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Platea infantil

Los títeres y los enredos pueblerinos

Espectáculos

"La zapatera prodigiosa". Farsa de Federico García Lorca, con adaptación de Daniel Spinelli, interpretada por el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. Escenografía, vestuario y títeres: Miguel Nigro. Música: Marcelo Movilevsky. Iluminación: Miguel Morales. Diseño del mecanismo de los títeres: Alejandra Farley y Juan Bembassat. Realización de los títeres: talleres del complejo Teatral de Buenos Aires. Intérpretes: Hernesto Mussano, Ariadna Bufano, Florencia Svavrychevsky, Alejandra Farley, Daniel Spinelli, Mabel Marrone, Guillermo Roig, Alejandra Castillo. Dirección general: Daniel Spinelli. Directora del grupo de Titiriteros: Adelaida Mangani. Espectáculo recomendado para mayores de 9 años. En el Teatro Sarmiento, avenida Sarmiento 2715. Entradas: $ 5.
Nuestra opinión: muy bueno

La historia de la joven esposa del zapatero, demasiado vivaz para la chatura del pueblo que se entretiene murmurando y presagiando tristezas y fracasos, creada por Federico García Lorca, ha encontrado en los títeres unos refinados y bellos narradores. En ese sentido, se trata de una versión que nadie debería perderse.

La puesta sitúa al espectador en el taller del zapatero, con las ventanas grandes por donde se puede ver pasar o asomar a la chusma, con lo que se crea una fuerte sensación, que es como un hilo conductor de la obra, de que todos espían y juzgan, y juzgando se equivocan, o sea el chisme pueblerino en toda su dimensión.

La gente de afuera pasa, se asoma, murmura, critica, hace maliciosas conjeturas y se burla. Pero no se conforma con eso, utiliza a un niño como mensajero de su maledicencia para herir y provocar a la joven protagonista. Se los ve a estos personajes, algunos perfectamente caricaturizados, pequeños, limitados, incapaces de comprender y de verificar la verdad -ni siquiera de intentarlo-, porque ésta arruinaría la diversión de la maledicencia, y pondría en evidencia la chatura de sus vidas. En ese sentido, la pieza es una pintura exacta y feroz, incluso con su humor y poesía, de rasgos muy reales de la condición humana, y de los males de un "pueblo chico".

La presencia de Lorca

Por otra parte, el público, que está viendo la casa de la zapatera desde adentro, puede tener claro, en todo momento, el contraste entre lo que se murmura y lo que realmente ocurre. En términos generales, el relato es preciso, refinado, con momentos satírico y otros de gran lirismo. El texto se saborea, Lorca está presente.

El drama es una historia romántica muy simple, y se resuelve con el final feliz. Cualquier niño mayor de 7 años puede comprenderla. La dificultad para el público, sobre todo el infantil, está en que la historia no conmueve, no da lugar para la emoción.

Como personajes, la zapatera y el zapatero no llegan a provocar una identificación. Tal vez las exigencias de la técnica titiritera los hayan trabado, tal vez no se les dio el tiempo teatral para hacer más expresivos sus sentimientos. Se los ve hermosos, perfectos, pero lejanos. Plásticamente, los muñecos son muy bellos, pero el movimiento es siempre como una danza y no acompaña muy bien las escenas de conflicto, que son casi permanentes. Pese a que es una farsa, la acción se vuelve seria, sin convencer, y el humor llega escaso y tardío, aunque logra teñir muchos momentos de un colorido sutil y grato.

En realidad, el texto parece a cada momento estar reclamando la picardía y el juego del títere de guante, o una actuación más liberada de la técnica, más expresiva, ya que mucho contenido dramático se aloja en el texto. La música tampoco destaca el tenor del relato y se pierde en una elaboración elegante a la que le falta el ritmo y la gracia de lo popular.

Por momentos, todo el trabajo parece atrapado en la rebeldía y el enojo de la zapatera: el tono irritado, gritado de la protagonista se mantiene en casi todas las escenas. Como si ella estuviera atrapada en una telaraña y el grito fuera su única salida. Las pausas poéticas, como cuando se recita "mariposa del aire", traen otros climas que podrían vincularse más con el verdadero drama interior de los personajes.

De todos modos, se trata de una versión muy cuidada y de gran nivel plástico, una oportunidad de disfrutar de textos de García Lorca que los adolescentes y los adultos no deberían perderse. .

Por Ruth Mehl
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