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El análisis de la noticia

Lecturas dispares de un fallo rioplatense

Política

Por   | LA NACION

En La Haya, donde más fuerte jugó, la Argentina no obtuvo la medida cautelar con la cual podría haberse movido con mayor soltura mientras dirime en varios frentes el conflicto con Uruguay por las plantas de pasta celulosa. Era, en realidad, la condición que había puesto Néstor Kirchner para retomar la negociación con Tabaré Vázquez: detener las obras.

En el Mercosur, donde menos expectativas tenía, la Argentina obtuvo el beneficio de haber actuado de "buena fe" y de manera "razonable" frente a los bloqueos de los puentes, organizados en el verano por las asambleas vecinales de Entre Ríos. Era, en realidad, el otro costado del diferendo, planteado en forma recurrente por Uruguay: las pérdidas, del orden de los 400 millones de dólares, que denunció Tabaré Vázquez.

Pese al indicio de que el reclamo de resarcimiento económico no tiene buena acogida en el ámbito del Tribunal Arbitral, el gobierno de Tabaré Vázquez interpretó que el fallo fue "favorable".

Por esa manía de identificar ganadores o perdedores como si de la final un Mundial de fútbol se tratara, quizás ambos sigan empatados cero a cero. La Cancillería argentina, sin embargo, también quiso dejar en claro que se trató de un fallo "favorable".

¿En qué quedamos? En La Haya, la discusión era bilateral, por más que Uruguay haya querido instalar como tema adicional las pérdidas provocadas por los bloqueos de los puentes. En el Mercosur, la discusión, centrada en la libre circulación de las personas y de las mercaderías garantizada por los Estados miembros, pasó a ser regional.

En esa instancia, la Argentina temía ser condenada. Finalmente, el tribunal ad-hoc emitió un fallo rioplatense: admite, a pedido de Uruguay, que los cortes provocaron "innegables inconvenientes que afectaron tanto al comercio uruguayo como al argentino", pero concluye que el gobierno de Kirchner no alentó las medidas de fuerza y basó su tolerancia en los derechos humanos. En especial, los derechos de expresión y de reunión, amparados por la Constitución Nacional.

Cuota de paciencia

¿Qué debió hacer el gobierno argentino cuando se produjeron los cortes? En principio, actuar con mayor rapidez, según el tribunal. ¿Qué deberá hacer si se repiten? En ello, el fallo contiene una advertencia: prevenirlos, ordenarlos o corregirlos. Restringirlos, en definitiva.

En la faz bilateral no primaban las reacciones de los asambleístas de Entre Ríos, sino la virtual violación del Estatuto del Río Uruguay por la aprobación para la instalación de ambas plantas en Fray Bentos y la posibilidad de que sean contaminantes.

En lo regional, la protesta en sí, por medio de los bloqueos, usuales en la Argentina desde el gobierno de Fernando de la Rúa, parecía difícilmente aceptable para un tribunal del Mercosur.

El tribunal ponderó la coyuntura, sin embargo. Como siempre hubo vías alternativas de acceso a Uruguay y refuerzos de los servicios de aduana y migraciones, el gobierno de Kirchner rebatió la posibilidad de que hubiera "omisión".

En la Cancillería notaron que Uruguay cometió un error, acaso una "torpeza", cuando presentó el caso en su propia capital, Montevideo, como "el juicio de los daños", frente a un tribunal presidido por Luis Martí Mingarro, de origen español, igual que una de las compañías involucradas, ENCE.

No pocos diplomáticos argentinos, en su afán de separar la paja del trigo, decían, antes de la presentación del caso en La Haya, que la disputa bilateral planteada en ese ámbito era la carta fuerte y que la disputa regional, planteada en el Mercosur, iba a ser el punto débil.

"Los bloqueos de puentes son ilegales", llegó a decir a LA NACION uno de ellos.

¿Qué impacto tendrá el fallo, sea favorable a la Argentina, a Uruguay, a los dos o a ninguno? En el Mercosur, como en la Argentina, la libertad de expresión no consiente cortar una ruta o un puente si un grupo de personas discrepa con tal o cual cosa, pero tampoco condena esa posibilidad. En ese caso, paciencia: el Estado debería tolerarlo. .

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