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Exponen ante Menem los nuevos aviones de combate

Política

Tras un largo viaje desde los Estados Unidos, volarán los Fightinghawk A4-AR, pasado mañana, en El Palomar

El interminable vuelo de los aviones de combate Fightinghawk A4-AR que la Argentina compró a los Estados Unidos terminó anteayer, cuando las primeras cinco máquinas de combate tocaron la pista de la base aérea de El Palomar poniendo así fin a siete años de negociaciones para recuperar parte del poder aéreo perdido en la Guerra de las Malvinas.

Antes del arribo a nuestro país, los Fightinghawk realizaron un itinerario de controles técnicos por países de todo el continente que tuvo como punto inicial la base militar de Tucson, donde los Estados Unidos tienen parte de su inigualable reserva de aviones de combate.

Casi a manera de despedida, las cinco aeronaves que pertenecieron a la marina norteamericana regresaron al mismo lugar de donde fueron sacadas hace dos años para ser puestas en manos de la Argentina.

Allí, los pilotos norteamericanos entregaron definitivamente a los argentinos el comando de los aviones. A un costado, sobre una enorme extensión de absoluta aridez que golpea contra las montañas, está el gigantesco depósito de aviones de guerra, nuevos y usados, que, sin contar algunos pocos países (Rusia, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Israel) supera la totalidad de aeronaves de combate que en conjunto tienen todas las fuerzas aéreas del resto del mundo.

Se afirma que más de 2800 aviones de guerra están en espera en Arizona, del mismo modo que estuvieron por años los Fightinghawk antes de llevarlos a la planta de la empresa Lockheed Martin Skunk Work, en Palmdale (EE.UU.) para reacondicionarlos.

Una gran capa de acero

Los aviones dejados sobre la tierra arenosa forman una especie de capa de acero que se prolonga hasta donde no alcanzan a ver los ojos.

Pero para protegerlos de la exposición al aire libre, cada uno de ellos recibe un tratamiento especial para resguardarlos de la corrosión. Les extraen todos los líquidos y aceites, los rocían con vapores que forman una película protectora, y muchos de ellos se cubren, casi al vacío, con una especie de bolsa impermeable.

Algunas de esas máquinas son más tarde destinadas a reforzar misiones determinadas que emprenden los Estados Unidos en distintas partes del mundo. Otras, en cambio, forman parte de la enorme oferta de armamento que tiene Washington.

En la elección de los 36 aviones Skyhawk A4-M (hoy Fightinghawk A4-AR) participaron ingenieros y técnicos de la Fuerza Aérea que afirman que antes de sacarlos del desierto les realizaron un chequeo general para determinar las fallas que pudieran tener y los años de vida útil de cada avión.

Actualmente, los aviones los utiliza un sector de la reserva de la marina norteamericana y, en una versión mas moderna, la escuela de infantería de la misma fuerza. En el mundo, están en uso en Nueva Zelanda, Malasia, Kuwait, Singapur y en unidades de reserva de Israel.

Modelo

El modelo reconstruido para la Argentina será presentado pasado mañana al presidente Carlos Menem y al ministro de Defensa, Jorge Domínguez, en El Palomar, con un desfile aéreo de uno de los Fightinghawk, acompañado por los modelos más antiguos de A4 que utiliza la Fuerza Aérea y por aviones Mirage.

El nuevo avión de combate que recibió la Argentina cuenta con la incorporación de tecnología que podría acercarlo a la capacidad de ataque de los modernos aviones F-16 norteamericanos, pero para que ello sea posible el software colocado en los Fightingwak debe ser ampliado.

"Por ahora, los aviones tienen una capacidad de acción de un 40 por ciento de sus reales posibilidades", dijo a La Nación una fuente de la comitiva de la Fuerza Aérea que trajo las aeronaves a la Argentina. Para superar los límites que tiene el Fightinghawk, es necesario colocarle plaquetas computarizadas que aumentan su poderío porque le permiten disparar armas de última tecnología, como bombas inteligentes o misiles teledirigibles.

Con esa reducción de las capacidades totales del avión, el gobierno norteamericano se aseguró no contrariar los intereses de algunos países de la región y de Gran Bretaña, que protestaron por esta venta con la que la Argentina recupera el poder aéreo perdido después de Malvinas. Por ello, de aquí en más se abren nuevas instancias negociadoras en el nivel político, entre el Poder Ejecutivo argentino y la Casa Blanca, si es que se quiere otorgar a las aeronaves todo su potencial de ataque.{Firma} Juan Castro Olivera

Control al narcotráfico

Una de las escalas de los cinco Fightinghawk se produjo a comienzos de esta semana en la base Howard, que los Estados Unidos tienen a un costado del Canal de Panamá.

Como en cada uno de los puntos de aterrizaje, se realizó un control técnico a cargo de mecánicos argentinos y norteamericanos que integraron el ferry de aviones de la Fuerza Aérea que acompañó a las máquinas de combate.

El grupo de aeronaves en vuelo hacia nuestro país estuvo encabezado por un Fokker F-28, que llevó pilotos de recambio y mecánicos; diez minutos después viajaron los cinco Fightinghawk A4-AR; y cerrando toda la formación, un Hércules C-130 con mecánicos, técnicos y gran cantidad de repuestos.

Howard es una de las bases militares que los Estados Unidos deberían cerrar en Panamá antes del 31 de diciembre de 1999 (fecha en que se comprometió a terminar con el traspaso del Canal).

Por ahora, el Pentágono tiene en esa base aviones de todo tipo, aunque para una posible permanencia en el istmo -que comunica los dos océanos- el avión de reconocimiento E-3 parece tener una especial importancia.

Es una aeronave de control aéreo que lleva sobre el techo un enorme radar (semeja tener posado encima un plato volador) y recibe información de todo lo que ocurre a su alrededor hasta una distancia aproximada de 200 kilómetros.

Mantener la base

Se trata de una herramienta fundamental para el control de vuelos ilícitos que realiza el narcotráfico. Especialmente por los planes de los Estados Unidos, que impulsan en Panamá la creación de un centro regional de lucha contra el narcotráfico.

El gobierno norteamericano promueve esta iniciativa y aguarda la adhesión de los países sudamericanos al proyecto.

El nuevo centro de control le serviría además al Pentágono para mantener una sede militar en una parte del continente con un altísimo valor estratégico.

El gobierno argentino ha manifestado que apoya la iniciativa. Incluso, en algunos despachos oficiales se afirma que la compra de los Fightinghawk, podría servir en el futuro para reforzar los controles de los vuelos ilegales en nuestro país teniendo en cuenta que los nuevos aviones de la Fuerza Aérea fueron provistos de un poderoso radar con un alcance de 100 kilómetros. .

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