, Solange Lipcín, Emmanuel Robredo Ortiz, Graciela Quelas, Denise Mazolli, Juan Manuel Besteiro y Florencia Bordolini. Colaboración musical: Alejandro López y Mariela Perticari. Coreografía: Seku Faillace. Escenografía: Cecilia Mayochi. Asistentes de dirección: Mike Lovato y Jesica Livorsi. Maquillaje: Patricia Zaina. Vestuario: Teatro Maipo. En Liberarte. Los lunes, a las 21. Duración: 65 minutos. Nuestra opinión: bueno

El año último, la Escuela de Comedia Musical de Julio Bocca y Ricky Pashkus organizó un concurso de teatro musical. La obra ganadora fue "La Parka... el musical". ¡Y qué bueno es enterarse de que hay jurados que saben y, mejor aún, conocer que las escuelas de comedia musical están formando artistas integrales con un futuro alentador! El Maipo les cedió su sala chica los lunes durante dos meses, y ahora se asentaron en Liberarte.

Diego Corán Oria creó una historia simple sobre un concepto bastante concreto: la muerte. Pero no tomó el tema desde su costado trágico, ni siquiera terrorífico, sino desde la alegoría festiva. En esta historia, la Parka es una especie de gerente general del mundo de los muertos, cuya oficina está atendida por su secretario, Gladiolo, un jorobado tonto que se vuelve el personaje más gracioso de la pieza. Allí llega Felipe, un joven tenista, a rescatar a su novia, recientemente fallecida en un accidente automovilístico.

A partir de ese momento, comienza la fiesta de la muerte. Es una fantasía inocente y no tanto, donde se ponen en juego el sarcasmo, el humor negro y el absurdo, envueltos en un velo de optimismo y contemplación.

La obra tiene la estructura de la comedia musical clásica, con escenas en que el humor es la esencia, con canciones que las unen y las relacionan. Es en estas letras donde están puestos el mayor divertimento y el absurdo a flor de piel.

En esto contribuye en gran medida la música original de Jorge Soldera, un compositor a tener muy en cuenta. Es versátil y juguetea con diversas melodías, pero lo más importante es que les da entidad a las canciones. Despierta entusiasmo y algunas son muy pegadizas. La partitura no se sujeta a convencionalismos, pero respeta el género en su sentido más puro. Hay desde baladas hasta melodías tangueras, jazzeadas y hasta una canción vaquera.

Diego Corán Oria y Federico Scarpelli, como novatos, son afiatados directores de escena. Se deduce que deben tener mucho espectáculo visto porque distribuyen muy bien el espacio escénico y se ve claramente la atención prestada a cada uno de los intérpretes. Conocen muy bien cuál es la columna vertebral de una obra musical, y cómo colocar sobre ella cada uno de sus ingredientes.

El eje es el texto, y el peso está puesto en el histrionismo de los actores y en la interpretación vocal. Esos elementos son los dominantes, en tanto la música los nutre.

Buenos intérpretes

Roberto Peloni (del elenco de "Los productores"), como la Parka es una verdadera revelación. Se mueve en escena con seguridad y desenvuelve cómodamente tanto en la comedia como en el aspecto musical. Compone a una Parka tan sarcástica como simpática, que parece salida de algún dibujito de la Warner Bros.

Facundo Rubiño alimentó a su jorobado con picardía sin traspasar los límites y despierta una natural complicidad entre el público; Pedro Velázquez gana muy bien en el aspecto vocal, como un ahorcado que trabaja en ese Hades; mientras que Federico Salles Gribodo (sí, aquel chico actor de "Nine") se mueve bien en el papel de galán de la historia; mientras que Solange Lipcín es una buena partenaire, aunque tal vez le falte un poco más de confianza.

El resto de los intérpretes se desempeña bien y acompaña, sobre todo, en el aspecto coreográfico y vocal.

Los elementos escenográficos y la concepción visual está recreada en una estética de cómic bien acertada. Un placer.

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