
Alivio en Medio Oriente: las repercusiones y los desafíos tras el cese del fuego
Para Bush, el Líbano es un "tercer frente"
Por Hugo Alconada Mon | LA NACION
WASHINGTON.- Fiel a su visión del mundo, el presidente George W. Bush definió ayer el conflicto en el Líbano como el tercer frente de la "guerra global contra el terrorismo" que abarca a Irak y Afganistán, y responsabilizó a Irán y a Siria, junto con las milicias de Hezbollah, del baño de sangre que tuvo en vilo a la región durante 33 días.
"La responsabilidad por este sufrimiento es de Hezbollah", afirmó Bush al retornar de sus vacaciones en Texas, y señaló a sus milicias como otro ejemplo de la pelea entre la "libertad y el terror" que, según dijo, auspician los iraníes. "Uno sólo puede imaginarse cuánto más peligroso sería este conflicto si Irán tuviera el arma nuclear que ambiciona", acusó.
Bush fue más allá e hizo un paralelo entre la disputa de Israel y Hezbollah en territorio libanés con lo que ocurre en Irak con las tropas norteamericanas. "En ambos países, Irán está respaldando a grupos armados con la esperanza de impedir que la democracia se arraigue", dijo.
Irán, Corea del Norte e Irak, cuando estaba bajo el dominio de Saddam Hussein, integraron el "eje del mal" que Bush describió en 2002, poco después de los ataques de Al-Qaeda del 11 de septiembre de 2001 y el inicio de su "guerra global contra el terrorismo".
Casi cinco años después del 11 de septiembre, Corea del Norte e Irán siguen primeros en la lista de los desafíos internacionales de Estados Unidos, pero en momentos en que la Casa Blanca está debilitada y en la antesala de la elección legislativa de noviembre próximo que podría quitarle el control del Congreso.
Bush intentará, de todos modos, cerrar el "desafío iraní" antes de entregar el mando en enero de 2009, afirman sus colaboradores. Y la campaña israelí contra Hezbollah fue asumida en el Pentágono como un eventual "preludio" de un ataque estadounidense sobre las instalaciones nucleares iraníes, según reveló ayer la prestigiosa revista The New Yorker.
Su columnista más respetado en asuntos militares, Seymour M. Hersh, detalló que Washington apoyó los planes militares israelíes porque coinciden con sus intereses contra Hezbollah e Irán y Siria, que a su vez debilitan al naciente gobierno libanés.
En el debate interno sobre Medio Oriente, el vicepresidente Dick Cheney aparece otra vez liderando la visión más dura, como ocurrió antes de la invasión de Irak, mientras que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, quedó a la defensiva.
"¿Y si los israelíes tienen éxito? Sería grandioso. Podemos aprender qué hacer en Irán observando lo que hacen los israelíes en el Líbano", argumentó Cheney.
Rice, por el contrario, recibe críticas por primera vez desde que pasó del Consejo de Seguridad al Departamento de Estado. Durante la crisis del Líbano pareció descolocada en las negociaciones internacionales. "Esta es la guerra de Condi. Y hasta ahora, según parece, no la ganó", escribió el politicólogo James Mann en The Washington Post.
Los dardos provienen de varios ámbitos: de The New York Times, por lo que consideran políticas erróneas de la administración republicana, y también de los conservadores, en The Wall Street Journal, por la pésima ejecución de lo que ven como ideas correctas.
Rice y Bush, según las críticas, quedaron otra vez a mitad de camino en el Líbano: Hezbollah mantiene parte de su poderío; los libaneses no responsabilizan a sus milicias por la destrucción del país; nadie garantiza que la paz dure, y la influencia de Teherán y Damasco sigue intacta.
Victorias cruzadas
Eso explica, en parte, por qué Bush se apuró ayer en refutar al líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, que proclamó la "victoria estratégica e histórica" sobre Israel, en una batalla por el dominio mediático del conflicto (ver Pág. 2). Bush anunció que la milicia fundamentalista, a la que definió como "un Estado dentro de un Estado", retrocedió en el Líbano. "Hezbollah atacó a Israel sin conocimiento del gobierno [libanés]. Hezbollah inició la crisis y sufrió una derrota".
Otros, como su ex subsecretario de Estado Richard Armitage, son más cautos. "Si la fuerza militar más poderosa en la región [Israel] no puede pacificar un país como el Líbano, con una población de cuatro millones, se debería pensar cuidadosamente antes de aplicar ese patrón a Irán, con su peso estratégico y una población de 70 millones -advirtió-. Lo único que el bombardeo logró hasta ahora es unificar a la población contra los israelíes." .
