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Coimas: más pruebas contra el ex senador Remo Costanzo

Otra testigo ratificó el vínculo que el ex legislador mantenía con la mujer que lo acusó

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LA NACION
Sábado 19 de agosto de 2006

Un segundo testimonio complicó más ayer la situación del ex senador Remo Costanzo, uno de los procesados por el presunto pago de sobornos en el Senado: Natalia Tolosa, una antigua secretaria del dirigente de Río Negro, confirmó ante la Justicia que Sandra Montero, la ex empleada de la Cámara alta que anteayer declaró haber visto el dinero de las coimas en el despacho de Costanzo, tenía una relación muy estrecha con el ex senador.

Si bien dijo que no sabía nada sobre los sobornos, con su declaración Tolosa aportó veracidad a parte del relato de Montero y neutralizó una eventual desmentida de Costanzo, que anteayer había asegurado que no tenía ningún vínculo con la testigo, explicaron a LA NACION tres fuentes de la investigación.

“Dijo que Montero iba casi a diario al despacho de Costanzo, que ellos tenían una relación laboral y personal, y que a veces se quedaba sola con él en el despacho”, informó a LA NACION un funcionario judicial que interviene en la causa. “La relación afectiva explica por qué Costanzo le habría contado sobre el pago de las coimas”, agregó.

Pontaquarto y Montero, durante la nota con el diario Río Negro
Pontaquarto y Montero, durante la nota con el diario Río Negro. Foto: Gentileza Diario Río Negro / Imagen de TV

En abril de 2000, cuando se sospechó que el gobierno de Fernando de la Rúa habría concretó el pago de coimas para la aprobación de la reforma laboral, Tolosa era secretaria del turno tarde en el despacho de Costanzo y era, además, la novia de Fernando Costanzo, hijo del ex senador. Por entonces tenía 20 años.

Montero, militante del PJ de Río Negro, que había llegado al Senado en 1996 de la mano de Costanzo, se ocupaba de la recepción de los senadores en el Aeroparque Metropolitano y cumplía algunas tareas que le encargaba el senador, con quien tenía una "relación personal de afecto", según dijo.

Al testimonio de Tolosa, la defensa de Montero agregó ayer otros elementos para probar que la mujer dice la verdad: el abogado Roberto Ribas le llevó al juez Daniel Rafecas dos agendas y tres cuadernos de Montero en los que figuran reuniones que mantenía con Costanzo. "El magistrado analizará ese material la semana próxima", dijeron en el juzgado.

Fuentes de la defensa de Montero aseguraron que existen "varios videos" que serán aportados en los próximos días al juzgado para corroborar los dichos de la mujer. Entre las grabaciones mencionadas, obtenidas con cámaras ocultas, hay una que involucra a un chofer de otro de los procesados, el ex senador Alberto Tell, según dijo a LA NACION un funcionario de la causa.

La declaración de Montero, que confirmó el relato del presunto arrepentido en la causa, el ex secretario parlamentario del Senado Mario Pontaquarto, se produjo cuando el juez Rafecas se aprestaba a dar por cerrada la instrucción y elevar la causa a juicio.

Hay nueve procesados por este caso: Costanzo, Tell, Pontaquarto; el ex secretario de Inteligencia Fernando de Santibañes; el ex ministro de Trabajo Alberto Flamarique; el ex presidente provisional del Senado José Genoud, y los ex senadores Augusto Alasino, Ricardo Branda y Emilio Cantarero.

Rafecas deberá resolver, en tanto, la situación procesal de De la Rúa, que declaró dos veces como sospechoso de haber instigado al pago de las coimas. El ex presidente atribuyó ayer el testimonio de Montero a "una nueva operación política" (de lo que se informa por separado).

Con lujo de detalles

En la declaración efectuada ante el juez Rafecas y los fiscales Federico Delgado y Manuel Garrido, Montero aseguró que había visto un maletín lleno de billetes en el despacho de Costanzo, el 27 de abril de 2000, es decir, al día siguiente del pago de los sobornos, según lo que se dio por probado en la causa.

Detalló que eran billetes de 100 pesos, en fajos envueltos al vacío, que estaban en un maletín abierto, con las iniciales RC, sobre la mesa del despacho de Costanzo. Dijo que cuando vio esa imagen estaba sola, hasta que el senador salió del baño y la descubrió.

Consultada ayer por el juez, Tolosa dijo que su jefe acostumbraba usar un maletín, pero no recordó que tuviera sus iniciales grabadas. El magistrado eligió su testimonio entre las varias personas que había mencionado Montero porque le parecía que era la única que garantizaría imparcialidad.

Tolosa definió a Montero como una mujer muy simpática, a la que todos querían, y contó que la había conocido en 1996, cuando empezó a trabajar en la Cámara alta. El padre de Tolosa era conocido del senador por Río Negro.

En la declaración que anteayer sacudió la causa de las coimas, Montero también contó que Costanzo le había comentado que iba a cobrar 600.000 pesos, pero que finalmente había recibido 300.000. Esa parte de su relato coincide con la versión de Pontaquarto, que aseguró que unas horas después de haber entregado los 4.300.000 pesos de coimas en la casa de Cantarero, el ex senador por Río Negro lo había llamado para quejarse porque faltaban "algunos expedientes".

Otras partes del relato de Montero encuentran respaldo en otras pruebas recolectadas en la causa, destacaron tres fuentes de la investigación.

Por ejemplo, la cena que dijo haber compartido con Costanzo en la pizzería Los Inmortales, de Callao y Santa Fe, la noche del 26 de abril de 2000, unos minutos antes que éste fuera a buscar su parte de los sobornos a la casa de Cantarero. Un relevamiento telefónico indica que esa noche, a esa hora, el senador llamó a la casa de su compañero de bloque desde la celda telefónica correspondiente a la zona de la pizzería.

El mismo peritaje telefónico demuestra que, entre las varias llamadas que hizo esa noche Costanzo desde el teléfono de la casa de Cantarero, una fue dirigida al celular de Montero.

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