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La psiquiatría acepta los exorcismos

Descarta la posesión diabólica, pero los considera tratamientos efectivos para un trastorno específico

Lunes 21 de agosto de 2006

¿Una persona que dice oír voces o ruidos que otros no perciben, ver objetos que no existen, hablar en lenguas desconocidas y, sobre todo, rechazar con violencia las imágenes religiosas está poseída por un espíritu maligno o sufre alguna alteración mental?

La disyuntiva se presenta por igual tanto a los sacerdotes como a los médicos psiquiatras que reciben en sus despachos o consultorios a personas con estos y otros síntomas, y que trabajan cada vez más en conjunto.

Si bien la Iglesia enseña que la posesión demoníaca es el caso extremo de influencia maligna que se da en raras ocasiones, como informó LA NACION ayer, estos casos han aumentado en los últimos años.

"Un sacerdote jamás hace un diagnóstico solo;consulta primero con un médico", dice el psiquiatra Kogan-Medoy
"Un sacerdote jamás hace un diagnóstico solo;consulta primero con un médico", dice el psiquiatra Kogan-Medoy. Foto: Archivo

En la Iglesia, que sugiere a los exorcistas desconfiar primero de una intervención diabólica, se derivan estos casos a los psiquiatras y muchos de ellos, después de descartar que no se trata de histeria, psicosis o algún trastorno mental los vuelven a remitir al ámbito religioso.

"Cuando no podemos manejar el cuadro y se trata de una cuestión de fe, lo enviamos a los sacerdotes, sabiendo que no es el diablo que está dentro de ellos, sino aceptando los exorcismos como una terapia más", dijo a LA NACION el presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), Hugo Lande, para quien los exorcismos que practican los sacerdotes funcionan como una terapia de sugestión. Lande considera que esos tratamientos espirituales son efectivos porque ha visto pacientes que se curaron después de las intervenciones en la Iglesia.

"Intervención diabólica"

Según la teología, los malestares expresados por quienes dicen ser víctimas del mal podrían ser objeto de alguna "intervención diabólica", descripta ya en los libros del Antiguo Testamento. En los casos extremos, de posesión, el remedio sugerido por la Iglesia siempre fue el exorcismo, un ritual de oraciones que ordenan al diablo que libere a la persona que está sufriendo sus tormentos y se reza por el alma del poseído.

"Un sacerdote (exorcista) jamás hace un diagnóstico solo, consulta primero con un médico psiquiatra para que éste le informe si el paciente presenta alguna característica patológica", dijo a LA NACION el psiquiatra Ricardo Kogan-Medoy, quien atiende desde hace varios años en forma gratuita a pacientes derivados por un sacerdote exorcista. Kogan-Medoy no quiso decir cuántos son esos pacientes para, dijo, evitar daños en personas muy sugestionables y porque es un número que puede asustar a la gente.

Según ese profesional y su colega Norka Jordán, las personas que para los sacerdotes exorcistas están poseídas por el demonio se encuadran, desde el punto de vista psiquiátrico, en el trastorno disociativo por trance o posesión. Este trastorno es descripto en la clasificación internacional de enfermedades mentales ICD-10.

Jordán, psiquiatra especializada en psicología clínica, citó la descripción publicada en el libro "Sinopsis de psiquiatría", de Harold Faplan y otros autores, donde se afirma que la posesión es "una alteración aislada o episódica del nivel de conciencia caracterizada por la suplantación de la identidad habitual por otra diferente (espíritu, poder, divinidad u otra persona)".

Los criterios para definir si se trata de un trastorno por trance y posesión son, según esa clasificación internacional, la alteración en el nivel de la conciencia, la pérdida de la identidad habitual y contorsiones que se experimentan como fuera del propio control.

Jordán, que trabajó con el padre Alberto Ibáñez Padilla por lo menos en ocho casos en los que el sacerdote jesuita hizo exorcismos (a lo que ya no se dedica), advirtió que la psiquiatría no está respaldando la posesión demoníaca, sino que describe el cuadro de posesión, pero no dice que sea el diablo la causa, sino que lo llama agente.

Sin embargo, para Lande el trastorno por trance o posesión no se corresponde con los casos de los pacientes que dicen estar poseídos por el demonio. "El agente al que se refiere la descripción de ese trastorno no es de persona, sino que puede ser provocado por un tóxico, sobre todo el LSD, o alguna intoxicación por medicamentos o por heroína", dijo el titular de APSA que reúne a unos 4000 psiquiatras.

Según Kogan-Medoy el 90% de los médicos mantiene, al menos públicamente, los criterios cientificistas. "Pero en estas cosas de Dios, nada es mensurable ni medible", dijo, y agregó: "La ciencia no puede descartar un método que durante siglos probó ser efectivo". Se refería a los exorcismos, a los que también él, desde el punto de vista médico, considera un tratamiento espiritual efectivo.

Origen: hábitos esotéricos

Jordán considera que quienes sufren estos fenómenos antes de llegar al psiquiatra o a la Iglesia consultan con videntes, curanderos, tarotistas o grupos umbanda. "Buscan la sanación que estos grupos o personas ofrecen para malestares físicos o espirituales, o también por problemas económicos, y terminan peor que antes", afirmó.

Según la experiencia de Lande, es un problema cultural muy interesante, y para su solución es necesario que los profesionales respeten aquello en lo que el paciente cree.

La psicóloga Diana Dicesare fue consultada por otro sacerdote exorcista en varios casos. En uno de ellos, según contó la profesional a LA NACION, notó una contradicción inexplicable entre el discurso de la persona y los signos que resultaban de un estudio que le hicieron. "Según el test, esta persona padecía una neurosis común, pero de acuerdo con su discurso era lo contrario y hasta se podía hacer un diagnóstico de esquizofrenia", afirmó.

Los exorcistas y los psiquiatras consultados por LA NACION dijeron que en muchas ocasiones trabajan en conjunto y combinan la medicación psiquiátrica con la práctica de exorcismos o hacen pruebas de posesión.

Kogan-Medoy contó que una vez, mientras él conversaba con una paciente, un sacerdote roció con agua bendita la espalda de la joven. Inmediatamente, la chica se dio vuelta y preguntó al cura qué había hecho porque sintió que algo la quemaba. "La paciente no vio lo que el padre estaba haciendo; fue una gota de agua bendita que cayó sobre su ropa. No tenía razones para sentirse molesta. Desde el punto de vista científico, no lo puedo explicar", dijo el psiquiatra.

Por Silvina Premat De la Redacción de LA NACION

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