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La vida acuática del Paraná

Jueves 21 de septiembre de 2006
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Agua (Argentina-Francia/2006). Dirección: Verónica Chen. Con Rafael Ferro, Nicolás Mateo, Gloria Carrá, Leonora Balcarce, Jimena Anganuzzi, Diego Alonso y Pablo Testa. Guión: Verónica Chen y Pablo Lago. Fotografía: Sabine Lancelin. Edición: Jacopo Quadri y Luis César D Angiolillo. Sonido: Martín Grignaschi. Producción de Bambú Films (Argentina) y Archipel 35 (Francia) presentada por Primer Plano Film Group. Duración: 89 minutos. Apta para todo público. Nuestra opinión: muy buena

Imagen y sonido. Esa es la gran apuesta narrativa de Verónica Chen en este segundo largometraje de su carrera. Lo que en principio parecería una obviedad (se trata de dos elementos esenciales de cualquier construcción cinematográfica) resulta una verdadera apuesta revolucionaria entre tantas películas sustentadas en la (sobre)escritura de diálogos (supuestamente) ingeniosos o que descansan en explicaciones sesudas que tornan obvio y redundante lo que el propio entramado de imágenes intenta contar.

A los 37 años, la directora de la interesante pero muy despareja Vagón fumador ofrece en Agua una de las experiencias más bellas y subyugantes del cine argentino reciente: se trata, antes que nada, de una película "física", que transmite en toda su intensidad la experiencia de sumergirse en el agua (ya sea una piscina o un río) y nadar hasta que el cuerpo no dé más.

Más allá de algunos desniveles, y lejos de ser una película redonda, Agua es un gran trabajo de Verónica Chen
Más allá de algunos desniveles, y lejos de ser una película redonda, Agua es un gran trabajo de Verónica Chen. Foto: Primer Plano

Chen -con la ayuda de la notable directora de fotografía francesa Sabine Lancelin (habitual colaboradora del portugués Manoel de Oliveira y de la belga Chantal Akerman), de la exquisita cámara subacuática de Matías Mesa (asistente de los últimos trabajos de Gus van Sant), del gran sonidista Martín Grignaschi y de su dupla de editores- transporta al espectador a una nueva dimensión donde cada plano, cada ruido y cada pequeña observación adquieren su verdadera significación.

En el terreno estrictamente dramático, la película arranca -simpática paradoja mediante- en uno de los lugares más secos del planeta, sitio elegido para una suerte de autoexilio por parte de Goyo (Rafael Ferro), un ex campeón de natación en aguas abiertas cuya carrera quedó trunca por un injusto caso de doping durante el cruce del río Paraná en la tradicional maratón de 57 kilómetros entre Santa Fe y Coronda.

Tras ese prólogo, Chen narra el encuentro casual y la posterior relación que se establece entre este antihéroe duro, seco y huraño que decide regresar a Santa Fe tras ocho años de ausencia y de un completo distanciamiento de su familia, y Chino (Nicolás Mateo), un joven nadador de velocidad escindido entre su tenacidad deportiva y la dificultad para aceptar su inminente paternidad.

Chen ofrece, también, una muy interesante mirada femenina sobre un mundo casi enteramente masculino (los personajes de las ex y las actuales parejas de los protagonistas, que interpretan Gloria Carrá, Leonora Balcarce y Jimena Anganuzzi, sólo tienen sentido en función de los derroteros opuestos de los dos hombres).

Tratado sobre la fe y la confianza dentro de una relación maestro-discípulo, sobre la culpa y la posibilidad de la redención, Agua encuentra en la poderosa presencia física y en el contenido desgarramiento interior de Ferro (un actor de enorme futuro dentro del cine) su mejor aporte actoral.

Agua , es cierto, está lejos de ser una película redonda y del todo concisa: tiene unos pocos diálogos altisonantes, resuelve algunas situaciones de forma poco convincente y hasta cae en el compromiso de dar algunas explicaciones finales innecesarias que le quitan cierta magia al relato. Pero, más allá de los desniveles en la escritura del guión o de las discutibles decisiones artísticas en el set, este segundo film revela a Chen como una directora de enorme talento y fuertes convicciones, dueña de una infrecuente elegancia visual y capaz de moldear universos personales con múltiples atractivos.

Diego Batlle

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